Montefiolelle, la Toscana, Italia.
5 años antes…
-Déjate el cabello suelto-, sugirió Annia mientras me miraba terminar de arreglarme frente al hermoso tocador de madera de roble, le sonreí mirándome, la chica del reflejo de grandes ojos marrones me regresó la mirada, estaba vestida con un hermoso vestido de cristales color champaña que lucía elegante sobre mí, parpadeé entre el maquillaje marrón - ¿Oh prefieres que traiga a la estilista para que te peine? – Annia se incorporó de la cama con una copa de coñac en las manos.
-Parece que me gusta así-, me giré para mirarla con una sonrisa en los labios -no llames a nadie-, alargué un brazo para tomarla de la mano libre -además, la fiesta ya debía haber empezado, no quiero llegar tarde-. Musité tirando de ella para sacarla de la cama, ella rio acomodándose el hermoso vestido n***o que tenía una abertura en su pierna derecha, para aterrizar en el suelo de madera pulida de un brinquito, la abertura se deslizó sobre sus piernas, tan al centro que pude ver su tanga negra, chasqué los labios agachándome para acomodarle correctamente la falda, Annia trastabillo un poco entre risas.
-Ups-. Se llevó una mano a sus labios rojos, mirándome con ojos adormilados.
-Annia, deberías dejar de tomar, es la cuarta copa que bebes-, puse las manos en jarras -y apenas comenzó la fiesta-. Repliqué, pero ella me pasó un brazo por los hombros empujándome fuera de mi habitación.
-Relájate conejito, ya no beberé tanto-. Dijo mientras las dos salíamos al elegante pasillo de la mansión, donde nos recibió el suelo a blanco y n***o, además de que la música instrumental inundó nuestros oídos con dulzura - ¡AH! -chilló Annia soltándome, para regresar al interior de la habitación que yo solía usar cuando me quedaba a dormir en la mansión, entre carcajadas la miré regresar del interior con una cajita envuelta en un opaco papel n***o y un moño rojo en un brazo -casi olvido el regalo-. Caminó a mi lado por el pasillo rumbo a la habitación de Damien, solté aire mordiéndome los labios.
-No pude comprarle un regalo apropiado-, dije cruzándome de brazos, Annia parpadeo empujándome levemente con la cadera - ¿Qué podía obsequiarle si ha tenido de todo? –.
-Oh vamos-, me miró con cariño -olvídate de eso, ya pensarás como compensar su regalo-. Ronroneó ella haciendo que mi piel se erizara, los ecos de nuestros zapatos llenaron el pasillo desierto.
-Lo sé-, respondí -es solo que, sí quisiera poder regalarle algo lindo, es solo que hay tantas cosas y-, me crucé de brazos -todo es tan costoso-.
Annia soltó unas sonoras risotadas con ganas, al mismo momento en que llegábamos a unas amplas puertas talladas, mi cuerpo reaccionó erizándose cuando Annia las abrió, revelando el interior oscuro y silencioso, de inmediato el perfume masculino que inundaba permanentemente la habitación se me coló en la mente, volviéndome loca, mi mejor amiga entró taconeando a oscuras, permanecí de pie en la entrada, contemplando el interior, el que lucía costoso y masculino, me repasé los labios comenzando a sentirme hambrienta, Annia arrojó el obsequio sobre la cama perfectamente tendida, luego regresó cerrando la puerta a sus espaldas, la miré con los ojos entrecerrados, ella rodeó mi brazo con el suyo volviendo a caminar, la vi terminarse la copa de un movimiento.
- ¿Que? -Rezongó ella poniendo la copa vacía sobre un mueble que se veía antiguo, uno que sostenía un hermoso platón con enormes flores de loto.
- ¿Qué le regalaste? – Pregunté regresando al pasillo, donde desembocaríamos a otro, donde caminamos hacia una puerta abierta, de donde era que se colaba la melodiosa música de un piano.
Annia estiró sus labios en una sonrisa perversa.
-Bueno, eso lo sepas quizás más tarde-. Se carcajeó mientras entrábamos en el salón.
El que era espacioso y hermoso, mucho más grande que la casa en la que ocasionalmente y por temporadas vivía con mi madre, el suelo cubierto de alfombra lo hacía lucir regio, mientras una enorme chimenea con leones tallados en su marco, le daban esa impresión que acentuaba la lámpara de telaraña del techo y los sillones verde oscuro.
