10.

1142 Words
Viviendo al fin los mejores momentos de todos. Eran mediados de diciembre y ya habíamos acabado los exámenes finales, todos a duras penas los pasamos. Habíamos descuidado los estudios por lo ocurrido con Mickey, así que nos fue difícil ganar los exámenes, pero lo logramos, creo que fuimos los peores, pero pasamos. Mickey iba a recuperar sus asignaturas a principios de enero y podría ganar el año también. Ese sí que era un milagro de navidad. Adriana tenía ya varios meses de embarazo, pero aún no se le notaba tanto. Martín sufrió mucho al contarles esto a sus padres, cambió de parecer al llegarle el remordimiento y decidió hacer las cosas bien. Como era de esperarse, casi que lo acaban, pero al final decidieron apoyarlo, no sin antes su padre darle tremenda patada. No tenían otra opción, pero le dijeron que debía empezar a trabajar de medio tiempo para los gastos futuros del bebé. Me seguí reuniendo con los chicos en las vacaciones, la pasábamos muy bien, pero… Mía no estaba con nosotros, no logramos localizarla a ella ni a su mamá por ningún lado. Mía tenía apagado el teléfono y en su casa no había nadie. Al parecer viajaron o algo en navidad y yo la extrañaba a mares, aunque esos últimos meses no fuimos novios, extrañaba su presencia, extrañaba verla con nosotros y escuchar sus comentarios, extrañaba su cabello largo, sus anteojos y esas miradas esporádicas que me daba. Deseaba besarla con todas las fuerzas esos días, pero me daba miedo hacerlo porque sé que se enojaría. Tenía que lograr que ella quisiera volver conmigo. Sé que eso no es lo que ella quería, pero qué más da, debo intentarlo al menos una última vez. El veinticuatro de diciembre sufrí el tercer ataque cardiaco del año, este fue menos leve que el anterior pero cada vez eran más frecuentes. No había visto aún a Mía en esas semanas y eso me tenía muy triste. Papá, Lorena y Lucía, pasaron el día de navidad conmigo en el hospital. Fue poco usual, pero la pasamos muy bien. Las enfermeras fueron muy permisivas y dejaron que entraran comida y cosas así a mi habitación. Fue realmente bueno pasar ese día en familia, vaya que me hacía falta compartir con ellos, incluso con Lorena. Los chicos me llamaron ese día y me alegró mucho saber de ellos. Vimos una rara película de navidad esa noche y papá me dijo que tenía algo muy bueno para mí en casa, las enfermeras no dejaron entrar los regalos. Eso me emocionó bastante, ¿Qué podría ser? ¿Será que me compró la bazuca que le pedí? Me dieron de alta dos días después, pero intensificaron los medicamentos que me estaban suministrando. Me dieron dos nuevos que me daban náuseas y estos, eran muy difíciles de tragar. Ese día que salí, los chicos me esperaban en casa y también mi regalo. Estaba muy ansioso por abrirlo, quería que ellos lo vieran. Estuve buscando el regalo por todos lados, pero no lo encontraba, Mickey estaba aún más impaciente que yo por saber qué me habían dado. -Maldita sea, busca más rápido Nathan.-Se quejó y exhalé. -Hago lo que puedo, infeliz. -Qué inútil y lento eres. Al rato entró papá y Mickey fue hasta el exigiendo que le diera la ubicación del regalo. -Le diré dónde está, pero solo si tú te vas. -Eso jamás. -Entonces no salgas a verlo. Dio la información necesaria, Mickey abrió la puerta y salió lo más rápido pudo, se veía chistoso intentando ser rápido con el bastón que usaba. Todos salimos detrás de él. Papá me había comprado una camioneta negra y no era cualquiera, era una única y yo no lo podía creer. Solo deseaba que Mía hubiera estado ahí conmigo en ese momento. -Papá, en serio, gracias. Esto es increíble. -Deberías ser mi chico Nathan…-Me dijo Mickey para enojar a mi padre y lo logró. Papá le pegó en la cabeza y él, rompió en risas. Algo me decía que Mía estaba de viaje, lo suponía. Podía estar donde algún familiar o quién sabe dónde. Ya que a Martín y yo nos gustaba acechar, le dije que necesitaba saber dónde estaba ella para enviarle al menos una carta hasta allá. Me dijo que la rastrearía por el GPS de su teléfono o encontraría algún modo de saber dónde estaba. Este método me sirvió para acecharla sin que lo supiera antes. Sí, nunca dejé de ser un acosador mezquino y detestable. Quería que supiera que la extrañaba y que me moría por volver con ella. Debí decirle todas estas cosas cuando estaba aquí, intentarlo más veces, pero era tarde ya y por nada del mundo voy a perderla para siempre. Ella volverá a ser mi chica como sea y esta vez no se irá de mi lado jamás. Ese mismo día me dijo que encontró dos posibles lugares donde ella podría estar. Estaba afuera del país, ¿qué hacía tan lejos? Nosotros vivimos en una ciudad costera en Colombia y ella estaba en un pueblo en las afueras de argentina, extremadamente lejos. No sabía que tenía familia o amigos por allá. Desde esa noche, le envié cartas a las dos direcciones, le enviaba las mismas a las dos. En algún lugar se iban a extrañar de ver que llegan tantas cartas para una chica que se llama Mía, pero en otro lugar, sé y quiero creer que ella las recibirá, las leerá y pueda ablandarse un poco para cuando vuelva, así tal vez quiera volver conmigo. Le envié una carta diaria con todo lo que sentía, todas eran bastante largas y hasta le enviaba fotos de nosotros. El último día del año estuve con mi familia unas horas y el resto del tiempo, fui a la casa de los hermanos, hicieron de nuevo una fiesta, pero de fin de año. Estaba llena de gente y fue asombrosa, una de las mejores fiestas a las que he asistido. Solo faltaba mi chica. Mucha gente de la escuela estaba ahí, todos la pasaron muy bien e incluso veía que Mickey le coqueteaba a Santiago. No bebí porque el doctor me lo prohibió. Cuando faltaban cinco minutos para la medianoche, Martín nos dijo que subiéramos todos a la azotea para encender fuegos artificiales a las doce en punto. Todos corrieron y yo ayudé a Mickey a ir rápidamente. Llegamos, Martín se encargó de encenderlos y llegaron las doce, todos gritábamos celebrando y se empezaron a escuchar las explosiones de los fuegos artificiales, ese fue un momento increíble. El mejor que viví con ellos, todos gritaban, Martín cantaba una canción de lo ebrio que estaba y miré hacia atrás, vi a Mickey abrazando a Santiago por detrás, ambos sonreían como tontos. Poco después de eso, volvieron a juntarse y nunca más volvieron a separarse. 
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