8.

4385 Words
Problemas terribles a mi alrededor Esa noche después de ver a Mía tan mal por mi culpa, sabía que yo también me iba a poner mal, sabía que otro ataque vendría de nuevo en cualquier momento. Así de bien conocía a mi cuerpo y sabía que no soportaría algo como esto, era cuestión de tiempo. Entonces, fui a casa, necesitaba desahogarme con alguien y lo hice con papá, hablamos muchas horas y yo no dejaba de llorar. -Vaya, Nathan.-Dijo papá pasando su brazo por mis hombros.-No tenía idea de lo enamorado que estabas de esa muchacha. Creí que era algo momentáneo. -No, no lo era y lo peor es lo jodí todo. Me odio ahora mismo, siento que soy una basura. -Oye, hijo, no vuelvas a decir algo como eso, que te quede claro. -Pero, ¿cómo mas llamarme después de lo que hice? Destrocé a alguien que no le ha hecho daño a nadie, Mía no merecía que le hiciera algo así. -Nathan, no tenía idea de lo correcto que eras. Ya veo que Lucía exagera al hablar mal de ti.-Dijo y lo miré fijamente.-Es muy maduro de tu parte que asumas los errores. -Supongo… -Bueno hijo, pero sinceramente, sí fue algo malo, cualquiera habría reaccionado mal al ver que la persona que se supone que es tu pareja, se besa y duerme abrazando a otra. -Gracias papá, por recalcarlo. -¡Déjame terminar!-Se quejó.-Pero tampoco es que hayas hecho lo peor. Digo, fue jodido, pero tampoco tuviste intimidad con esa otra niña, ni es como que hayas planeado hacer adrede eso. De ahora en más, no quiero que bebas. Te hace enloquecer y es pésimo para tu salud, pudiste morir con tremenda cantidad que ingeriste. -Lo sé.-Quería dejar de llorar, mi cabeza quería estallar, pero no podía hacerlo. Notaba que debía verme como la mierda al ver cómo me miraba papá, tan triste por mí.-Sé que pudo ser muchísimo peor, pero de igual manera, Mía no quiere saber nada de mí. Tal vez hubiera sido diferente si yo mismo se lo hubiera dicho…-Me interrumpió. -¿Qué no le confesaste eso tú mismo? -No, Lucía fue la que le dijo. Yo estaba preparándome para hacerlo, pero por dios, ¿cómo hacerlo en su cumpleaños? -Mierda, esa niña…¡LUCÍA!-Gritó tan fuerte que tuve que tapar mis oídos, por poco me revienta los tímpanos. Me quejé y vi a Lucía aparecer de inmediato, creo que estuvo escuchando todo el tiempo al otro lado de la sala, porque venía completamente avergonzada y no podía mirarme a los ojos. -¿Sí papá? -Tú siéntate.-De inmediato lo hizo.-¿Quién te dio derecho a ti de meterte en asuntos que no te incumben? -Es que yo…-Intentó excusarse, pero papá la interrumpió. -Debiste hablar de esto primero con tu hermano, por dios. Mira ahora cómo está de mal, ¿te parece bien? -No, no…-Se acercó a mí y se sentó a mi lado. Me abrazó, apenada.-Nathan, lo lamento. Creí que actuabas de mala manera, que hacía tiempo salías con la vecina, pero no tenía idea de que había sido un accidente. No debí hablar con Mía, debí hacerlo contigo primero. -Ya está, ya nada se puede hacer. -Lo siento, en serio. Me siento muy mal.-Miré a Lucía, lloraba avergonzada y exhalé, sobé su cabello. -No te preocupes, sé que lo hiciste porque no querías que le hiciera daño a Mía. -Sí, pero… te ves muy triste, me da mucha culpa. Hablé por un rato con mi papá y con mi hermana, Lorena no quiso entrometerse, sabía que era más una cosa familiar. No estaba molesto con Lucía, sé que no tenía malas intenciones. Puede que pelee siempre con ella, siempre por estupideces sin importancia, pero sé que me quiere y la vi genuinamente mal al verme en este estado. En parte, creo que fue lo mejor que ella le dijera, porque por más que lo piense, no creo que hubiese sido capaz de decirle yo mismo y habría seguido con ese remordimiento