— Señorita Wells…
— Sí, señor Killian.
— Es muy amable de su parte el ayudarnos, con tan breve aviso— expresó educadamente, y luego esperó a que ella se sentara.
Los lapislázulis de Killian la recorrieron rápidamente mientras July se acercaba, la rubia tuvo la impresión de que a ese castaño nada se le escapaba, casi se desplomo en la silla; sus piernas estaban temblorosas.
Se obligó a si misma a mirarlo interrogante. La boca de Alex se contrajo en una mueca que sugería algo de satisfacción sensual, sus ojos se encontraron un instante con los mieles, después se sentó y concentró toda su atención en los documentos desparramados en su escritorio.
July lo contempló, aguardando sus instrucciones, esperó tanto, que su mente comenzó a divagar acerca de todo lo que sabía de aquel hombre gracias a la generosa información amarillista de algunos diarios de la ciudad. A sus veintitrés años, Alex Killian, actualmente viudo, y su esposa, Annya Andersen, había sido una importante socia suya después de que fusionara “Andersen Industries” con la prospera K Corporation, sin lugar a dudas la sofisticada rubia platinada era la persona adecuada para un hombre como Alex Killian.
Con razón le resultaba difícil reemplazarla, desde su trágica muerte, dos años atrás en un accidente automovilístico. Aunque circulaban rumores acerca de sus amoríos, pero, fueran o no ciertos estos, absolutamente nada lo distraía de sus negocios.
Todos sabían que era supremamente inteligente, y no hubiera sido posible manejar una empresa internacional con tanto éxito si no fuera astuto para tomar decisiones; era de conocimiento común que Alex Killian imponía todas las políticas en la corporación y se aseguraba de que se cumplieran, a costa de lo que fuera, era despiadado para conseguir lo que se proponía. Así decían los rumores y July sabía de antemano que todo era cierto. Desde que lo conocía, Killian era el tipo de persona que era lo suficientemente capaz de pasar por sobre sus enemigos con tal de obtener lo que deseaba.
El castaño alzó la cabeza de repente, pero sus ojos no se encontraron con los de la rubia, sino que estudiaron detenidamente la elegante ropa, en una lenta y deliberada inspección.
July sintió un enorme alivio cuando Killian dejó de observarla y se concentró en los documentos del escritorio.
Miró su reloj, llevaba quince minutos allí, le parecía ridículo que Killian no le pidiera que hiciera algo, ¿por qué había exigido que llegara a su oficina a las diez y media si no pensaba ponerla a trabajar? ¿acaso pensaba que era incompetente?, ¿que no había forma de que ella compitiera con su verdadera asistente personal?
El orgullo profesional de July se alborotó, era un insulto dejarla sentada así, y también un insulto para Oliver, no podía permitir que continuara, además, la forma poco disimulada en que ese quisquilloso castaño había estudiado su ropa era quizás un insulto peor.
Ofendida, July adoptó un aire profesional y enérgico.
—¿Por dónde desea que empiece, señor Killian? — preguntó en tono mordaz.
— Por el principio, Señorita Wells— expresó el CEO, sin alzar la vista.
Una oleada de resentimiento brilló en los ojos melados, el orgullo inundó su mente, ¡el estúpido de Killian no la iba a tratar con la misma maldita condescendencia con que la trataba en la preparatoria! ¡No señor, eso sí que no!, tomó aire y habló con fría precisión.
— Si fuera usted tan amable de explicarme específicamente que es lo que quiere...
Al fin los lapislázulis se clavaron en los de la rubia.
— Lo que acostumbra hacer todo asistente— respondió—, aunque todo sucederá mucho más rápido de lo que supongo que usted está acostumbrada, las sesiones se grabarán para futuras referencias, pero tomara nota de todo lo que se diga, no solo para corroborar las grabaciones, sino también para que yo pueda consultarlas con facilidad. Después de las reuniones, usted deberá escribir en la computadora cada memorándum, instrucciones o preguntas que se requieran, será el enlace con su homólogo, se asegurará de que todo el mundo tenga lo que le haga falta, aparte de eso, todo detalle importante debe ser puesto por escrito; todo deberá ser hecho con precisión y exactitud, ¿podrá hacerlo?
