Lilith.
Me encuentro en un taburete en el bar oscilando mis piernas de un lado a otro mientras espero a Manuel.
El lugar como la mayoría del tiempo se encuentra repleto, cada una de mis compañeras estaban dispersas por todo el lugar haciendo lo suyo, algunas estaban bailando mientras que otras se hallaban seduciendo a sus clientes.
En una esquina alcancé distinguir a Larissa, era la chica nueva y tuvo la suerte de conseguirse un pez gordo, el tipo es la mafioso con más dinero la zona, quizás si lo hubiera conquistado antes disfrutara de una suma de dinero muy grande.
En uno de los pequeños escenarios donde se encontraban los tubos de Pole Dance estaba Daniela rodeada de un montón hombre tirándoles billetes y algunos colocándoselos en su escote o en su tanga.
Al otro lado del club estaba Gertrudis en su puesto de siempre con sus clientes de siempre “Los viejos verdes” como me gusta llamarlos, estos son clientes de hace muchos años ya que Gertrudis es la veterana de este Club, puesto cuenta con varias décadas trabajando en este lugar.
A la distancia vi a este extraño hombre, los distinguí por su elegante vestimenta, tenía puesto un traje color n***o hecho a su medida ajustado en los lugares correctos, cuenta con una prominente barba bien afeitada, una mandíbula perfectamente cuadrada y su cabello rubio salpicado por un pequeño tono de blanco haciendo notar sus canas.
Una apariencia que puedo notar a la distancia, debo admitir que este hombre es muy atractivo pero no es mi tipo y si acepté salir esta noche, es por mi trabajo, puesto que mi labor es ser una dama de compañía.
El me divisó enseguida y se fue acercando a mí a paso lento, parecía tener mucha seguridad en sí mismo.
—Buenas noches, señorita — Me guiñó un ojo.
—Señorita dejé de ser hace tiempo —Sonreí de forma maliciosa.
Cuando se trata de mi trabajo cambio totalmente, me vuelvo atrevida, cuando normalmente no lo soy pero lo hago porque quizás así le agrade más a los clientes.
—Eso está bien — Tomó asiento. — Me alegra mucho que hayas asistido —Trazó una sonrisa en su rostro.
—Para que veas que tengo palabra —Dije atrevida.
—Ya veo… Muy bien ¿A dónde quisieras ir? — Preguntó mirando la hora en su reloj
No conozco restaurantes por aquí.
—Sorpréndeme —Cruce mis piernas.
—Bueno, sé el lugar perfecto para nuestra cita… —Se levantó del asiento —Ven, vamos en mi carro.
Nuestra cita… El está mal interpretando las cosas, cuando hablamos, le dije que solo sería una salida de amigos.
Gracias a él de arriba mi jefe no está, se rumora por el club que está enfermo, seguramente el karma se ha encargado de él por tratar tan mal a sus trabajadoras, sobre todo a mi, aún duele la cachetada que me dio aquél día pero tal parece que el karma existe, eso me alegra.
—Espera un momento —Le dije y se detuvo en seco para darse la vuelta —Tengo que buscar mi cartera, la dejen en el camerino.
—Ok, te espero afuera entonces.
Me apresuré para buscar mi cartera, dentro del camerino me encontré a Andrea que se estaba retocando.
— ¿A dónde vas? —Preguntó arqueando una de sus cejas poco pobladas.
—Saldré con un cliente —Dije para que no indagara más en el tema.
— ¡Que bien! Espero que te vaya súper bien, cariño —Dijo la morena con una gran sonrisa en su cara.
— ¡Gracias! —Me fui corriendo a la salida.
Allí estaba, en su lujoso auto, no sé que marca es, no sé mucho sobre autos pero es uno muy lindo y para nada barato.
Estaba esperando por mí.
Abrí la puerta del asiento del copiloto y tomé asiento, el auto tenía un aroma muy agradable.
El me observo —La pasaremos muy bien está noche.
Cambie el tema.
—Oye, cómo conseguiste la dirección de mi casa?
Ninguna de mis compañeras sabe dónde vivo, excepto… Daniela ¡Que chismosa!
—Fue fácil de conseguir, una de tus compañeras me la facilito.
—Déjame adivinar quién fue —Rodee los ojos —Fue Daniela —Suspire.
—Si… fue ella, me disculpo si eso te incómodo solo quería hallar la forma de entregarte el dinero que me rechazaste aquella noche.
—A decir verdad si fue algo incómodo, no suelo decirle a las personas donde vivo, no me gusta hacer eso —Explique.
— ¿Por qué? — preguntó
—No lo sé, solo no me gusta —Me quedé mirando por la ventanilla que estaba a mi lado.
Nos quedamos el resto del camino que nos faltaba en silencio.
De repente una gran preocupación me embargó, me preocupa el hecho de estar tan lejos de mis hermanas, a veces siento que no soy la persona indicada para cuidarlas, pues la mayoría del tiempo, bueno desde que Sallie se enfermo todo se me ha complicado.
Me sumergí tanto en mis pensamientos que no me di cuenta de que ya habíamos llegado.
—Llegamos — Manuel abrió la puerta y se dirigió a la puerta de que estaba de mi lado para abrirla.
—Muchas gracias —Hice una reverencia.
Manuel estaba siendo muy caballeroso conmigo, eso me hace sentir algo especial a pesar de mi reputación.
Observé el estacionamiento y esta repleto de autos, casi que este lugar explotaba de tantos que hay.
Dimos una corta caminata por el estacionamiento hasta llegar a la entrada del restaurant, la entrada de encuentra muy bien iluminada, tuvimos que esperar algunos cinco minutos para poder entrar ya que había fila.