por siempre. Mis amigos quisieron hablarme, pero me negué. No me estaba sintiendo bien en ningún sentido posible. No hallaba como dormir, como dejar de pensar, cómo dejar de sentirme tan mal. No había ningún momento en el día en que me sintiera bien, en que lograra tener ganas de hacer algo. Ni fui a la escuela esos días, sabía que si veía a Mía me pondría peor y no lo podría soportar. Estaba completamente deprimido, desecho. Nunca quise pensar en la posibilidad de que pudiéramos terminar y era absurdo que pensara de esa manera, era lógico que en algún momento podría ocurrir, pero podía ni siquiera imaginarlo, no con lo mucho que amo a Mía, pero ahora que sucedió… dios, no sé ni como sobrevivir un día completo. Lo más evidente ocurrió dos días después y papá me llevó de nuevo al hospital. Había empezado sintiéndome todo el día agitado, inquieto y me faltaba la respiración. En un momento dado sentí que mejoraba, pero sin previo aviso, tuve un dolor que avanzaba por todo mi brazo izquierdo y ascendió hacia mi pecho, de manera insoportable, y me desplomé, en la mitad de la sala, delante de todos. Desde ese momento pasé a estar internado, muchos más días que la ocasión anterior. Allí estuve por más de una semana y fue insoportable, estar en este lugar, no me ayudaba en nada al sentirme tan mal por Mía y quería irme, incluso intenté huir, pero papá lógicamente lo impidió. Debía consumir muchos medicamentos y cambiaron por completo mi dieta. Me prohibieron comer muchísimas cosas. Lucía me dijo que estuve a punto de morir, de nuevo. Mi corazón cada vez funcionaba menos. Parecía el de alguien de ochenta años, pendía de un hilo y es por ello, que el doctor dijo que debía mantenerme alejado de todo tipo de estrés, debía cuidarme en extremo y evitar cualquier emoción fuerte, pero ¿cómo haría eso? ¿cómo dejar de llorar de un momento a otro? ¿cómo hacer que mi pecho deje de doler de esa manera? Para cualquiera es fácil decirlo, olvidala y ya, tienes solo dieciséis, tendrás mil novias más antes de casarte, como dijo uno de los doctores que conversó conmigo, pero él no estaba en mi lugar. ¿Yo para qué querría tener mil novias más? ¿conocer más chicas? Con Mía lo tenía todo, y lo jodí, lo arruiné y no podía hacer nada al respecto más que odiarme por eso. Exactamente siete días después, aún estaba en el hospital y no veía intenciones de que dejarán que me fuera. Hacía los deberes de la escuela aquí y era irónico que estudiara mucho más estando hospitalizado que en la propia escuela. Creo que eso se debe a que traté de sumergirme lo más que pude en la escuela, en encontrar algo que hacer para no pensar. Por otro lado, Lucía estaba acompañándome en mi habitación, todos los días pasaba mucho tiempo aquí al igual que papá cuando salía del trabajo y Lorena también venía a diario. Mis amigos venían a veces después de clases. Lucía me entregaba la novela que debía leer de español: Doce cuentos peregrinos, cuando vimos que entró Mía a verme. Se veía preciosa y yo… no pensé que vendría a verme, Lucía salió dándonos espacio. No esperaba su presencia y el verla, me hizo sentir muchísimo peor. La extrañé tanto, pensé tanto en ella y ahora el verla así, tan preciosa, tan bella como siempre, me iba a hacer querer besarla, tocarla, pero no… ya no podía hacerlo. -Nathan.-Se acercó a mí y me miró preocupada.-No tenía idea de que te habías puesto mal de nuevo, nadie me lo dijo. -Les dije a los chicos y a mi hermana, que no te dijeran, no quería que te preocuparas por mí. -¡Ah!-Exhaló.-¿Quieres morir acaso? -¿Qué? -¡Era a mí a quién debías avisar de primera! -Mmm, creí que no te querías involucrar en nada que tuviera que ver conmigo. -Sí, sé que lo dije.