—Para mí, Ámbar no es mi hija, Augusto, no después todo lo que hizo. Augusto lanzó un suspiro desolador —No sé cómo pudo cambiar tanto, ella era tan diferente. —Quizás siempre fue así, y nunca lo notamos, éramos dos ciegos frente a ella. Augusto asintió. —Si pudiera irme lo haría, pero el bebé me detiene, si Roberta no estuviera embarazada, no dudaría en irme. —Ella te ama. —Lo sé, Fernando, pero yo no amo a Roberta —sentenció con amargura. Roberta tuvo que ahogar sus sollozos, ella lo escuchó todo, subió de prisa, y se recostó en la cama, se durmió llorando. Agatha manejó hasta el lugar indicado, observó alrededor, un hombre fue quien les develó el lugar donde la bruja Makya vivía, era un lugar apartado de la civilización, era de noche había luz desde la choza, y Arturo vertió g

