Tensión

3383 Words
Saber que compartirían el lugar la inquieto un poco, pues había supuesto que dormiría en alguna de las habitaciones menos lujosas del llamativo edificio tal y como lo haría el resto del personal “no importante”. Respiró profundo y se tranquilizó a si misma diciéndose que todo fue hecho de esa manera por si en algún momento de la noche Killian revisaba su informe, y la necesitaba para aclarar algo de sus anotaciones, no obstante, en cuanto el guía se marchó, dejándola a solas con el castaño, todos los razonamientos del mundo no lograron disipar la sensación de que se avecinaba un peligro inminente. — Diez minutos de descanso para que guarde sus cosas, se lave la cara, o lo que guste, señorita Wells— indicó Killian— después quiero que transcriba lo que dijeron los oradores europeos. July suspiró, aliviada, podía manejar con más que eficiencia lo que fuera trabajo. —Sí señor. —¿Qué le gustaría beber? — Café, señor. — Con crema y una cucharadita de azúcar, ¿no es así? — Sí señor. A la rubia le sorprendió que Killian recordara el detalle tan trivial del café que había tomado durante el almuerzo, también pensó algunas otras cosas que quizás había memorizado de su persona y sintió una oleada de calor extendiéndose interiormente, se volvió y se dirigió al baño con rapidez, antes de que el rubor se acentuara. Incluso, sentía timidez de utilizar el baño, sabiendo que el castaño estaba cerca ¡Lo cual era completamente ridículo! se enjuagó con agua fría las manos y el encendido rostro. —«Mantente serena y profesional, no dejes que ese niño rico arruine tu calma y paz interior»— se dijo con firmeza. El hecho de que Alex Killian estuviera más sexy que en su época de estudiante, razón de que reaccionara a su poderosa cercanía, no significaba que debía perder los estribos y estar todo el tiempo nerviosa, estaba ahí para trabajar y no podía darse el lujo de cometer errores, respiró profundo y salió del baño rumbo a su habitación. No le tomó mucho tiempo guardar sus cosas, colgó los elegantes trajes y guardó sus cosas personales y de higiene en un cajón del armario, regresó una vez más al baño para asegurarse que cada uno de sus perfectamente recogidos cabellos estuviera en su lugar, se acomodó los anteojos y caminó a la sala, dispuesta a trabajar. Killian estaba cómodamente sentado sobre uno de los mullidos sillones, junto a una mesa, se había quitado el elegante saco blanco, aflojando la corbata y los dos últimos botones de su camisa azul estaban desabrochados, en la mano sostenía una bebida, viéndose muy relajado. A July no la hizo relajarse en absoluto, ver al castaño tan calmado e indefenso, le hizo tragar saliva consciente del magnetismo y la sensualidad de aquel odioso empresario. — ¿Cómo sigue su tobillo, señorita Wells?, ya no la veo cojear. —Ya está mejor, señor, lo vendé fuertemente en el descanso para estabilizarlo y por ahora ha funcionado. — Bien; su café esta junto a la computadora— indicó Alex. — Gracias señor— la rubia hizo una pequeña inclinación de cabeza sintiéndose al borde de un colapso nervioso. La computadora y la impresora estaban prendidas, listas para el trabajo, July tomó su libreta y se sentó, bebió su café mientras sus dedos se deslizaban sobre el teclado. — Quítese el saco si lo desea Señorita Wells, suéltese el cabello y póngase cómoda. — Estoy muy cómoda así señor, gracias— repeló, sin despegar los ojos de la pantalla. — Bien, escriba las contribuciones y estrategias más importantes de cada orador en una página separada y pásemelas en cuando están terminadas. — Sí señor. July trabajó a toda velocidad durante la hora siguiente, transcribiendo sus anotaciones a hojas impresas, aunque no se las pasaba a Killian, el castaño estaba de pie y esperaba a que saliera cada hoja de la impresora, tomaba cada una, la estudiaba, paseaba