-Desvió la mirada.-Pero Nathan, por dios. Pudiste morir. -Lo sé. -No soportaría que algo te sucediera.-Dijo en voz casi inaudible y mordí mis labios, sentí un enorme nudo formarse en mi garganta.-¿Te sientes mejor? -No ahora mismo, pero estaré bien. No debes preocuparte por mí, de verdad. -Mmm.-Abrió los labios un momento, pero luego los cerró. Se sentó junto a mi en la camilla.-¿Sabes algo? Estos días han sido muy malos para mí. -Lo siento.-Le dije y tomé su mano, no pude evitarlo.-Mía, no sabes cuánto te he extrañado. No hay un momento del día en que no te piense. -Nathan… -¿Será que… podrías no sé… perdonarme en algún momento? -Nathan… -Te extraño, estoy enloqueciendo.-Confesé y la abracé, limpié mis ojos. Sé que debía verme completamente patético y lamentable, pero eso era lo que menos me importaba ahora.-¿Podrías perdonarme? ¿sí? -Nathan… -Te lo ruego Mía, te necesito.-La abracé aún más, pero ella me alejó. Lo entendí, no me perdonaría.-Está bien, perdón por ser tan patético. No estoy muy bien estos días. -Estaré pendiente de ti, vendré seguido.-Asentí. Se despidió un rato después y suspiré. ----- Pensé que la separación con Mía, sumado a mis problemas, era lo peor que me podía suceder, pero no, estaba por lejos de ser lo peor. Esto, aún no había ocurrido. Ni me imaginaba lo que estaba por suceder. Pasó así todo el mes de septiembre y octubre, mi recuperación fue lenta y día cuidarme, pero estaba mejor, al menos de salud. Mía sí me visitó como dijo, pero empezó a disminuir sus visitas gradualmente y actualmente, ya no lo hace, lo cual me entristece muchísimo. Sí, soy tan tonto que tuve esperanzas, de que pudiera ganarme su confianza de nuevo en el tiempo que me visitaba, pero no fue así. Tampoco es que estuviéramos solos, siempre venía con los chicos y creo que lo hacía, para no permanecer ningún momento a solas conmigo. Por otro lado, papá ya se había casado con Lorena y se veía muy feliz con ella. La boda la celebraron a lo católico tradicional, ni sabía siquiera que papá había sido bautizado en esa religión. Nos sorprendió cuando supimos que se casaría por la iglesia, creo que fue por Lorena que es una mujer muy devota, y la fiesta la celebraron en un club. Fue bastante normal, pero fue la primera vez, que vi a mi papá tan feliz, en muchísimo tiempo. Lucía dejó de renegar, también vió lo feliz que fue papá esa noche y desde allí, dejó de entrometerse en su relación. La felicidad de él, valía mucho más que su incomodidad ante la personalidad de su esposa, es que a fin de cuentas, a quién debía importarle eso es a él y no a nosotros. Entonces, por ese lado, todo marchaba de maravilla. Efectivamente, Adriana sí estaba embarazada y Martín cumplió con su palabra, dos días después de ver el test de embarazo, la abandonó de una forma muy cruel y me sentí mal por ella. De igual forma, él debía responder por el pequeño, pero creo que no quería ni conocerlo. Tenía un absurdo plan preparado en caso de que sus padres se enteraran. Dijo en palabras textuales que huiría de la ciudad si su madre llegaba a enterarse, porque lo pondría a hacer trabajos forzosos y peleamos mucho con él todos los días en la escuela. Nadie lo forzó a no tomar precauciones, debía ser responsable y no actuar como un patán con esa chica, pero eso no es lo que tenía en mente. Lo último que se le pasaba sería responder por ese bebé, que ya tenía un par de meses de gestación. Mía seguía saliendo con nosotros, sé que se hizo cercana con los chicos en el tiempo en que estuvimos juntos, incluso con Mickey, peleaban, pero dentro de todo, sé que se apreciaban y prefería pasar tiempo con