En la fila hay personas muy refinadas, mujeres con vestidos de marca y hombres con unos trajes muy elegantes y es obvio que también son de marca.
Mientras que yo estoy aquí con un vestido n***o de lentejuelas que para nada es de marca, de hecho lo compré en una tienda de ropa de segunda mano, pero aún así entre todo este montón de gente con “clase” no me siento tan incómoda.
Cuando por fin pudimos entrar, el mesero nos llevó hasta nuestra mesa y luego nos trajo el menú.
El lugar es muy lujoso tiene lámparas hermosas y el suelo brilla tanto que puedo ver mi reflejo en el.
Podía ver a todo este monton de gente refinada, conversando entre si y riéndose de una forma tan extraña que me pone la piel de gallina, fingían hasta su manera de reír.
Manuel y yo nos encontramos viendo el menú y decidiendo cual será nuestro pedido, debí admitir que nunca había comido ningún platillo de lo que se encuentran allí.
—No sé qué pedir — Hice un gesto de confusión.
—Yo pediré por los dos —El le hizo una seña al mesero y el mesero no tardó mucho en venir.
Mientras observaba el menú hizo su pedido —Quiero dos filetes término medio y vino blanco, por favor —Cerro el menú y se lo entrego al mesero.
El mesero asintió y dijo que en unos minutos traería nuestro pedido.
Durante el tiempo que esperamos nuestros pedidos.
—Cuando fui a tu casa, me atendió una niña ¿es tu hija?
—Es mi hermana —Zanjé de manera abrupta.
El notó mi incomodidad pero la ignoró, así que cambie de tema a algo más ligero.
— ¿Qué tal tu trabajo? —El me miró algo dudoso.
—Muy bien, todo marcha bien en la empresa — Dijo revisando algo en su teléfono.
Mi cita con estaba siendo algo incómoda o al menos así lo sentía, quizás yo estaba actuando de forma renuente.
Interrumpió mis pensamientos con otra pregunta.
— ¿Tienes esposo? — Me sobre exalte con esa pregunta.
No me lo esperaba, ¿qué clase de pregunta es esa?
Mordí mi labios antes de soltar mi coraje— ¿Intentas burlarte de mí? — Arqueé una ceja
El se sorprendió y se negó —No, no era mi intención ofenderte — Parecía sincero.
—No, no tengo esposo si eso es lo que deseas saber… Ahora solo me dedico a mi trabajo. —Resoplé.
—Disculpa si te ofendí con la pregunta, no era mi intención — Agachó la cabeza apenado.
Después de un rato hablando sobre cosas triviales, llegó el mesero con el vino y luego trajo los platillos.
Para aligerar el ambiente — ¡Este filete está exquisito! —Exclame.
El esbozó una genuina sonrisa, quizás había olvidado el tema anterior, necesitaba aligerar el ambiente.
Terminamos hablando temas políticos triviales, hablando ciertamente mal sobre el gobernador de la ciudad, terminamos riéndonos a carcajadas, no la estaba pasando tan mal como creí, Manuel es una persona agradable, seguro seremos muy buenos amigos, pues con el no tengo que ocultar mi secreto, el me conoció en ello.
Después de dos copas de vino, podía sentir como la bebida estaba haciendo efecto en mi, mi voz se volvió más libertina, más suelta y me reía sin sentido. Manuel notó que ya estaba algo ebria así que evitó darme más vino.
—No seas tan aguafiestas —Dije riéndome algo escandalosa.
—No, ya tomarás más vino por hoy, creo que es mejor que te llevemos a tu casa. —Dijo haciéndole señas al camarero para pagar la cuenta.
Estaba comenzando a ver borroso, no puedo creer que con solo dos copas de vino me haya puesto ebria, tiene sentido pues no acostumbro ingerir alcohol.
Como pude me levante de la silla, me tabalee pero por suerte Manuel estaba detrás de mí y me sostuvo de mi cintura pero tropecé de nuevo haciéndonos caer de bruces al suelo, el cual me hizo soltar una carcajada que no pude contener aunque quise, todas las miradas cayendo sobre nosotros, no me importó estaba lo suficientemente ebria como para que no me importase lo que los demás piensen.
Todas las miradas del lugar estaban puestas en nosotros, algunas personas se reían mientras que otros nos lanzaban miradas de desaprobación, pero realmente no me importa, todos en ese lugar son un monto de gente superficial a la cual solo le importa su ropa de marca.
Nos colocamos de pie, estaba vez Manuel me sostuvo con firmeza, sus manos eran tan grandes que mi cintura quedaba pequeña en ellas.
Cuando íbamos acercándonos a la salida, un hombre llamó mi atención, tenía puesta una bata blanca, su cabello revuelto tan n***o como el azabache y su perfecta barba, en mi vaga memoria recordé haber visto ese pelinegro en algún lugar, luego enfoque muy bien mi mirada y era el doctor…
Mi mundo se detuvo al verlo, de repente todo el alcohol que había en mi desapareció por un pequeño instante, me detuve un momento para detallarlo, el me miró algo confundido.
¡Dios estoy tan apenada! ¿Qué hacía el aquí? ¿No se supone que a esta hora de la noche debería estar en el hospital?
—Vamos —Dijo Manuel.
El doctor se acercó a donde yo estaba a paso apresurado. —Hola Lilith, ¿Qué haces por aquí? —Se veía algo confundido pues yo le había comentado a el que yo trabajaba por las noches en un restaurante.
—Estoy cenando aquí con un amigo —Arrastre mis palabras debido a los efectos del alcohol.
Traté de enfocar mi mirada en sus ojos azules pero no lo lograba así que disimulé mi ebriedad.