Capítulo 2: Ella, de nuevo ella aparece.

1729 Words
Narra Louis —Pensé que a la fiesta vendrían más personas de nuestro pueblo, abrimos nuestras puertas a nuestra gente una vez al año y pensé ver emoción por parte de ellos, creí ver nuestro lleno, el salón a más no poder, pero… pero esta vez vi espacios vacíos. —Su majestad, creemos que se debe a las lluvias de los últimos días. Hay zonas en las que se hace complejo movilizarse. —Debieron informarlo antes, se hubiese buscado una solución para que todos pudiera venir aquí. —No se debe a las lluvias, su majestad —dice el lord Francis Egerton. Miré al hombre y este se levanta de su lugar juntando sus manos. —¿Hay algo que no me hayan contado, lord Francis? —Su majestad, las personas en el pueblo aún no están conformes con el aumento de impuestos que se implementó. Los campesinos no están de acuerdo con tener que aumentar su producción y así responder a los señores feudales. Mi padre hace un gesto y suelta un suspiro. —Sabía que esto podría suceder, pero… no es la primera vez que hacemos esto. Con el paso del tiempo los impuestos deben subir, siempre lo han asumido de buena manera, ¿por qué ahora es diferente? El lord Egerton tiene más contacto con el pueblo, por lo cual, puede dar las respuestas. —Su majestad, la gente de Prusia ha sentido un alejamiento o abandono por parte del reino. —¿Qué? Pero si les hemos dado participación. Mi padre, el rey Henry David Windsor de Prusia, es el jefe de los señores feudales, quienes estaban en la obligación de darle obediencia a mi padre. Mi padre tenía atribuciones exclusivas; dirigir campañas militares, recaudar impuestos, actuar como el juez supremo. Mientras que los señores feudales eran nobles guerreros que debían defender el feudo que les otorgaba el rey. Los señores feudales tenían el poder de gobernar dentro de su jurisdicción, es decir, gobernar sobre los campesinos que vivían en el feudo. Los señores feudales podían darles órdenes a los campesinos, impartir en ellos justicia y exigirles el pago de tributos en trabajo. —Me temo que alguno de nuestros señores feudales puede estar abusando de su poder, su majestad —fue mi humilde opinión al respecto. —Príncipe heredero, creo que esa es una acusación muy seria. —Lord Egerton, debería saber que muchas veces las personas se aprovechan de los títulos que les otorga mi padre, se toman atribuciones que no les corresponden y, sobre todo; asumen que el hecho de ser cercanos al rey, les da algún poder. ¿Cuándo han evaluado el desempeño de los señores feudales? ¿Cómo saben que están ejerciendo su poder sin abusos? —Tiene razón, su alteza. El lord sabía que no podía contradecirme, además, porque él es un vivo ejemplo de lo que es tener privilegios sin ser de la nobleza. El hecho de ser amigo de mi padre, le ha dado el beneficio de convertirse en su mano derecha y así mismo, en un lord. El lord Francis Egerton ha intentado impartir poder sobre nuestra servidumbre desde hace muchos años, incluso, ha tratado de tener voz de mando sobre mi preceptor, Froilán. Pero debe saber que su título dentro de este reino, no lo hace superior a nadie, es un servidor más de mi padre. —Necesito que escuchen a nuestra gente, quiero saber si los feudales están haciendo su trabajo como se debe. —Sí, su majestad. Aquella reunión termina y mi padre le pide al lord Egerton que nos deje a solas, pensé que me diría algo relacionado a lo que estábamos hablando anteriormente, pero no. —Sabes que algún día debes asumir tu obligación, ¿verdad Louis? —Sí, padre. —Dios nos ha mirado y nos ha bendecido, así que no podemos fallar a sus designios. Mi padre suele recordarme mis obligaciones cada tanto, pero esta vez fue más que eso. —Todo gobernante necesita a su lado a una mujer que sea una digna representante de su corona, una mujer que sirva como regente e intercesora de su reino. Debes hacer una buena elección, hijo. Tragué sonoramente y acomodé mi postura. —¿Su majestad me diciendo que es momento de buscar una esposa? —No en exactitud, más bien, digo que tienes tiempo para empezar su búsqueda. Louis, te has formado como un hombre serio y con carácter, has aprendido diferentes disciplinas y conocimientos, sé que estás listo. Si mañana yo no llego a estar en cuerpo y alma, sé que tú puedes asumir el trono. Estoy preparado para ello, llevo una vida preparándome, pero es imposible no sentir la presión de dicha responsabilidad. —Sí, padre. Estoy listo. —Louis, aún no se han creado alianzas entre nuestra familia y otros reinos, algo poco habitual, pues desde que yo tenía seis años, sabía que tú madre sería mi esposa y la madre de mis hijos. El antiguo rey, mi padre, había hecho un acuerdo matrimonial desde su juventud y su pacto debía ser cumplido. Mi padre se pone de pie y camina un poco por el