— Sí señor — contestó, apretando los puños.
— Y, Señorita Wells...
— Sí, ¿señor?
— Hay millones de dólares en juego en este proyecto.
— Sí señor.
— Por favor... trate de no cometer errores.
— No señor.
— Todo lo que usted haga será importante, por favor comprenda eso.
— Sí señor.
Sus ojos azules volvieron a los documentos. July se sintió como si fuera una prenda exprimida y colgada en un tendedero.
— ¿Desea que haga algo de inmediato, señor? — inquirió, dispuesta a probar que no era la tonta que Killian pensaba.
El castaño alzó la vista y esta vez realmente la miró, en sus ojos azules apareció un interés especulativo al examinar los orbes melados de la rubia, tras algunos minutos, dijo con sorpresiva suavidad:
— No creo que pudiese complacerme.
July lo miró por un instante con la boca y los ojos abiertos a más no poder, mientras su mente analizaba lo que podría significar aquellas palabras, un divertido destello brilló en los ojos azules y de nuevo su boca se contrajo en una mueca que July no podía evitar catalogar como sensual.
— Tal vez en otra ocasión, Señorita Wells.
Después de un detallado análisis, July no supo cómo tomar el comentario, pero la extraña diversión del castaño no resultaba en absoluto apaciguadora para su herido orgullo.
— La delegación de los europeos se ha retrasado una hora, más o menos, esa es la razón de la demora— continuó explicando a su nueva asistente, algo más enérgico—, mientras tanto, ármese de lo que necesite para desempeñar su oficio, Samantha dejó una carpeta de documentos en su escritorio, si quiere revíselos, todo lo que pueda necesitar lo hallara en su oficina, pasando por la puerta detrás de usted.
July casi saltó de su silla, ansiosa por hacer algo útil.
— Y, señorita Wells...
— ¿Sí señor?
— En este negocio, es imposible prever todo, si existe algo que necesitemos, en cualquier momento, tiene mi autoridad respaldándola en todo, por encima de cualquiera.
— Esta bien— externó la rubia, algo consternada.
El poder absoluto le parecía atemorizante, la responsabilidad que eso implicaba era aterradora, no obstante, se consoló pensando que Killian había aceptado la responsabilidad de respaldarla…. aunque si cometía errores...
— ¿Tiene algún problema, señorita Wells? — inquirió el castaño al verla parada ahí, pensando con rapidez.
— No señor.
No iba a cometer errores.
— Gracias señor— agregó, y después se volvió enérgicamente hacia la puerta que Killian le había indicado.
Mientras atravesaba la habitación hacia la oficina de la asistente, July tuvo la fuerte impresión de que los penetrantes ojos azules estaban contemplando sin piedad su figura de espaldas.
A las once y media Killian recogió a July de la oficina de su asistente, una limusina los condujo hasta el helicóptero, el CEO leyó varios documentos durante el camino.
— «¿Por qué diablos de repente soy consciente de la presencia de Killian?» — se preguntó July mientras observaba rápidamente las perfectas manos de su jefe, que poseían dedos largos y flexibles.
De cuando en cuando se frotaba los dedos con el pulgar mientras su mano se preparaba a pasar otra hoja. El suave movimiento era en cierto modo perturbador, al igual que el penetrante aroma de su fina loción, dado el estrecho espacio que los separaba dentro del automóvil.
Cuando al fin llegaron al helipuerto, July cometió la tontería de tropezar cuando bajaba y se dobló levemente el pie, se mordió el labio para no gritar y con esfuerzo caminó al paso de su jefe.