Dentro, estaban los invitados, solo los más cercanos, por lo que entre saludando a los elegantes amigos y familiares de la familia Romanov, quienes escuchaban con atención la habilidad del pianista, sonreí llegando a mi madre quien, en una sonrisa me esperaba sentada sobre uno de los largos sillones, ella sonrió cuando me miró, la saludé y la abracé contenta de tenerla cerca, había salido del hospital mental para la celebración, por lo que me puso muy feliz tenerla compartiendo conmigo esa ocasión tan especial.
Ígor, el padre de Damien, un hombre alto, de cabello n***o y ojos verde claro, se acercó con una copa en las manos, sonreía envuelto en un costoso esmoquin oscuro que resaltaba sus facciones frías.
-Luces encantadora querida-. Dijo él saludándome, luego movió los ojos hacia mi madre quien parecía distante, una punzada dolorosa atravesó mi corazón, ella lucía más perdida desde la última vez que la había mirado - ¿No crees preciosa María? -Se dirigió a ella con cariño, inclinándose a ella para que mi madre lo mirara, pero ella solo le sonrió, perdida por unos cortos segundos.
- ¿Quién? – Preguntó ella mirándome como una desconocida, me tragué el dolor, me agaché abrazándola con cariño.
-Yo, madre-. Le dije enterrando mi rostro en su cuerpo cálido, ella parpadeo.
-Oh, claro mi niña, siempre estas hermosa-. Pasó su mano por mi pelo con amor, ella había regresado, resople aliviada, aunque quizás esa lucidez durara poco tiempo.
Igor me tomó del hombro levantándome con cuidado.
-Descuida Stella, ella ha mejorado, por eso pudo estar aquí-. Me consoló mientras la flamante Irinna, su esposa se acercaba, despampanante y hermosa como todos los días.
-Nos encargamos que reciba lo mejor querida hija-. Musitó ella con una copa de vino en las manos, pestañé saludándola con un beso en la mejilla, pero la hermosa mujer tambaleó ligeramente en mis brazos, me pasé la lengua por los labios sintiendo la pena de ver a esa mujer tan querida por mí en ese estado, Ígor fulminó con la mirada a su esposa, ella sonrió con amargura para después apartarse su cabello castaño tras su espalda descubierta.
-Gracias-. La miré a sus ojos grises, ella asintió con la cabeza, acabándose su copa de un trago, luego, excusándome me aparté sin antes besar todo lo que pude a mi madre.
Annia me tomó del brazo sorprendiéndome, para después guiarme hacia una imponente figura masculina que me miraba como un animal hambriento desde la chimenea, aparté la tristeza mirando los ojos felinos de Damien, quien lucía peligrosamente atractivo en su traje n***o, él sonrió ocultando su euforia tras la copa de coñac que tenía en las manos, bebiéndola sin apartar los ojos de mí, me estremecí cuando pasó sutilmente la lengua por el borde del cristal, recogiendo los restos del líquido marrón que mojaron el vaso, fue cuando mi piel se erizó en deseo.
- ¡Feliz cumpleaños! -Lo estreché entre mis brazos cuando me planté frente a él, un abrazo cargado de deseo, un contacto reprimido que estremeció nuestros cuerpos ansiosos por más que solo abrazos - ¡Ya 22! – me aparté sintiendo la necesidad de mantenerme pegada a él, Damien asintió con la mirada mientras Annia le rodeaba la cintura con un brazo.
-Querido no estamos celebrando como es debido-, susurró ella con la música del piano todavía en el fondo -esto esta aburridísimo-. Lo abrazó entre risas, luego lo hice yo, él tocó mi espalda descubierta haciéndome la piel de gallina, ensombrecí la mirada.
-Además, tu madre está bebiendo de nuevo-. Dije regresando de abrazarlo, Annia hizo lo mismo, Damien soltó aire por la nariz con pesadez.
-Discutí de nuevo con ella antes de la fiesta-, Damien parecía dolido, pero no miró los ojos de hielo de su madre, quien de vez en cuando miraba al pianista con ojos recelosos -la descubrí acabándose el vino, me dio sus razones, pero-, soltó aire contenido en sus pulmones -siempre es por el mismo “tema”-. Dijo poniéndose las manos en los bolsillos, luego la música paró, fue cuando los tres nos concentramos entre delicados aplausos al chico que se ponía de pie de su asiento para agradecer a los presentes, mis ojos encontraron los de él, causándome una emoción única.
- ¡Magnífico! -Soltó Dominico, el padre de Annia, un hombre parecido a Ígor, mientras aplaudía con ganas al pianista, sonreí mirando como su hija corría hasta los brazos de su padre, el hombre le pasó un brazo por los hombros con cariño, su pelo cubierto de canas, brillaron ante la luz blanca.