por la sala y se abalanzaba para tomar la siguiente, murmurando para sí a veces. —¿Qué más necesita? — preguntó al terminar con el último orador europeo El castaño alzó la vista de la hoja que acababa de tomar y frunció el ceño. — Necesito pensar, vaya y dese un baño, vístase o haga lo que necesite, señorita Wells—  miró la hora en su *Vacheron Constantin, azul prusiano y oro — se servirán bebidas en el bar a las siete, esté lista a la hora. — De acuerdo. — No se hablará de negocios durante la cena, no es el estilo de los europeos, así que puede relajarse un rato. — Sí señor, gracias— tomó sus notas y salió rápidamente del lugar.   *************************************   A la hora indicada, llegaron al bar del sexto piso, a medida que avanzaba la velada, Killian emanaba una bien dramatizada buena voluntad y camaradería, sus modales fueron exquisitos y su actitud afable; durante la cena fue un anfitrión encantador, amable e interesante controlando la conversación con envidiable destreza. Todo esto era nuevo para July, pues nunca antes había visto al castaño portarse de manera tan sociable, pero al instante recordó que lo hacía porque había demasiado en juego y no podía darse el lujo de portarse como un bastardo tirano con los empresarios europeos, no obstante, toda el aura de "señor sonrisas" terminó en cuanto abandonaron el sitio, a solas con July, el castaño se retrajo en sí mismo y volvió a ser como siempre. Estaban a mitad del camino hacia suite cuando habló, solo para usar a July como tornavoz para sus pensamientos. — Tenemos un gran problema, por la forma en que se están dando las cosas, no veo que los europeos estén haciendo "ringi"— dijo abruptamente. — ¿Qué es el "ringi", señor? — inquirió la rubia frunciendo el ceño. — Es una palabra muy antigua que se usa en los más altos negocios y tratos, los japoneses la acuñaron, “rin” de presentar una propuesta y recibir aprobación y “gi” de deliberaciones y decisiones. Para los europeos es algo así como "sello de aprobación", cada delegado debe darlo antes que el proyecto pueda realizarse, es el símbolo de su completa dedicación y entrega a un proyecto… un sistema totalmente diferente del nuestro, yo puedo tomar una decisión solo y hacerla valer, ahorra mucho tiempo y conflictos… pero ellos no dan un paso si no hay conceso. La impaciencia y la frustración en su voz indicaron a July lo que Killian pensaba de ese sistema, y era porque Alex Killian era un dictador nato, a la rubia le parecía que el sistema "ringi" era mucho más justo que las órdenes provenientes desde arriba, y menos propicio para cometer abusos, aun así, se guardó su opinión, no quería iniciar una discusión con Killian, después de tan pacíficos momentos juntos, cada hora, minuto y segundo que pasaba con el CEO, hablando tranquilamente o sencillamente escuchándolo eran realmente agradables para ella, sobre todo si lo comparaba con el pasado, cuando no soportaba permanecer ni una sola milésima de segundo al lado de Killian, su sardónica mirada y altiva actitud de creerse superior sí que le jodían en ese entonces. Definitivamente los años habían cambiado el hosco comportamiento del castaño, ahora, había prudencia en su mirada y en la expresión de su rostro una serena madurez que realmente la tenían sorprendida, quizás su sorpresivo matrimonio con la famosa Annya Andersen, había contribuido a aplacar un poco la arrogancia de Killian… no es que fuera ahora una dulzura de persona, pero al menos era agradable de tratar y era más fácil conocer al hombre que se ocultaba bajo la piel de dictador empresario; ya no le parecía tan huraño y gruñón, pensó que sería bueno preguntarle más tarde, o quizás otro día, por Noa, hacía casi tres meses que no sabía nada él y a veces se preocupaba un poco por aquel diablillo. — señorita Wells— la llamó de repente, haciéndola