Tres ejecutivos estaban parados junto al helicóptero cuando ellos llegaron, uno era Oliver Bennett, al ver a July, alzó las cejas, su boca se contrajo, se pasó una mano por la cara y después se giró bruscamente hacia el helicóptero, sus hombros fornidos se sacudían visiblemente. Quizá fue producto de la tensión nerviosa, pero más parecía que intentaba no reírse a carcajadas. July también sintió ganas de reír, pues Oliver jamás la había visto lucir tan seria, formal y profesional, esperaba que cuando Oliver recobrara la compostura, apreciará el esfuerzo que había hecho por él, tanto como por sí misma, aunque de momento no parecía estar dando resultado, Killian, al parecer, no la veía como una profesional.
La conferencia iba realizarse en The Wallingford Victorian Inn, era un exquisito hotel que mezclaba lo moderno con lo clásico, de excelente reputación, ubicado en el centro de Connecticut, el lugar parecía adecuado pues le daba a sus clientes la oportunidad de relajarse una vez terminados los negocios.
July nunca había estado en Connecticut y tampoco se había subido a un helicóptero. Al ver a los ejecutivos encaramarse, supo que tenía un problema, le resultaría imposible subirse a la alta cabina con el dolor de tobillo que ahora lo agobiaba, suspiró y miró a Oliver, el único que al parecer se había percatado de la leve cojera de la rubia.
—¿Todo bien, señorita Wells? — preguntó repentinamente Killian, sobresaltándola.
— Sí señor, todo bien— contestó con una sonrisa vacilante.
— Si todo está bien, ¿entonces por qué no abordas el helicóptero? — cuestionó casi con impaciencia.
— Yo...
— July tiene lastimado un tobillo y le dolerá más si se esfuerza al subir a la cabina— dijo Oliver en su auxilio, de inmediato, la mirada de Killian se posó en su tobillo y después la miro fijamente a los ojos, con un destello de perversidad.
— No se puede evitar Señorita Wells, yo le ayudaré.
—¿Eh? — masculló con una sonrisa incomoda, aceptando al final—, lamento las molestias.
El piloto ya había tomado sus portafolios para guardarlos en el compartimiento del equipaje. July esperaba que Killian la alzara por la cintura, pero antes de que pudiera acercarse a la cabina, el castaño la tomó en sus brazos, alzándola como princesa por completo.
— Un peso adecuado, señorita Wells— comentó con maliciosa apreciación.
— G-gracias señor… supongo— musitó, tratando de recobrar el aliento.
Uno de sus brazos le rodeaba las piernas, el otro le sujetaba los hombros, se encontraba apretada firmemente contra el pecho de Killian.
— Cuida bastante su físico, ¿verdad señorita Wells? — murmuró.
La rubia lo miro a los ojos, se sentía desconcertada por la peculiar tranquilidad y amabilidad de aquel arrogante CEO.
— Sí señor, así es— continuó con ese intercambio de palabras en voz baja.
— Ahora se ve mucho más saludable que en sus años como estudiante.
July podía recordar muy bien aquella época, desde que su madre la abandonó llevándose a su hermana y dejándola al cuidado de su irresponsable padre, estaba muy por debajo de su peso normal debido a que solo hacia una o dos comidas máximo, en vez de las tres comidas básicas diarias, además de que el constante correr del trabajo a la escuela y de la escuela nuevamente al trabajo, aunado a las carreras de motocicletas, la tenían casi esquelética, ahora, que vivía tiempos mejores, su cuerpo había recobrado el peso perdido y estaba más enérgica que nunca.
— Bueno, ahora llevo una alimentación mejor, señor.
— Vaya que sí, y no siento que haya nada de excesos en su alimentación.
— Por supuesto que no, siempre me mantengo en forma.
— Buen trabajo, señorita Wells, procure seguir así.
— Lo haré, señor, lo haré.
