7.

3069 Words
En el concierto de Aerosmith. Llegó el cumpleaños de Mía, era el mismo día del grandioso concierto. Ansiaba ir, no podía dormir pensando en ese día tan glorioso. Ella sabía que iríamos, pero cuando le dije que sería en la noche de su cumpleaños, se puso muy feliz y me sentí muy bien por hacerla sentir así… Luego recordé a Lauren y como siempre, mi conciencia empezó a atormentarme. Nunca dejé de sentirme culpable por lo que sucedió, estaba completamente arrepentido y juré que jamás volvería a engañarla, ni aunque quisiera, podría hacerlo, aunque dudo que llegara a querer algo así. Lo que sucedió la otra noche fue enteramente por los tragos, yo no soy de esa manera y, además, amo tanto a Mía. La amo, por Dios, no puedo ni pensar en algo así. Estoy tan deprimido. El concierto era justo el 29 de septiembre en la noche. En la mañana de ese día, Mía salió a comer con su mamá porque no quería ver a su papá. Ella decidió no hablarle y al menos, él respetó su decisión y le dio su espacio. Ese día en la mañana, iba a salir a recoger unas camisetas que mandé a hacer para esa noche, una era para Mía y la otra era para mí. Ambas eran negras y tenían estampados insultos bastante ofensivos que me resultaban graciosísimos. Yo iba conduciendo el coche de papá, quería llegar rápido a la tienda porque me estaba sintiendo mal. Desde que sucedió lo de Lauren, volvió ese horrible dolor en el pecho, sabía que estaba bastante mal de salud y me daba miedo sufrir otro ataque cardíaco, así que traté de no pensar mucho en eso y, sobre todo, tomé cuidadosamente mis medicinas, quería evitar ponerme mal de nuevo. Sería lo peor que podría ocurrirme justo ahora. Cuando estuve internado meses atrás, el doctor me dijo que yo no sobreviviría a un segundo ataque cardíaco. La vez pasada fue fuerte, pero un segundo, me mataría. Puede que ahora mismo sea una persona detestable, pero no creo merecer morir. Después de recoger las camisetas, me subí de nuevo en el auto y vi que me había llegado un mensaje, era de Lauren: El otro día, dejaste tu cargador en casa. ¿Te lo llevo o? -Pasaré en unos minutos por él.-Ya decía yo que se había esfumado, ni recordaba haberlo llevado, es que no recordaba prácticamente nada. No quería ver nunca más a Lauren. Bueno, sé que ella no hizo nada mal en sí, no se me insinuó, no sé ni bien cómo eso pudo suceder y a pesar de que noté que cuando despertamos, parecía que se sintió bien el ver el trato que le di. Creo que su problema, es que la han tratado como la mierda y lógicamente yo no haría algo así, con ninguna mujer, pero, de igual manera, aunque llegase a gustarle, nada sucedería. Mía es todo para mí, no hay forma de que vuelva a hacer algo como eso y mucho menos, que considere la opción de salir con otra persona. Llegué a eso del mediodía y no tardó mucho en abrir, me dijo que, si quería pasar, pero negué de inmediato con la cabeza. Por lo que sólo se limitó a entrar a recoger el cargador, y me lo entregó. -Mmm, ¿y tú por qué me miras de esa manera? Como si te hubiera hecho lo peor. -No te miraba mal, simplemente estoy pensativo. -Supongo debes haberte estado sintiendo mal por lo que pasó.-Asentí, sin mirarla.-Bueno, creo que fue mi culpa por sugerir que bebiéramos. Lo lamento mucho. -No es tu culpa, creo que ni lo recuerdas. -Recuerdo lo suficiente.-Dijo con una leve sonrisa.-¿Sabes? Habría sido lindo que no estuvieras saliendo con alguien. -Mmm. -No te preocupes, no voy a inmiscuirme en eso. Que te vaya bien en todo. -Gracias.-Me di la vuelta, pero antes de irme, ella me llamó por mi nombre. -Nathan. -¿Sí? -Lo que sí creo, es que en tu cuenta vieja, deberías borrar las fotos que subiste. -¿Qué fotos? ¿de qué hablas?-Pregunté alterado. -No lo recordaba, pero lo hice ahorita al verlas. Subiste una galería completa de fotos de nosotros de esa noche, con sombreros puestos, y dos o tres, salimos besándonos o tú besándome a mí. -Mierda.