Narra Louis
Con la inesperada visita de esta bella dama, si se iba a llevar a cabo una boda, pero no fue como esperaba.
A toda prisa, olvidándome del dolor que cubría mi cuerpo, llegué donde ella estaba, quería darle un recibimiento en persona, pero ya alguien se había adelantado. El lord Egerton ya estaba dándole la bienvenida a esta mujer.
—Louis, estás aquí —escucho la voz de mi padre.
Me giro rápidamente y lo veo junto a un par de personas de la servidumbre.
—Padre, no me habías dicho que tendríamos visita.
Sabía que esto era especial porque mi padre no vine hasta aquí a recibir a nadie.
—Lo siento, me olvidé de contarte hace un rato. Por favor, tomen las pertenencias de la joven y llévenlas a donde les indiqué —ordena a quienes lo acompañan.
Su majestad camina hacia esta dama y yo voy tras él.
—Gracias por recibirme, su majestad. Es un honor para mí estar aquí. He oído mucho sobre usted, mi padre lo admira y también le agradece por permitir venir a su reino.
No solo su rostro era hermoso, su voz dulce y melodiosa, también lo era. Tiene modales, es bonita, ¿Qué más se necesita?
El lord Egerton no se apartaba de la dama, empezaba a estorbar.
—Debes estar muy agotada, ha de ser un largo viaje.
—Así es, su majestad. Fue corto el tiempo para ir a mi tierra en Arán y volver de forma inmediata.
—Lo pude suponer, pero ya pedí organizar una habitación para la dama mientras se llevan a cabo los preparativos de la boda.
Abrí mis ojos de par en par, entonces sí era lo que imaginaba.
Mordí mi labio inferior para ocultar una sonrisa radiante que estaba por florecer en mi rostro.
—Espero que lo que pudo apreciar en su corta instancia en Prusia haya sido gratificante, y que su padre el marqué Emiliano esté tranquilo del que será su nuevo hogar.
—Claro que sí, su majestad. Pude conocer un poco y apreciar su torneo de justas, estaba muy sorprendida y a la vez feliz de que mi nuevo hogar sea tan maravilloso.
La joven se expresa de excelente manera, siempre sonríe con cada cosa que dice.
—Oh, príncipe heredero, está aquí —dice el lord Egerton que apenas nota mi presencia.
La dama apenas me mira y sus ojos con los míos se conectan por primera vez.
—Dios, ¿Qué estoy haciendo? No los he presentado.
Mi padre da un paso al costado para poder ver mejor a esta dama.
—Príncipe heredero, ella es Diana Spencer…
Di un paso adelante para tomar su mano, pero me quedé como una escultura de arcilla a mitad de camino cuando mi padre dice:
—Es la prometida del lord Francia Egerton.
Tuve que repetirme esas palabras en mi cabeza un par de veces para poderlas entender.
—¿Es qué? —salió de mi boca olvidándome de mis modales.
—Es Diana Spencer, la prometida del lord Francis.
Miré a la mujer joven y bella, luego miré a su lado al viejo y feo hombre que toma su mano y no pude decir una sola palabra.
—Alteza, ¿Está usted bien? —pregunta Francis.
—Eh… Sí, sí, Lord Francis. Algo sorprendido, pero… pero lleno de gozo por tan… gratificante noticia.
Lord Egerton sonríe y mira a la dama que no parece tan emocionada.
¿Cómo fue posible semejante desgracia?
—Bien, debo retirarme, espero que su estancia en Prusia sea de su agrado, Lady Diana Spencer.
—Muchas gracias, su majestad —responde la dulce mujer.
—Gracias, majestad. Es un honor que usted en persona haya recibido a mi prometida y se haya ofrecido a brindarme su apoyo. Serviré eternamente sin olvidarme de su maravillosa generosidad para conmigo. Gracias, gracias, su majestad.
—Es el fruto de tu arduo esfuerzo, lord Egerton.
Mi padre se retira y yo no sé qué más decir, estaba sumamente impactado.
—Su alteza, nos retiramos —dice el lord pasando por mi lado con Diana, la hermosa Diana.
Ya empezaba a creer que era muy extraño que mi padre no me haya informado sobre ella, además de venir hasta aquí personalmente y hacer el recibimiento a la invitada.
¿Qué pasó aquí?
Tenía que ser un entrometido y preguntárselo a su majestad, quien me dijo que:
—Lady Diana es la hija del marqués Emilio Spencer. Emilio es un marqués de Arán.
Alguien de quien nunca había escuchado y tampoco había planes de conocerlo de manera formal. Pero ¿por qué yo no la conocía, pero si el lord Egerton?
La respuesta era sencilla.