La boca del castaño lucía esa mueca extraña, mientras la llevaba hasta el helicóptero y la dejaba en su asiento con gran facilidad. Tenía labios muy sensuales, algo que July ya había notado más de una vez en el pasado, la rubia presintió que ese arrogante hombre sabía exactamente qué hacer con ellos y los utilizaba en conformidad; para incitar, excitar o provocar; en ese momento, July se sentía enfadadamente provocada, e incitada, y para ser honesta consigo misma, de una manera traicionera, Killian era un hombre sumamente atractivo.
El CEO la soltó con suavidad, y ella se concentró en abrocharse el cinturón hasta que el más alto se acomodó en su asiento, el helicóptero se elevó, cuando disminuyó el ardor en sus mejillas, July se volvió para mirar a Oliver, quien estaba sentado junto a ella, resultaba imposible hablar, pero le hubiera gustado recibir una mirada de apoyo de su parte. El hombre se había cubierto los ojos con una mano, su cabeza estaba inclinada y tenía la frente arrugada. Parecía estar concentrado en una plegaria... o algo así, July suspiró, no recibiría ayuda de Oliver, tal vez el bonachón hombre odiaba volar, o quizás estaba rezando para que ella no cometiera errores.
La rubia se encontraba en el helicóptero con Killian, y aunque quisiera no podría bajarse de un salto a mitad del vuelo, en realidad, había muy poco que pudiera hacer al respecto, así que se dedicó a mirar el paisaje. Al menos podría evadirse de otros problemas durante un tiempo.
— «Allí abajo tiene que existir alguien, que pueda quererme y hacerme feliz»— pensó —«Alguien mucho mejor que Daniel Smith, que al menos sea fiel a la promesa de amor que haga».
July se preguntó si Alex Killian le habría sido infiel a su difunta esposa, quizás algunos hombres no eran fieles por naturaleza ¡pero de ninguna manera iba a casarse con uno que no pudiera serle fiel, ¡incluso antes de su boda!
La rubia suspiró de nuevo, cómo iba a decirle a su madre, con la que apenas se había reconciliado… a la que había tenido que obligar a base de esfuerzo de aceptar a su pareja, de qué ahora había cancelado su boda. Su madre estaba educada a la escuela antigua, era muy prejuiciosa y estricta respecto a cómo debía ser y comportarse una mujer, su hermana menor tuvo suerte de enamorarse y casarse con su primer hombre, el cual era bastante decente y amable, no por nada Christian era su mejor amigo; como sea, eso hizo de Serena una buena hija ante sus ojos, pero no ella.
Era como si su madre casi viviera en el siglo pasado, ya se imaginaba todo tipo de reproches que le daría: "¡Eso te pasa por no elegir bien, Julianna!... ¡Ahora ¿que pensara la gente que estaba invitada?!.... ¡Para colmo se ha invertido tanto dinero en tu boda!... ¡nunca conseguirás a nadie que te quiera de verdad sino dejas de ser tan impulsiva y despreocupada!".
Sí, sin lugar a dudas su madre haría un escándalo mayúsculo, no razonaría en absoluto.
Al menos su padrastro la escucharía, nunca le había agradado Daniel, sin lugar a dudas el buen hombre apreciaría aquel rompimiento más que su madre. A July siempre le había parecido que su padrastro, a diferencia de la porquería de su padre biológico, era un hombre sensato y razonable.
El tiempo pasó rápidamente hasta que se hallaron en hotel. El helicóptero descendió hacia un impresionante helipuerto, aterrizaron en el prado cerca de una cancha de tenis, Alex bajó a July del helicóptero con la misma eficiencia con que la había subido, al parecer, eran los últimos en llegar, la terraza en la cumbre del edificio estaba atestaba de gente de la Corporación K y algunos europeos, todos gozando de un trago previo al almuerzo, mientras esperaban que los líderes comenzaran a dirigir las negociaciones.