-En verdad tomado soy de lo peor. Yo ni subo fotos, no uso r************* , solo la de Bill y la mía, la tengo abandonada hace muchísimo, solo tenía un par de fotos y ambas eran de mamá. ¿Qué persona con sentido común subiría fotos semejantes? Corrí a la casa y abrí mi computadora, borré todas las fotos sin detenerme a verlas. Era una suerte que allí no tuviera a mis amigos agregados y por supuesto, a Mía tampoco. No la usaba, sólo tenía allí a mi familia y viejas amistades, como Lauren. En verdad esto me está atormentando, no sé qué hacer. Debo decirle lo más pronto posible, no puedo con esta carga. Ya luego de hacerlo, intentaré de mil maneras que me perdone, sé que lograré que lo haga. No sé cómo, pero haré que me perdone. No puedo imaginarme mi vida, si no es con ella. ---- -¡Good night América!- Gritó Steven Tyler y la gente no dejaba de gritar. Mía y yo estábamos felices, eso era algo que jamás iba a volver a repetirse. Estábamos muy cerca de la tarima y por primera vez en varias semanas, vi que ella sonreía. Con eso me bastaba para redimirme, solo por esa noche. Ya me martirizaría después.-Every time, when i look in the mirror… -Dios, Nathan. Esta es la mejor noche de mi vida. - Solo está empezando, será aún mejor.-La abracé por detrás y besé su cuello. Ella reía. Su aroma, era mi jodida cosa favorita en el mundo. Amaba besar su cuello, sus mejillas, su nariz, sus labios, sus manos, todo de ella.-Te amo tanto, mi amor.-Le dije y ella volteó a verme, pasó sus brazos por mis hombros. Me miró tan feliz, como nunca la había visto antes, y yo… quería llorar, no sé ni cómo pude aguantarlo. Me dolía el verla a los ojos, que me mirara tan feliz, con tanto amor, cuando no lo merecía. -Estoy tan enamorada de ti.-Dijo con los ojos cristalizados, tuve que inhalar hondo para no llorar en ese momento.-De verdad, te agradezco por elegirme y hacerme feliz. -Mía…-Se acercó aún más y me besó. Sabía que debía decirle, debía hacerlo, pero este no era el momento, ni el lugar, y menos, en su cumpleaños. Dios, no sé cuándo será el momento oportuno porque entre más tiempo pase, será peor y me odiará aún más por habérselo estado ocultando. El otro día, cuando por fin me comuniqué con ella luego de mi ausencia de más de doce horas, pensé que me gritaría o que vendría a casa directo a asesinarme, pero no, no fue así. Tuve que mentir, decir que estuve enfermo y yo… ah, era otra mentira, otra cosa por lo que debía pedirle perdón, si es que decide perdonarme y no me bota de inmediato. No puedo ni pensar en esa posibilidad, si Mía decide romper conmigo, yo… no sé qué quedará de mí después de eso. Es algo que no puedo ni imaginar. Después de disfrutar de las dos mejores horas de nuestras vidas, el concierto culminó y estábamos enloqueciendo. Fuimos a tatuarnos lo prometido y no, por supuesto no nos tatuamos mi nombre. Sería ridículo y, además, no merezco que ella haga algo como eso. Decidimos tatuarnos, sin que papá lo supiera por supuesto, un gato n***o, yo me lo hice en la parte de atrás del hombro, del lado derecho y Mía igual, pero en el lado izquierdo. Nos tatuamos exactamente lo mismo. Ella lo hizo, en honor a su preciado gato Pelmur y yo, también. La verdad es que ese gato es tan genial que merece gobernar el mundo. Siempre me mira con desprecio, huye cuando me ve y me muerde cuando intento agarrarlo, pero me parece estupendo. Luego, la llevé a su casa, donde la esperaban sus papás, compañeros y nuestros amigos. Querían cantarle el cumpleaños. En todo el concierto y camino a casa, ella estaba prácticamente sobre mí. Besaba mi cuello, me acariciaba y me tocaba… yo sabía que ella deseaba hacerlo, y por dios juro que yo también, no sé ni cómo resistí el deseo de desnudarla y tomarla, pero sabía que debía llevarla puntual a su casa. Le habían preparado una fiesta sorpresa, no podía hacerlos esperar a todos, pero eso sí, apenas la fiesta se acabe, no habrá poder humano que haga que me detenga de mis pecaminosos deseos. -Nathan, ¿subimos a mi habitación? ¿sí?-Dijo subiéndose sobre mí cuando estacioné, en frente de su casa. Afortunadamente, el auto tenía vidrios polarizados porque sería fatal que nos vieran así. La besé con ganas y abracé su cintura. Dios, tenía tanto deseo en ese momento, pero debía resistir. Sus besos calientes no ayudaban, y menos, el sentir su respiración agitada y la forma en que se movía sobre mí… Mía sabía cómo enloquecerme. -Está bien, mi amor.