- Siempre has tenido ese toque-. Segundó Florencia, la madre de Annia, mientras el grupo de amigos de Damien, un total de tres herederos de poderosas casas millonarias, aplaudían entre risas juveniles; Nico, Ángelo y Lorenzo, cuchicheaban entre ellos mientras los padres de cada uno celebraban el momento, no pude evitar mirarlos fugazmente, pese a que eran fieles e inseparables amigos íntimos de Damien, y, pese a su evidente carisma, había un sentimiento reprobatorio que reinaba en mí, cada que los tenía cerca, sin embargo, quizás solo eran alucinaciones mías nada más, por lo que siempre pasaba aquella emoción de largo.
El pianista volvió hacer una reverencia con el rostro sonrojado.
Ígor orgulloso caminó hasta él, abrazándolo con afecto, mientras que Irinna, se apresuró a servirse otro trago.
-Y eso que solo tiene 18-. El jefe de la casa, Ígor Romanov, se movió para encontrarme, le sonreí aplaudiendo -Querida mía, porque no nos haces el honor-, alargó un brazo para tomar mi mano, se la ofrecí y me atrajo al costado del piano -canta para Damien-. Musitó, yo asentí con la cabeza contenta, Ígor se apartó indicándole al pianista una pieza hermosa de canción.
Con Damien acomodándose para verme, así como todos, me acomodé junto al piano, y entorné los ojos ante unos azules hermosos que me miraban con brillo…
Iván.
Él alargó una mano para tocar la mía que reposaba sobre el piano, le sonreí inclinándome para abrazarlo y besarle las mejillas, luego el regresó a su asiento, puso sus largos dedos sobre cada tecla y de un asentimiento de cabeza, comencé a cantar, acompañada por el bello tono del piano de Iván, quien me inspeccionaba con la mirada todo el tiempo, poniéndome nerviosa, pues aquellos ojos azules intensos, eran poderosos, como si atravesaran mi cuerpo, las exclamaciones en aceptación no se hicieron esperar, animosa rodee a Iván, quien me siguió con la mirada, le pasé el brazo por los hombros mirando lo guapo que era, pese a tener solo 18 no era nada escuálido, una figura atlética se escondía tras su traje gris oscuro, mientras que su oscuro pelo azabache lucía rebelde y abundante, Iván, era tan diferente a Damien pese a que eran hermanos de padre, pues, ambos hermanos eran de dos madres diferentes, Iván, para ser exacta de una de las tantas amantes de Ígor, mientras que Damien, tenia de madre a una muy severa y resentida, Irinna.
Pero eso no quitaba que no fuera amado, al menos por su padre y hermano, pues había crecido con la mejor educación y dedicación como lo habían hecho con su hermano mayor Damien, quien tenía un cariño especial hacia él, por lo que no era de extrañarse que ambos hermanos estuvieran juntos la mayor parte del tiempo, además, no era ningún secreto la procedencia del hijo menor de los Romanov, quien a pesar de estar rodeado de cariño de hermano y padre, carecía la aprobación de la mayor parte de la familia y, sobre todo, de Irinna quien no ocultaba todo el odio que sentía por él, un odio y un resentimiento hacia el hijo de quien le había quitado todo el amor de Ígor y, también, sobre su mismo esposo.
Iván besó mis dedos cuando le pasé la mano por la cara para sentir lo terso de su piel, mientras yo seguía cantando para personas que provenían de la realeza, para quienes tenían la vida asegurada, y para quienes me habían acogido en su familia como una más.
Regresé a mi lugar al final, con los acordes finales de mi canción, cerré los ojos para inspirarme, mientras allí recordaba la primera vez que había conocido a Iván, y él era quien me había encontrado primero.
Aquella vez, cuando yo tenía 12 años había escapado de mi casa, mamá había tenido una crisis, que en ese tiempo era raro que pasara, y me había golpeado en su ansiedad, lo que para una niña tan pequeña como yo, había sido la muerte, por lo que me había colado por los prados hasta terminar en un pequeño lago, donde me senté para mecer los pies en el agua helada, allí me encontró un pequeño niño de 9 años, de enormes ojos azules y brillante pelo n***o que me miraba desde el otro extremo del lago, con un trajecito de funeral y los ojos irritados por el llanto.
Pero ahora, era ya todo un hombre, y era amado, muy amado por quienes lo rodeaban, sobre todo, por su hermano y por mí.
Los aplausos se hicieron sonar en el salón, mientras todos estaban encantados por la improvisada actuación.
La fiesta se desarrolló como todos los años desde que tenía 12 años, elegante y fina, hasta que, en cierto punto en la fiesta, Damien me tomó del brazo trayendo mi atención, Annia estaba tras él, con la mirada borracha y el peinado despeinado.