July contempló lo que debían caminar, y lamentó haber sido tan torpe al lastimarse, pues obviamente con su adolorido tobillo y sus tacones le sería imposible aquella simple faena, para su suerte y su enorme sorpresa, Alex Killian le ofreció el brazo.
—Por favor, procure no irse de bruces señorita Wells, no crearía una buena impresión.
—Me sujetare a usted como si mi vida dependiera de ello, señor— respondió July sin detenerse realmente a pensar lo que estaba diciendo.
—Un comentario extraño— acotó Killian con rostro impasible— puedo sugerir que apoye su peso más en los dedos de sus pies.
—Como usted diga, señor— obedeció sintiéndose mortificada.
—Tiene una buena actitud, Señorita Wells.
— «¿Y qué esperabas imbécil?, usted es el jefe mayor, usted es el que paga mi salario, si no fuera así ya le habría pateado el trasero por cuentas pasadas»— se moría por decirle, en cambio, solo sonrió inocente— Gracias señor.
Llegó a la terraza sin contratiempos, y al instante se convirtió en una sombra al lado de Alex, hasta que terminó el almuerzo, aunque todos los presentes, la trataron con impecable cortesía. A July le dio gusto el hecho de que su homólogo fuera un chico muy atractivo, y que aquel con quien tendría que servir de enlace fuera tan amable y cortés; por su parte ella actuaba con naturalidad y confianza en sí misma aun cuando ella era la única mujer allí.
A las dos en punto todos se dirigieron a la sala de conferencias y comenzaron las negociaciones, July no tuvo tiempo de admirar el hermoso salón, se concentró intensamente en las notas que tomaba, arreglándolas en un sistema que permita fácil referencia: los nombres de los oradores, sus contribuciones a la discusión, las propuestas, las objeciones, las concesiones sugeridas, etc.
Oliver se desempeñó muy bien, July se sintió enormemente orgullosa de la habilidad de su jefe para la negociación, pero Killian, era sin duda alguna, el eje central, todo giraba en torno suyo, era educativo el solo escucharlo: darle la vuelta a un argumento, eliminando problemas y planteando un camino que lo llevaría a ganar, tomaron un descanso por breves momentos para beber té o café, a media tarde, en otro salón, esto permitió a la gente relajarse e interactuar.
—¿Anotó todo lo importante, señorita Wells? — preguntó el castaño, mientras lo acompañaba al salir de la sala de conferencias.
— Por supuesto señor— respondió, segura de sí misma.
—Eso espero, este negocio va a ser muy difícil de conseguir y necesitara hasta la última partícula de información que pueda obtener— comentó Killian de una forma bastante seria.
July guardó silencio, en su opinión, el CEO había estado extremadamente bien, la mayoría de los europeos parecían estar de acuerdo con lo que el castaño pretendía lograr, pero, sin duda, Alex Killian conocía mejor su oficio que ella, cuando regresaron para la última sesión del día, July se aseguró de que nada se le escapara, si cualquier detalle era crucial, ella lo tendría registrado.
A las cinco de la tarde terminaron, sin embargo, para July, el final del día de trabajo estaba aún muy lejos, un m*****o del personal del hotel guío a Killian a su alojamiento y July lo acompañó, los llevaron hacia una suite, July se quedó sin habla al observar la belleza del lugar, el interior era total y absolutamente lujoso, la alfombra era increíblemente suave, toda una delicia para los pies, al punto de que no pudo evitar una mueca de satisfacción. La sala era espaciosa y lo único que parecía fuera de lugar era el equipo de oficina que por órdenes del castaño había sido instalado temporalmente en una cómoda mesa de trabajo.
Su guía les mostró todo el lugar, había un mini bar, dos habitaciones, y aunque solo tenía un baño, éste era enorme, July notó que su maleta estaba colocada en la habitación más pequeña y parpadeó asombrada, ¿¡ACASO IBA A DORMIR EN EL MISMO LUGAR QUE KILLIAN!?