nosotros que incluso, con los amigos que tenía antes. Me gustaba verla con nosotros, me reconfortaba un poco el poder ver su carita, pero no, no me hablaba en lo absoluto. Pasaba siempre a mi lado o estaba cerca, pero fingía que yo no existía y no podía hacer nada más que aceptarlo. Era muy difícil tener que verla todos los días y no poder besarla o tocarla, la necesidad de estar con ella se había vuelto tan grande que mi depresión no cesaba. Creo que me estaba obsesionando. Mía, incluso, nos acompañaba al cine, a las fiestas o a los lugares que frecuentábamos, todo igual que cuando éramos novios, pero yo tenía que conformarme con contemplarla de lejos por más que me sintiera mal. Debía respetar su decisión, no quería incomodarla estando rogándole o tratando de acercarme a ella, cuando me dejó muy claro que no lo hiciera. Por otro lado, algo raro estaba sucediendo. El primer lunes de noviembre, Santiago no fue a clases. Su excusa era que estaba enfermo y era verdad. ese día Mickey, Mía y yo fuimos hasta su apartamento a visitarlo y era verdad, se veía muy mal. Tenia fiebre, malestar y yo le bromeaba diciendo que se pilló el ébola que está de moda en estos días. Por algún momento creímos que lo pilló en serio, porque su papá estuvo en España, y sé que el ébola ya había salido de las fronteras de África y había casos en España, pero lógicamente, solo tenía un resfriado común. Aunque era divertido molestarlo con esto por lo paranoico que es. Luego, siguió faltando otro par de días, estaba algo delicado, pero ya el viernes estaba bastante mejor según nos dijo por teléfono, pero se quedó en casa para evitar cualquier malestar. Esa mañana, a nosotros nos tocaba el examen más importante del año, de este dependía si pasábamos a onceavo año, nuestro último año o no. Estudié muchos días, Lucía me ayudó a memorizar y me explicó todo el repertorio. Debo aceptar que cuando me lo propongo, puedo ser el mejor estudiante, pero siempre pierdo el tiempo haciendo cosas que no debo. Debía tener prioridades si quería ser alguien en la vida. Esa noche, como ya era fin de semana, aprovechamos para reunirnos y de paso visitar a Santiago. Yo iba solo, estaba caminado por el pasillo que conduce hasta el apartamento de él, pero algo sonaba mal, se escuchaban gritos bastante fuertes desde que me bajé del ascensor. Intrigado, caminé y lo que vi me dejó en shock. Estaba la puerta abierta, Santiago estaba en el piso, con la nariz rota, lleno de sangre por todo su rostro. Su mamá estaba ayudándolo a limpiarse y me sentí muy mal al verlo, ¿qué carajos había pasado? El no es de meterse en peleas ni mucho menos, es la persona más pacífica que he conocido nunca. Me acerqué para preguntarle acerca de lo ocurrido, pero escuché fuertes insultos y vi a Mickey forcejeando en el balcón con Isaac, allí también estaba Martín y un señor algo mayor que no sé quién es. Por el físico deduje que era el papá de los hermanos. No lo conocía. Llegué al balcón y no tardé en enterarme de que Mickey sorprendió a Isaac besándose con Santiago. Al parecer, lo hicieron aprovechando que no había nadie, pero Isaac mantenía su versión, diciendo que no fue intencional, que ninguno tuvo la culpa. Mickey estaba como loco, lo amenazaba con matarlo y nosotros tratábamos de calmarlo. Se empujaban, se golpeaban y no había fuerza humana que calmara a Mickey. Santiago se acercó, a duras penas como pudo, se veía terrible su nariz, tenía moretones por todo el rostro, no dejaba de disculparse y yo de veras le creía, de lejos se notaba que lo quería. No sé por qué lo hizo, pero se veía bastante arrepentido. No entendía como Santiago, después de ver lo mal que la