Capítulo 2

1255 Words
Lilith. Mi noche ha empezado como cualquier otra, tenía clientes esperando por mis servicios, me he colocado mi peluca de color rojo para intentar que no me identificarán, mi vida personal y mi trabajo deben estar divididos no solo por mi seguridad si no por mis hermanas también. Los hombres que concurrían al club solían ser casi siempre las mismas caras , hombres que conocíamos que obviamente preferíamos no reconocer, la mayoría contaba con esposas e hijos y algunos hasta famosos se les podría considerar, también estaban los que ya no tienen salvación, lo que han regalado su vida a una pequeña flor y por último pero menos importantes, los feos que nadie aceptaba a menos que paguen, hombres solitarios y horrorosos que venían en busca de algo más que solo sexo una noches de amor. Mis compañeras a veces solían contarme sus anécdotas sobre ese tipo de hombres, gran parte de ellos no tenían ni dónde caerse muertos, aún así esto no evitaba que les prometieran no solo las estrellas si no el universo completo. Ellas solían reírse de sus elocuencias pues somos prostitutas no estúpidas. Por otra parte estaban las que contaban sus peores anécdotas, pagaban por más que el servicio normal, estos excéntricos hombre tenían el suficiente dinero como para pagar una noche de violación, dónde hacían lo que quisieran con sus damas de compañía, tratándolas como muñecas sin voz ni voto, hay rumores de que algunas han terminado muertas, obviamente estos son solo rumores, pues el alcalde que suele concurrir mucho a este lugar y no permitiría que secretos así salgan a la luz. Varias de ellas se apiadaban de mi porque comentan entre si que he tenido suerte pues aún no me ha tocado lo peor. —Ser prostituta aunque no lo creas no es fácil — Comentó Daniela mientras sacudía su peluca. Aunque admito que el miedo punzaba mi corazón pero no podía permitirme dudar pues estoy aquí por las decisiones correctas, porque no pienso darle la razón a la vida y no pienso admitir que estoy aquí siendo esclava de un hombre, porque soy una mujer fuerte y decidida que tomara al toro por los cuernos si es necesario aunque este atraviese mis manos. Salí rígida, lista para enfrentarme a lo que me depara el destino, las miradas se colocaron sobre mi, estos hombres ansiosos por probar carne se balancearon encima. Intenté hacerme la fuerte aceptando solo las mejores ofertas, debía conseguir el suficiente dinero para la comida de la semana y poder pagar la renta pues nuestra casa ha sido embargada y ahora hemos terminado viviendo en un pequeño y con poca iluminación cuartucho. Me senté piernas de un nuevo visitante un gordo pero sexy mafioso el cual no se contuvo en merodear sus manos sobre mi cuerpo. —Puedo complacer tus fantasías por un precio muy elevado —Le susurré al oído para luego chupar el lóbulo de su oreja. El aparto mi cuerpo viéndome con una mirada ruda, este hombre quiere domar la noche y quiere que yo sea parte de ella. Empecé a seducirlo con mis dotes, el no tardó en morder el anzuelo para levantarse y llevarme a las salas vip dónde podríamos estar asolas y poder hacer de sus fantasías un sueño realidad. —Desvístete —Se tiró en los pequeños muebles rojos de la habitación. Hice caso a su petición desvistiéndome despacio jugando con mis hombros y mis labios para incitarlo a ser una bestia conmigo. El me tomó del cuello obstruyendo mi respiración levemente, pedí más siguiéndole el juego para terminar sobre el sofá, el se desabrochó el cinturón del pantalón bajándoselos, quedando en ropa interior, estaba preparada para lo que ya veía venir pero por sorpresa el volvió a ponerse sus pantalones, sacando de ellos ciento cincuenta dólares dejándolos sobre la mesa que estaba al lado del sofá. ¿Por qué? Bueno, no debería quejarme pero es algo muy extraño. Me vestí y luego los tomé guardándolos dentro de mí brasier, al salir las chicas me esperaban emocionadas, queriendo saber lo que ha pasado con ese gigante hombre. —No sucedió nada —Agache mi mirada. Daniela colocó su mano en mi hombro para reconfortarme. —En realidad no me siento mal, me ha pasado lo mejor pues al final no he tenido que hacer nada, fue dinero rápido y fácil de conseguir. — Saque el dinero de mí brasier mostrándoselo. Todas se empezaron a carcajear. Lo guarde y me fui al camerino nuevamente a retocarme un poco el maquillaje y arreglar mi peluca, de la nada mi teléfono empezó a vibrar, lo cual es un poco extraño porque le he dicho a mis contactos que deseo no ser molestado a estás horas de la noche porque estoy “durmiendo” al sacarlo me sorprendió ver de quién se trataba era Sarah, conteste de inmediato la llamada para saber qué necesitaba, debo aclarar que con unos de mis pagos le he comprado a las gemelas dos teléfonos para que estén en contacto conmigo. —Lilith… Te llamo porque estoy presentando una emergencia Sallie —Se escuchaba alterada. —¿ qué pasa? —Por mi cabeza pasaron muchas cosas. —Sallie se desmayó… está muy pálida —Su voz sonó quebrada. —¡Dios mío! No te muevas de allí, iré de inmediato. —Colgué la llamada. Salí sin despedirme de nadie, sin ni siquiera cambiar mi vestuario, mañana daría explicaciones de mi repentina desaparición. Corrí para llegar a casa, teniendo fe en que no sea nada grave. Oh mi pequeña Sallie… Debió haberse asustado pues yo no estaba allí presente, la culpa me comerá si le llega a pasar algo grave ya que he puesto el trabajo antes que a ellas, jamás me lo perdonaría, no quiero ser como mis padres. Oh mi pequeña Sallie seguramente debió sentir mucho miedo pues su hermana mayor no estaba presente, la culpa me comerá si le llega a pasar algo grave pues he puesto mi trabajo antes que a ellas, no me lo perdonaría si le sucede algo malo, no quiero ser como mis padres. Al llegar a la entrada de la residencia, me topé con la señora que se encarga de cobrar las rentas y se interpuso en mi camino. —¡Hasta que por fin te veo la cara!… ¿Cuándo pagarás la renta? Te has tardado mucho, si te tardas un día más tendré que echar a ti y a tus mocosas a la calle. Respiré profundo tratando de mantener la calma —Le he dicho que pronto le pagaré —Había olvidado el dinero que me dio aquel hombre, saque cuarenta dólares de mi cartera —Tenga aquí está el pago de este mes y el de él mes siguiente —Coloque el dinero en su mano para luego salir corriendo a la habitación. Al abrir la puerta, encontré a Sarah sosteniendo a Sallie tratando de despertarla pero aún así no reaccionaba. Aparté a Sarah del cuerpo de Sallie y tomé en mis brazos a la pequeña y la coloqué encima de la cama. Tomé el teléfono y marqué al 911. La ambulancia no tardó mucho en llegar al lugar y llevarse a Sallie. —Sarah necesitó que te quedes aquí, volveré lo más pronto posible. —Sarah asintió con miedo en sus ojos Al llegar fui directamente a la sala de espera pidiendo clemencia por un doctor, la encargada de turno trato de calmarme. —Todo estará bien, tomé asiento señorita. Se la llevaron lejos de mi…
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