sobresaltarse. — ¿Sí señor? — ¿Qué ocurre cuando uno choca con un obstáculo inamovible a toda velocidad? — Uno se lastima. — No diga tonterías, estoy hablando de mí. Esto dejó confundida a July, ¿acaso Killian creía que era invulnerable?... Bien, a lo mejor lo era y no estaba enterada, pensó. — Entonces no lo sé señor— musitó, sintiendo que esa era la respuesta más segura. — Solo hay dos opciones, señorita Wells: chocar con el obstáculo y lastimarse, como usted sugirió, no tiene sentido tratar de moverlo, es imposible… pero la mejor solución es... esquivarlo. — Sí, supongo. — Voy a esquivar el "ringi"— aseveró con decisión mientras entraban a la suite— necesito escribir un memorándum. — Sí señor. En cuanto entraron a la sala, July fue directo hasta la computadora, lista para el dictado. Killian caminó por la habitación, poniendo en orden sus pensamientos, se quitó el saco, la corbata y se desabrochó cuatro botones de la camisa, revelando un poco de la piel del pecho, inexplicablemente la garganta de July empezó a cerrarse y un ataque de nervios se apoderó de ella. El castaño hizo una pausa, frunció el ceño y después empezó a dictar, exponiendo su estrategia en términos claros y precisos, hubo otra larga pausa de concentración, se quitó las mancuernas y dobló las mangas de su camisa hasta los codos, otra porción de piel fue revelada y July deseó que todo terminara allí, ya que increíblemente todo aquello la estaba perturbando demasiado al punto de hacerla sudar, mientras daba todo de sí para no fallar en el trabajo. — Hay mucha tensión en el ambiente, señorita Wells—  comentó el ojiazul al darle una mirada. — Sí…y-ya lo creo— tartamudeó, pasando saliva. —  Me da gusto saber que tiene más palabras en su vocabulario que " sí señor"… señorita Wells, es un verdadero alivio, más cuando recuerdo que usted solía recurrir a un colorido y censurable vocabulario cada vez que yo estaba cerca de usted o de alguno de sus amigos. —¿Cerca? —  masculló la rubia—  usted no solo se conformaba con estar cerca, adoraba humillarnos a todos y cada uno de nosotros. —¿En serio? —  inquirió sonriendo divertido, cosa que ella no notó. — ¿Acaso sufre de amnesia selectiva o algo así? ¡Usted sabe que es cierto! Killian no dijo nada, se contentó con cruzarse de brazos y recargarse contra una de las paredes contemplando a la impulsiva rubia con animado aprecio. —  Todo el tiempo se la pasaba molestando a Dante durante las carreras, ignorando a Grace, criticando a Trisha, juzgando las habilidades de Christian, burlándose de Daniel, humillándome a mí y basureando a Marcus— aunque bueno, el ultimo quizá se lo merecía un poco debido a su historial delictivo como ladrón… pero al menos desde que comenzó a juntarse con ellos dejó de serlo y se reformó lo más que pudo. — ¿Cuántas veces la suspendieron por intentar golpearme, señorita Wells? —  Las mismas que Noa le dejaba de hablar a usted cada vez que me suspendían y castigaban injustamente por su culpa. ¡Bingo!, se dijo July con satisfacción al ver como su estocada daba en el blanco, entonces, solo entonces fue consciente de todo lo que había dicho, la vergüenza y la mortificación la hicieron enrojecer hasta la raíz del cabello. — Y-yo... bueno... por favor… discúlpeme—  balbuceó la rubia, inclinado la cabeza, aferrándose a sus piernas y la tela que las cubría—. No fue mi intención decir lo que dije... ¡Demonios! No estaba tratando con un simple ex compañerito de escuela, AHORA ERA SU JEFE ¡MALDITA SEA!