salón. —Lo he estado pensando y si Dios lo ha querido de esa manera es porque así es su voluntad. Por lo que, he pensado en anticiparte a este deber que tienes, para que encuentres a esta mujer que sea vivo modelo de piedad, de protección al arte y la educación. Y, sobre todo, de asegurar la descendencia de la corona de Prusia. —¿Cuánto tiempo tengo para esto? —No hay tiempo definido, hijo. Eso me hizo volver a sentir un poco de tranquilidad. —Será como ordenes, padre. Cuidaré de esas cualidades y velaré por el futuro de nuestra monarquía. Esta tarea era más compleja de lo que parecía, pues generalmente, las mujeres de clase alta, hijas de nobles, eran las candidatas perfectas para asumir el título de reinas consorte, y así quedarse en su nicho social y cumplir deberes asociados a su posición. He conocido a muchas mujeres, las más hermosas, a nuestro reino han llegado muchas damas a conocerme, pero solo son rostros hermosos con vestidos y listones. Aún no he conocido a una sola mujer que me lleve a querer realizar un acuerdo jurídico, un vertragsehe. Vertragsehe, es un acuerdo que se hace en dos actos; los esponsales y la boda. Después de la ceremonia matrimonial, la mujer se entrega a su marido y luego pasa a vivir en el reino. Aún no veo a ninguna de estas damas merodeando por el reino llamándome esposo y cumpliendo las ceremonias de encamamiento conmigo. Le agradecía a Dios su piedad y entendimiento, sobre todo el tiempo que me está dando para yo poder escoger bien a esta mujer que estará conmigo el resto de mi vida. Recorría la torre principal, iba de camino a ver al religioso que me instruye en los saberes divinos. —Su alteza, aquí está. Froilán se aparece de la nada. —No me apresures, Froilán, voy caminando a mi ritmo. Mi cuerpo adolorido por la batalla de los días anteriores se mantenía en pie por glorias celestiales. —No vengo a apresurarlo, su alteza. Quería decirle que su clase con el religioso fue aplazada, se ha sentido mal por lo cual ha pedido descanso. —Por fin, un día de descanso. —No debería aliviarse por el mal estado de salud de su maese religioso, príncipe heredero. Esa expresión denota poca empatía. —Lo siento, Froilán, no lo pensé bien. Froilán no solo cumple el papel de preceptor, su función en mi vida, ahora es más importante. Cuando cumplí la mayoría de edad mi padre había pedido reemplazar a Froilán por alguien más, alguien que pudiera cumplir otros roles dentro de sus enseñanzas básicas para mi formación como heredero; alguien que fuera un tutor o un ayo, alguien que fortaleciera mis modales, complementara mi crianza, me enseñara a comer correctamente; en pocas palabras, cumplir el rol de lo que sería un padre, porque el mío, estaba muy ocupado liderando una nación. Pero hablé con mi padre y le dije que Froilán ya hacía todo eso desde mucho antes, no solo me enseñó a leer y escribir, sino que también me ha enseñado modales dentro y fuera del reino. —Si desea, puedo pedir que preparen su caballo para haga un recorrido a los alrededores. —No, estoy bien. Quiero tomar este día para guardar reposo. —Sí, su alteza, será como usted guste. Froilán se da la vuelta y se va por donde había llegado, así que yo, continué con mi recorrido y me tomé mi tiempo para apreciar los paisajes que tiene nuestra hermosa Prusia. Me detuve en mitad de mi camino y apoyé mi cuerpo en un enorme muro para observar un grupo de caballeros que se acercaban al reino, un carruaje venía a toda marcha y me preguntaba ¿De quién se trata? No sabía que recibiríamos visita en el castillo. Seguí observando a detalle, enfocándome en la persona que se bajaría del carruaje. Lo primero que pude apreciar, fueron las telas y los bonitos bordados de un vestido, indicativo de que una dama ha llegado a nuestro castillo. Negué con mi cabeza al pensar que se trataría de una de estas jóvenes de la nobleza que se molestan en viajar desde muy lejos para verme, iba escaparme para no tener que verme obligado a compartir con ella, pero cuando veo el rostro de la mujer, no pude moverme de mi lugar. —Es ella —susurré mirando a la dama. Mi corazón golpeo mi pecho al ver a aquella mujer que vi en el torneo, la misma que me hizo desconcentrar a tal punto de recibir un golpe. —¿Ella está aquí? —me preguntaba sin poderlo creer—. ¿Está aquí por mí? Una sonrisa se dibuja en mis labios, nunca me había emocionado de tal manera, pero ¿por qué? ¿Qué tenía esta dama de especial? ¿Qué tenía de diferente al resto de mujeres? Tenía que averiguarlo, así que corrí a toda prisa para verla de frente, estaba emocionado pensando que esto era una señal de Dios, nada podía ser casualidad. Hoy mi padre me habla de encontrar una mujer y precisamente ella, ella entre tantas damas, llega a mi reino.
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