-Ven-. Ronroneo Damien, sacándome del bullicio de la noche, una en la que, en ese punto, ya nadie se percataba quien faltaba, sonreí dejándome arrastrar por ese par que entre risas me sacó del salón, corrimos un poco por los pasillos mientras reíamos de los tropiezos de Annia quien estaba completamente ebria, en un punto, Damien apretó mi mano trayéndome a su cuerpo, me aplastó contra la pared y él, para meter su lengua contra mi boca, dejándome probar el sabor de la champaña de su lengua, gemí entre sus labios mientras me dejaba sentir su excitación tras el pantalón, mi piel ardió mientras recorrí sus piernas y sus glúteos con mis manos.
-Basta, aquí no-. Annia tomó a Damien por el brazo apartándolo de mí, resople molesta, pero entre risas seguimos a mi mejor amiga, Damien encabezó la fuga, conmigo tomado de la mano llegamos hasta la sala de juegos de Ígor, un enorme salón en donde descansaba una zona de tiro, una mesa con un tablero de ajedrez de oro y plata, sillones junto a un televisor enorme y un par de mesas de billar, Annia cerró la puerta a sus espaldas sacando un cigarrillo del fondo de su escote, encendiéndolo con ganas se encaminó tras Damien y yo, quienes nos volvimos a fundir en un beso caliente que sonrojaría a cualquiera.
Damien estaba hambriento, deseoso de mí, por lo que no reparó en su prima para tocarme por sobre el vestido a libertad, Annia entre brinquillos se recargó contra la mesa de ajedrez, donde fumó mirándonos fijamente.
-Ya sé que es lo que quiero-. Dijo Damien entre mis labios, parpadeé pasándome la lengua por los míos.
- ¿Qué es? – Pregunté entre sonrisillas bobas.
Damien me levantó con una fuerza increíble, reí cuando me sentó sobre la mesa de billar, para después meter la mano bajo mi falda, sentí sus dedos calientes cosquillar por mis muslos hasta que rosó mi intimidad con delicadeza, haciéndome vibrar, Annia se movió de su lugar para acercarse a mí, la miré con ojos cristalinos mientras ella me empujaba ligeramente por el pecho para reclinarme hacia atrás, el humo de su cigarrillo quemó mi nariz mientras me hacía agua, Damien alzó mi falda dejando ver mi apretada lencería, para después hundir sus dedos dentro de mí, gemí mordiéndome los labios, mi piel se erizó cuando eché la cabeza hacia atrás, extasiada de tener los dedos de Damien moviéndose como serpientes en mi interior, jadeé abriendo los labios, Annia se despegó de la mesa para recargarse de nuevo sobre la mesa de ajedrez, Damien miraba mis expresiones con una poderosa erección punzando en sus pantalones, luego, sorpresivamente, un rechinido hizo que los tres miráramos las puertas de entrada, mi piel explotó de deseo cuando contemplamos el rostro inexpresivo de Iván, quien nos había descubierto al escuchar mis resoplidos tras la puerta, él estacionó sus ojos en mí, tan intensos como fuego, pero se mantuvo quieto, hermoso y perfecto como él con un pequeño plato de cerezas en las manos, pareciera que se las comería en la soledad de su habitación.
Damien ensanchó su sonrisa y alargó su mano libre hacia su hermano, sacando sus dedos de mi interior.
-Ven aquí hermanito-. Dijo haciendo que me estremeciera, Iván obedeciendo, cerró la puerta tras su espalda -Y trae eso contigo-. Apuntó el plato de sus manos.
Iván miró el plato de cerezas en almíbar con ojos curiosos, Annia fue quien tuvo que ir por él, lo tomó del brazo para traerlo hacia nosotros.
Damien tomó el tazón de cerezas y lo acomodó junto a mí, los ojos del hijo mayor eran perversos, enfermos de deseo.
- ¿Por qué no volvemos a intentarlo hermanito? -Ronroneó Damien tomando una cereza para llevársela a los labios.
Iván tragó saliva con dificultad inspeccionando mi cuerpo con deseo.
-Damien yo, no sé…-Titubeó Iván.
Annia soltó unas carcajadillas que Iván no pasó desapercibidas.
-Solo relájate Iván-, Damien lo tomó de la nuca para acercarlo todavía más -además sabemos que Stella te gusta mucho-. Dijo, Iván miró a su hermano con ojos brillantes, pero se mantuvo quieto, mirando como Damien alargaba una mano para volver a tomar una cereza, solo que esta vez no se la devoró, en cambio, la llevó a mi entrepierna, gemí cuando sentí el dulce cubrir mi piel humedecida, Damien se relamió los labios metiendo los dedos de regreso en mi interior con la única diferencia en que trajo en ellos la pequeña cereza.