-Mordió mi labio inferior y suspiré.-Pero luego de que te canten tu cumpleaños. Tu mamá no nos dejará subir sin hacerlo. -Mmm, no sé si pueda esperar.-Empezó a desaprovechar mis jeans y yo… no lo pude resistir más. Me puse un preservativo y Mía, se retiró la ropa interior, afortunadamente llevaba una falda esa noche. Mordí su labio inferior fuertemente, cuando volvió a subirse sobre mí y entré por completo en ella. La besaba y Mía se movía con tantas ganas, me hacía enloquecer, todo, el lugar, el momento y entonces, le quité la blusa, también el sostén y lamí la punta de sus pechos. Esto pareció encantarle, porque empezó a moverse más rápido, más bueno. Yo sentía que volaba, no sé cuánto esto duró, pero cuando vi a Mía apretar mi cabello y gritar fuertemente mientras se corría, no pude evitar hacerlo también al ver así a mi chica.-Dios, me encantó. Nos vestimos y salimos del auto. Nos costaba caminar porque no podíamos dejar de besarnos. -Nathan, mamá debe estar esperándonos dentro. -Lo sé.-Me besó de nuevo.-Lo de ahora fue un adelanto, ahorita nadie te salva. Reímos con ganas y entramos a la casa. Gritaron y creo que me asustaron más a mí que a ella, nada la perturba. Todos corrieron a abrazarla, estaba toda la villa aquí al parecer, mucha gente. Había muchos regalos, comida y me sentía muy bien por ver que todo estaba saliendo de maravillas, ella estaba feliz y era todo lo que importaba, amaba verla así. Se veía bien, incluso su padre estando en casa, lo cual es mucho decir. Mis amigos por supuesto, estaban aquí. Jamás se perderían de una fiesta. Estaba sentado junto a ellos y observaba a Mía a lo lejos, conversar con mi hermana. No sé ni por qué la invitó, seguro cuando regresemos a casa, me calumniará y hará que papá me persiga por toda la casa, aunque puedo hacer algo mejor. Stevie estaba aquí, no sé ni por qué y podría decir que el Stevie se embriagó y se cayó sobre la madre de Mía. A veces pienso muchas estupideces. Después de una hora, su mamá estaba colocando unas velas en el pastel de cumpleaños, llamaba a todos, para que fuéramos a cantarle, pero no veíamos a Mía por ningún lado. Me dijo que iba al baño hacía más de media hora y no lo sé… hubo algo que me hizo sentirme extraño y fue peor aún, cuando vi a mi hermana Lucía, venir bajando por las escaleras de la habitación de Mía y su mirada… me miró tan decepcionada y en ese momento lo supe. Mi hermana debía saberlo, debió ver las fotos de mi vieja cuenta, estas permanecieron allí expuestas por varios días y ya me había lanzado una amenaza. ¿Será que… fue capaz? De inmediato, fui a buscar a Mía y cuando me aproximé a la escalera, miré y vi que bajó. Todos la miraban, esperaban que se acercara al pastel para cantarle por su cumpleaños, pero cuando la vimos, nadie dijo nada. Estaba envuelta en llanto y se acercó a mí, todos nos miraban y yo temía lo peor. Sentí mucho, mucho miedo en ese momento y mi pecho, empezó a doler. Podía incluso, sentir fuertes los latidos de mi corazón en ese momento. Golpeaba tan fuerte, como si quisiera salirse. -Nathan.-Se acercó a mí y podía sentir la mirada de todos puesta en nosotros, pero eso no era lo que me importaba. Nunca había visto tan mal a Mía antes y yo… no podía ni mirarla a los ojos, no al saber lo destrozada que debía estar por mi culpa.-Nathan, ¡te estoy hablando!-Gritó alterada y de inmediato, la miré. -Mi amor.-La llamé así, por costumbre y ella, parecía que quisiera pulverizarme. No podía escribir su mirada, se veía tan enojada, pero a la vez, tan triste.-Vamos.-La tomé por su antebrazo y fuimos a su habitación. No podía decir esto delante de todos, no podía humillar a mi mujer. -El día que me dijiste que estabas enfermo y no contestaste, ¿qué estabas haciendo?-Preguntó mirándome fijamente y yo, instintivamente desvié la mirada hacia mi hermana. Enarcó una ceja, mirándome completamente enojada y eso no hizo más que confirmarme que ella habló con Mía. No la culpo, probablemente creyó que yo jamás le diría y ella jamás alcahuetería esas acciones. No permitiría que destrozara a Mía, pero lo que no sabía en ese momento, es que yo sí iba a decirle, pero no hoy por dios.