he pasado por mi error, va y justamente hace lo mismo. No tiene sentido, ¿es que el resfriado le jodió la cabeza? Entonces, cuando Mickey los sorprendió, se puso histérico como era de esperarse. Santiago intentó pedirle perdón, pero en ese momento, Mickey le pegó tan fuerte que lo tiró al piso y le dio un segundo golpe que lo dejó en ese estado. No tenía ni idea de que él pudiera golpear de ese modo, es imposible de saber debido a lo delicado que siempre es. Siempre se jactaba de que no se involucraba en peleas ni nada similar, que eso era muy bajo para alguien como él, pero bien recuerdo que ya había agredido a Santiago antes. Es la segunda vez que lo hace. Luego ocurrió lo peor, después de los insultos y empujones, pasaron a los golpes, y eran en serio. Tratábamos de detenerlos, pero no había forma de hacerlo, lograban zafarse y volvían a agredirse. Luego de un rato, sacamos a la fuerza a Isaac del balcón, para evitar una tragedia, no era el lugar para una pelea ni nada similar. Él estaba en la puerta y Mickey seguía en el balcón, estaba sentado en el barandal dándole la espalda a la altura de atrás. Se quejaba como una niña. Pensábamos que todo había acabado, pero luego vimos la mirada de Isaac, juro que vimos a un psicópata en sus ojos, nos aterramos. Creo que ninguno de nosotros tenía idea de lo que Isaac sería capaz de hacer. -Cálmense todos ya, mejor me voy. A la mierda.- Nos dijo y dio unos pasos, pensamos que se marcharía, pero luego retrocedió y corrió muy fuerte hasta el balcón, frenó justo empujando a Mickey, lanzándolo desde un cuarto piso hasta el duro concreto que estaba abajo. Todos gritamos, no queríamos ni mirar. Estábamos en pánico, no sabíamos que hacer, esto no parecía real, que estuviera sucediendo. Los papás de los hermanos, corrieron de inmediato hasta abajo y todos lo hicieron también, yo me quedé en la entrada, estaba helado, en pánico, Mickey era mi mejor amigo... si muriera… no sabría qué hacer. Miré a Isaac, sonreía y me miraba. Saqué mi teléfono y le marqué a la policía. -No es necesario que los llames, yo también me voy con él.- Acto seguido se puso de pie en el barandal y no lo detuve, el en verdad me aterraba y no podía ni acercarme hasta él o de pronto intentaría hacerme daño, en estas instancias, no sabía de qué más podría ser capaz. Luego y sin previo aviso, también se lanzó, de una forma muy natural. Hasta teatral. Corrí hasta abajo, Mickey cayó sobre una camioneta que estaba estacionada afuera. Isaac cayó una pila enorme de hojas que habían recogido de los árboles, es un maldito suertudo. Ambos lucían terrible, pero Mickey se veía muchísimo peor, tenía su brazo derecho totalmente torcido y por la posición, se notaba que se hizo un daño en la columna, me dio miedo que quedara parapléjico o peor aún, muerto. Él estaba inconsciente y, por el contrario, Isaac tenía los ojos abiertos, le sangraba la cabeza, el torso, seguro que se fracturó ambas rodillas porque eso fue lo primero en impactar. Santiago estaba acostado al lado de Mickey, lloraba desconsolado. Sé que es difícil de comprender lo que él estaba sintiendo, pero me puedo imaginar un poco, tenía que estarse muriendo de la culpa por lo ocurrido y yo lo conozco, aunque no me lo haya dicho, sé que lo que hizo no fue porque no lo quisiera, aunque tampoco sabía por qué lo hizo, pero lo que sí es seguro, es que estaba arrepentido. El sostenía su mano, sin saber si él seguía con vida. Después de unos quince minutos, llegaron dos ambulancias. Los paramédicos dijeron que Isaac estaría bien, no como antes, pero que iba a sobrevivir. En cuánto a Mickey… no nos dijeron nada sobre él y yo temía lo peor. Debe