… El silencio solo aumentó la vergüenza de July, se atrevió a alzar la mirada, estrujando con más fuerza la tela de su falda al toparse con la analítica mirada azul, no estaba preocupada por ella, sino por Oliver, no podía ni debía darse el lujo de hacer quedar mal a su superior, aquel amable hombre había depositado toda su confianza en ella y era su deber sacar la cara por él y por sí misma, profesionalidad ante todo, ese era su lema, lamentablemente Killian siempre la había sacado de quicio, y ella lo olvidó. Finalmente, para alivio de July, Alex pareció ignorar el asunto y con voz firme le dictó los datos para el memorándum y después se colocó detrás de ella para poder leer en la pantalla del monitor. — Regréselo hasta el principio, señorita Wells—  ordenó —¿Desea que lo imprima, señor? — No, solo hágalo pasar por la pantalla para que lo lea, yo le diré que añadir o borrar. — Sí señor. July no supo cómo logró concentrarse nuevamente, varias veces el castaño se inclinó sobre ella para señalar una frase en la pantalla, colocando su brazo desnudo debajo de sus ojos, volviéndola consciente de la atractiva piel, del cálido aliento cerca de su oído y del aroma de su fuerte masculinidad mezclado con el de la fina colonia, varias veces los dedos de la rubia se movieron con torpeza y tuvo que corregir sus errores, cuando por fin terminaron, Killian le pidió que lo regresara de nuevo y se lo mostrara otra vez. — Enserio siento mucha tensión, señorita Wells— comentó repentinamente—  creo que deberíamos hacer algo al respecto. July no tenía sugerencias, ni siquiera logró decir su característico y estúpidamente sumiso: "sí señor", se quedó allí sentada, nerviosa, esperando la siguiente orden, deseando obedecerla con eficiencia. Sintió que unos dedos curiosos paseaban por su pulcra cabellera rubia, liberando algunas doradas hebras de sus ataduras, su corazón latía con violencia, tras varios momentos de conmoción y tras el avance de aquellos dedos, el cerebro de July le dictó que era necesario que se calmara, su mente lo obligaba a decir algo, pero antes de pudiera hacerlo, Killian habló. —  Según recuerdo, su cabello solía ser un desordenado amasijo de mechones, señorita Wells—  contemplaba, mientras seguía pasando los dedos entre la cabellera, despeinándola y acariciando la coronilla—, sin lugar a dudas es mejor verla con el cabello suelto, tal y como lo llevaba antes. — K-Killian... July apenas pudo pronunciar su apellido, decidió que era demasiado tarde como para objetar lo que le había hecho a su cabello, solo quería regresaría la atención de ambos al trabajo. — Señor Killian, ¿desea que imprima este memorándum ahora? — No. Sus largos dedos se deslizaban una y otra vez entre su cabello dando de vez en cuando rápidos masajes en el receptivo cuero cabelludo. — ¿Desea hacer más cambios en el memorándum?— inquirió July, comenzando a sentirse verdaderamente desesperada. — Quizá luego, debo pensarlo… ¿ya se siente menos tensa? — Sí, gracias. Era una gran mentira, pero, ¿qué otra cosa podía decir? — Fue un placer, señorita Wells— murmuró. Y, por suerte, retiró las manos de su cabello, justo cuando la ella aspiraba con fuerza el oxígeno que tanta falta le hacía, Killian dijo: — Permítame que le ayude a quitarse el saco. Se inclinó sobre ella de nuevo, sus manos desabrocharon los botones veloz y eficazmente, July se quedó inmóvil. Su mente se bloqueó durante unos cuantos segundos, los suficientes como para que el castaño la despojara de la prenda. —  Un conjunto muy elegante, señorita Wells—  halagó, arrojando la prenda sobre una silla—  y aunque por mucho tiempo estuve de acuerdo con esa frase que dice: "aunque la mona se vista de seda, mona se queda", debo admitir que eso no es cierto si se trata de usted, la ropa elegante le hace justicia. — Gra- gracias, señor—  logró articular, después de luchar por despegar la lengua del paladar. Por alguna razón, la aprobación de Killian, respecto a su gusto por la ropa no tenía mucha importancia en ese momento, el instinto de autoconservación la incitó a dejar de estar sentada como una muñeca y tomar alguna iniciativa. Se puso de pie de un desesperado salto y se volvió