-¡Respóndeme! -Lo sabes, ¿no es así? -¿Saber qué? no sé nada, quiero que tú me lo expliques. No creeré nada hasta que tú me lo digas. -Mía…-Mi voz se entrecortó, no hallaba forma alguna en que pudiera decirle que besé a otra persona. Me avergonzaba incluso, el tener que decirlo. -Tú no harías nada que me hiriera, ¿no es así? Tú no eres de esa manera Nathan, tú no eres como los demás. -Mía… -Tú me amas, explícame, ¿sí? No puede ser lo que parece. -Yo…-No podía ni siquiera mirarla, no merecía ni que la viera a los ojos. Nunca en mi vida había estado tan nervioso antes. Inhalé profundamente, pero no pude evitar quebrarme. Las lágrimas comenzaron a salir y me limpié instintivamente, pero volvían a salir y no podía controlarlo.-Lo siento tanto… -Dios…-La vi llorar aún más y quise morirme al verla así.-Sólo dime algo Nathan, ¿te acostaste con ella? -No, ¡No! Te juro que no. -¿Entonces? ¿qué carajos? ¿por qué esas fotos Nathan? ¿son viejas? ¿son recientes?-Se detuvo un momento para respirar y yo, mordí mis labios. Nunca antes me había sentido tan mal. -Yo… está bien. Te diré todo.-Tomé sus manos, me tomé mi tiempo para acariciarlas. No sabía si podría hacerlo de nuevo alguna vez. Mía me miró a los ojos.-Yo me crucé el otro día con Lauren, es mi vecina. Antes solíamos ser amigos, pero eso se acabó de un momento a otro y el otro día me saludó, y quedamos para charlar. No sucedió nada en esa ocasión y hubo una segunda. Vimos un concierto y bebimos, demasiado, me excedí, ni sé porqué y yo… no lo recuerdo. No estaba en mis cinco sentidos, pero sé que nos besamos y… dormí esa noche en su casa. Desperté junto a ella. -Nathan… -No estuvimos juntos, eso sí puedo asegurarlo. No haría algo así Mía, te lo juro. -Nathan, ¿sabes que debemos terminar con esto que me estás diciendo? -No, no, Mía. Si me dejas, me moriré. No sabré qué hacer.-Intenté abrazarla, pero me impidió hacerlo.-No hagas esto, ¿sí? Por favor. Lo lamento. -Vete, no quiero verte más.-Dijo sin mirarme, estaba tan enfurecida, como nunca antes.-Lo peor… Dios, incluso ahorita, estuvimos juntos… y yo sin tener idea de nada. ¿Pensabas al menos decirme? -Sí, te lo juro, pero no quería arruinar tu día. Todos estos días no dejé de darle vueltas al tema, sabía que debía decirte, pero Lucía se me adelantó. -No pues, qué lástima.-La forma en que me hablaba… sabía que la había decepcionado por completo. -Mía…-Limpié mis lágrimas, pero era inútil, volvían a salir a chorros.-Yo… duré mucho tiempo intentando salir contigo, demasiado. ¿Crees que arruinaría todo por una persona que llevaba años sin ver? ¿por la que no siento nada?-No me miraba, no sé siquiera si me escuchaba. Tomé sus manos, pero me soltó y volví a tomarlas.-Mi amor, yo jamás me arriesgaría a perderte. Tú eres todo lo que quiero, tú eres mi sueño. -¡Mierda!-Se quejó.-Y yo que te creí, maldición. Yo estaba bien antes de conocerte, esto no es justo. Me acerqué a ella y limpié sus ojos. Evitaba mirarme, pero yo, al ver esa carita preciosa, tan triste por mí, no pude evitarlo y la besé, con ganas. No sé cómo, pero Mía no me alejó y la besé, y la besé y la besé. No sé cuánto tiempo duré besándola, pero cuando me separé un poco y besaba sus mejillas, Mía dijo algo que me destrozaría por completo. -Se acabó Nathan. -Mía… -No hay nada que puedas decir, se acabó.-Intentó arreglarse un poco, secar sus ojos y arreglar su cabello. Yo sólo la miraba, esto parecía un sueño, como si no estuviera sucediendo. Yo… no sé qué hacer ahora, no sé qué será de mí ahora. -Nathan, por favor, vete. -Está bien.-Por más que sintiera que moría por dentro, debía respetar su decisión. No podía obligar a hacer algo que no quisiera. Si no quería estar más conmigo por esto, debía aceptarlo.-Sólo espero que algún momento puedas perdonarme. Siempre te estaré esperando, mi amor. -¡Te odio! De verdad, actúa como si nunca me hubieras conocido.-Gritó empujándome, pero se alejó y bajó a la sala. Mandó a todos los presentes a la mierda, los echó sin piedad. Incluyéndome por supuesto. Esa noche perdí a mi chica y me perdí yo mismo, ya nada tenía sentido. 
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