—El lord Egerton hace un tiempo viajó a Arán bajo mi petición —menciona mi padre—. Pues en el reino de Arán habían pedido ayuda y apoyo para contrarrestar amenazas del ejercito del norte. Llegaron cuervos a diario y al final no pude ignorarlos.
En Arán, han tenido diferencias políticas en los últimos tiempos con uno de los reyes del norte. Lo que me sorprende, más que el compromiso del lord Francis, es que mi padre no suele interferir en estas guerras para no traer afectaciones a nuestro pueblo y no ganar enemigos que no queremos, pero fue tanta la insistencia del rey de Arán que mi padre respondió a su llamado.
—Le pedí a la única persona en quien puedo confiar algo como esto, que organizara un ejército, así que envié al lord Egerton junto a un grupo de hombres de nuestro ejército a resguardar aquellas tierras, todo sin fines de acuerdos políticos futuros o alianzas.
—Padre ¿Sabes que es riesgoso eso que hiciste?
Desde ya estaba en desacuerdo con todo, con esa ayuda y con el compromiso.
—Lo sé, por eso pedimos que nuestros hombres fueran en completo anonimato; sin sellos, banderas o nuestro escudo. Louis, como rey de un pueblo, el mayor temor es que nuestras tierras puedan ser tomadas por personas malintencionadas. Ver morir a tu gente, ser testigo de una guerra, es algo que nunca un gobernante quiere. Si Dios me ha dado una tierra rica y uno de los ejércitos más grandes, mi deber es compartir mis bendiciones con quien lo necesite. ¿Sabes por qué? Porque Dios nos multiplicará todo.
En su relato, mi padre me dijo que en medio del ataque que recibían en el pueblo de Arán, el ejército de ese pueblo y los hombres enviados por mi padre, lograron evitar que el reino fuera tomado.
—El lord Egerton también tuvo que hacer parte de este combate, es un hombre valiente y mostró sus dotes con la espada salvando la vida del marqués Emilio Spencer. ¿Por qué crees que le di un título? ¿por qué crees que es mi mano derecha? Francis es la persona más fiel que he conocido y me da tranquilidad que un día, tú serás respaldado por él, porque más que una amistad, está la fidelidad de protegerme a mí y los míos con su propia vida.
—Entonces ¿el lord Francis salvó la vida del padre de Lady Diana?
—Así es, Francis evitó que el marqués Emiliano fuera decapitado por hombres del ejercito del norte en frente de su esposa e hijas. Cuánta impotencia ¿no crees? De manera afortuna el lord llegó justo a tiempo y evitó que esta esposa y madre e hijas, vivieran el día más terrible de sus vidas. Así que, Emilio Spencer, en gratitud a su valentía y por salvar su vida, le dice al lord Egerton que quiere compensarlo.
¿Por qué aceptar una compensación?
El lord Egerton es un hombre de servicio, no acostumbra a recibir nada a cambio de sus actos, pero cuando el marqués mencionó que podía darle una de sus hijas en matrimonio por agradecimiento de su acto heroico, este lo acepto.
—El lord está muy feliz por tener la oportunidad de hacer una familia, está en todo su derecho de no querer una vida solitaria.
Claro, una vida solitaria. Lleva más de cincuenta años así, ¿por qué ahora le preocupa? Tan pronto vio a tres mujeres jóvenes y llenas de belleza de las cuales podía escoger a una como esposa, le nació la necesidad de tener familia.
No me agradaba la idea, lady Diana Spencer es una mujer de unos veinte años, comprometida con el lord Egerton de más de cincuenta años, era imposible de asimilar; aunque en estas épocas es común este tipo de compromisos, pero no lo aceptaba porque era ella.
Aquella noticia fue de asombro no solo para mí, para todos fue inesperado, pues ya habíamos pensado que el lord terminaría solo, ya él estaba casado con su trabajo, comprometido con su deber de servir al rey y de repente una joven dama de rostro precioso está tomando su mano.
Mi padre, un hombre que reconoce y valora los esfuerzos de los demás, como gratitud a sus años de servicio, lealtad y fidelidad, le brindó de nuevo su mano y le cedió al lord Francis una de sus propiedades dentro de las murallas del reino para que viviera con su prometida y formara su familia, además, abrir las puertas del salón de eventos para que su boda fuera celebrada.
Debía aceptar que esta mujer que llamó mi atención, en pocos días se casaría, y pensé que con el tiempo solo iba a quedar esa pequeña inconformidad de “es la primera mujer que llama mi atención, pero ya está con alguien más” que no sería más que eso, que no me afectaría y que podía encontrar a otra dama que me inspire eso que ella me generó en mi ser, pero no, las cosas no se detuvieron aquí.
Ver y conocer a Lady Diana, fue como firmar mi propia sentencia.