hacia el castaño, no le fue fácil mirarlo a los ojos, pero antes tuvo que arrancar la mirada del pecho de Killian... que se había desabrochado más botones de la camisa… ¡Hasta la cintura! —  Y-yo…—  la chica cerró los ojos tratando de pronunciar algo inteligente, pero nada a parte de un titubeante "yo", salía de sus labios— yo... yo… El castaño se acercó a July y le quitó los anteojos. — Con este innecesario accesorio me recuerda a una nerd—  agregó el CEO, haciéndolos a un lado, a su vez que los dejaba cerca a la computadora, más en ningún momento dejó de mirar a July a los ojos. —  …. En su mutismo, la rubia contó rápidamente hasta 100. — Yo creo— bien, al menos ya había dicho una palabra diferente, se obligó a seguir hablando antes de que volviera a perder la coherencia— …que, si no me necesita, mejor voy a... — Oh, pero si la necesito, señorita Wells—  interrumpió Killian evitando que se fuera, lo hizo con una suavidad difícil de imaginar en alguien tan altivo y arrogante como él; sus brillantes ojos azules se posaron en los cálidos miel—  la necesito muchísimo. Deslizó una mano por la cintura de July y con la otra le tomó la barbilla, manteniendo la mirada en la de la rubia, mientras atraía la parte inferior de su cuerpo hacia sí, haciéndole sentir la forma y la urgencia de lo que deseaba de ella. — Muchísimo—  repitió lenta y deliberadamente. ¿Qué demonios pensaba Killian que estaba haciendo? July iba a empujarlo, dejarle saber en términos claros que… pero ¡oh! se sentía tan bien, aquel maldito ricachón era tan firme y masculino… además, hacia esos sonidos en su garganta, una especie de ronroneo que hizo que la rubia fuera aún más consciente de aquella persona contra su cuerpo, que poseía una agresiva virilidad que no le dejaba ninguna incertidumbre, sintió de pronto la mente muy desordenada, y también su cuerpo derritiéndose. En la poca claridad de su mente ardía un solo pensamiento, Alex Killian de alguna manera la encontraba deseable, a ella, a "Juliana la mascota Wells" (su apodo de la preparatoria), lo más increíble es que mientras Daniel, su ex-prometido, había deseado a otra persona, una mujer extremadamente voluptuosa y vulgar para colmo, alguien como Killian la deseaba a ella; pero ese dulce bálsamo a su alma herida no era suficiente razón para perder la cabeza. July posó sus manos sobre el pecho del castaño, como forma de protesta, sin resultado alguno, uno de sus dedos rozó la tibia piel de Alex y se quedó pegado allí. — Yo pienso que... —  Señorita Wells, este no es momento para pensar—  contraatacó, con una sonrisa ladina. Killian retiró la mano de la barbilla de July y la llevó hasta el cuello para acariciarlo tentativamente, antes de comenzar a desabotonarle la camisa. —  Hay algo mágico en sus ojos, señorita Wells—  expresó, mirándola hipnotizante—, o eso solía decir Noa, decía que una mirada suya bastaba para que su mundo se volviera de cabeza. July parpadeó asombrada ante las palabras de Killian, realmente ¿eso lo dijo Noa? —  Yo creo que son fascinantes. — Gracias, señor—  respondió apenada, tratando inútilmente de mantener el profesionalismo—, a-aun así… creo que esto no es buena idea. Al menos su voz era capaz de protestar, aunque el resto de su cuerpo estaba traicionando todo principio de decencia y moral. —Al contrario, es el mejor alivio para la tensión que conozco, he tenido mucha experiencia. — Estoy segura que sí, señor. El castaño le estaba desabrochando la camisa con tan experta mano que los botones parecían saber que debían obedecerlo sin objeción. — Sin embargo, ocurre señor, que yo no acostumbro a tener amoríos de una sola noche. — No se preocupe por eso, señorita Wells, tenemos por lo menos dos noches.   OH MY f*****g GOOD… esa no era la respuesta que esperaba.  
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