Gemí sonoramente, apreté las manos en puño sintiendo la frutilla moverse contra los dedos de Damien, luego sacándolos dejó la cereza dentro para después lamerse los dedos mirando a un Iván que resoplaba en medio de un ligero sudor perlando su frente, Damien regresó al plato de fruta, volviendo a tomar otra, la que introdujo de la misma manera, haciendo un espectáculo pegajoso y sucio frente a los ojos azules que miraban con desespero.
-Es tu turno-. Susurró Damien sacando sus dedos llenos de miel roja que procedió a lamer con retorcido deseo, Iván me miró mientras mi rostro desfigurado de lujuria no me dejaba ser coherente, Damien hizo que Iván se arrodillara entre mis piernas, mi cuerpo cosquilleo -Comete las cerezas-. Le ordenó empujando su cara hacia el frente por la nuca.
Iván tocó mis piernas para sostenerse del empuje de su hermano, Damien me miró viéndome estremecerme ante las manos calientes de Iván, quien hervía.
-Hazlo primo-, apareció la voz de Annia inmóvil en su lugar -has que grite por ti-.
- Yo sé que tienes hambre-. Le ronroneo Damien, luego soltó a su hermano para proceder a besarme entre manoseos, evitando que el ardor menguara en mi cuerpo dispuesto.
Gemí con la lengua de Damien dentro de mi boca cuando Iván comenzó a sacar las cerezas con la lengua…
Gemí abiertamente mientras la miel y la saliva resbalaban por mis piernas hasta gotear sobre el piso marmolado, Iván levantaba su mirada de vez en cuando para contemplar mis expresiones mientras lo escuchaba masticar las cerezas que Damien continuaba introduciendo cuando su hermano menor terminaba de sacarlas todas, hasta que no hubo más cerezas que meter, sin embargo, Iván no pudo dejar de devorarme ni yo quería que lo hiciera, las cerezas ya habían terminado, pero hasta ese punto ya no había punto de retorno, yo explotaba, el éxtasis creció en mi vientre tan poderoso que exploté en la lengua y labios cubiertos de miel de Iván, gemí dejando que el ardor del placer me regresara a la tierra, causando que Damien, lo pusiera de pie mirándolo al punto de ebullición.
-Perdona hermano, pero lo que sigue tengo que hacerlo yo-. Iván se vio obligado a apartarse de mí, para dejar que Damien se desabotonara los pantalones que le estallaban, por poco y no se pone el preservativo debido a sus ganas de sentirme envolviéndolo, y de un empujón violento se abrió paso en mi interior haciéndome gritar, apoyé los codos sobre la mesa de billar mientras Damien se hacía de mi con fiereza.
-Eres un puto animal-, logré decir gimiendo abiertamente, él gruñó gimiendo con delicioso sonido -más despacio-. Pedí, pero Damien estaba sordo de deseo, Iván miraba sin perder detalle hasta que su hermano lo empujó de nuevo por la nuca para que se inclinara y me besara, Iván de inmediato se hizo de mis labios en un feroz deseo que sabía siempre había querido, cerré los ojos envuelta en la depravación del sabor cereza de su lengua, Iván resopló cuando Annia se acercó para besarlo a él, ansiosa de probar la miel de sus labios, contagiada por la situación, los separé, no quería que ella me privara de los besos exquisitos de su primo, ella se carcajeo dejándome los labios de Iván mientras Damien invadía mi parte inferior con fuerza, abrí los ojos sintiendo mi entrepierna resbalosa y la miel pegajosa en cada embestida de Damien, los aretes de aros de Iván brillaban mientras me besaba con ganas, aparté al chico de mí, Damien leyó en mis ojos y tomándolo de nuevo por la nuca, lo acercó a él entre jadeos, ambos se contemplaron con intensidad, para después aplastar sus labios para besarse con lujuria, fue cuando de nuevo, aquella poderosa sensación creció en mi vientre tan rápidamente que me hizo estallar en un poderoso orgasmo que me puso los ojos tras la cabeza mientras gritaba a todo pulmón, imposibilitada de contenerme o de que alguien pudiera descubrirnos, Damien lo mantuvo para mí lo más que pudo hasta que me desplomé sobre la mesa chorreando el suelo.
Ambos hermanos se separaron mirándome satisfechos.
-Nos estamos volviendo locos-. Masculló Annia soltando el humo de un nuevo cigarrillo.