tener muchísimas fracturas. Si la camioneta quedó destrozada con el impacto de su cuerpo, no puedo ni imaginar lo mal que debe estar. Me estaban matando los nervios, había mucha gente mirando, todos estaban impactados. Es que nadie iba a esperarse que algo como esto podría suceder. Sabíamos que Isaac tramaba algo, pensé que tal vez, intentaría flirtear con Santiago o algo así, no me hubiese sorprendido, pero ya hacer este tipo de cosas, intentar matar a alguien, esto ya es demasiado para ser real. No me cabe en la cabeza lo que hizo y menos, la forma en que se lanzó. Ya sabíamos que tenía tendencias suicidas, su brazo lo delataba, pero esto lo supera a todo. Llegamos al hospital, Martín llamó a la familia de Mickey y yo llamé a la novia de Isaac y le conté todo lo ocurrido, sin omitir detalles. Me dijo que debía contarnos muchas cosas. La policía llegó y empezaron a interrogarnos a todos, yo conocía a uno de los oficiales, era uno de los que investigaba mi caso, que por cierto, aún con los meses que han pasado, no habían querido cerrarlo. Sé que buscaban formas para inculparme aún, pero aún no habían encontrado nada en mi contra. Ya ni siquiera amenazábamos ni nada, eso quedó en el pasado. Incluso nuestros compañeros, ya poco recordaban lo sucedido. Pasaron tres días, dieron de alta a Isaac, las hojas no permitieron que se golpeara tanto, solo salió con unas cuantas fracturas leves y unas pocas contusiones, pero Mickey sí estaba grave, no despertaba y permanecía entubado. La policía se llevó a Isaac y nos interrogó a todos, dijimos la misma versión, todos por lógica lo culpamos y ahora estaba a disposición de los fiscales de su caso. Esperábamos que le dieran muchos años de cárcel, se lo merecía por lo que hizo y además, alguien como él, no debe estar afuera, es un peligro para la sociedad, no creo que sea la última vez que agreda a alguien y lo peor de todo, es que salió como si nada, no había atisbos de arrepentimiento en sus ojos ni nada, cero remordimiento. Karina, su novia, no se veía tan preocupada. Parecía que supiera que esto algún día iba a sucederle. Teníamos muchas cosas que preguntarle a ella, pero no era el momento, la preocupación no nos dejaba pensar en nada. Santiago estaba muriéndose esos días, no quería hablar con nadie, siempre estaba llorando y decía que si Mickey llegaba a morirse, el sin dudarlo, se quitaría la vida. No hallábamos forma alguna de consolarlo y que siempre repitiera eso, que se suicidaría, era horrible de escuchar. Yo también me sentía terrible, era horrible ver a mi amigo tan mal y no poder hacer nada al respecto. No podía dormir bien, casi no iba a mi casa, estaba en el hospital todo el tiempo en que no estaba en la escuela. Sentía que estando allí, Mickey iba a despertar y volver a ser el mismo de antes… no sé si soportaríamos su pérdida. Mía llegó ese día, alrededor de las dos de la tarde al salir de clases. Tenía puesto un vestido n***o largo, botas al estilo militar, un gorro tejido como los de siempre y sus anteojos… cómo la extrañaba, tenía muchos sentimientos encontrados, quería abrazarla porque ella es la única persona que podría hacerme sentir mejor, pero no podía hacerlo. Ella ya no era mi novia y si lo hacía, es seguro que me aventaría por la ventana por hacer algo semejante. ¿Será que ella también me extraña? Creo que nunca había extrañado tanto a una persona antes, bueno, a excepción de mi madre.… muero de ganas por hablarle, pedirle de nuevo que me perdone, pero han pasado ya varios meses desde que terminamos, y no sé si ella sienta algo por mí aún, pero no lo creo. Su mirada era distinta, ya no veía ese brillo en sus ojos al verme y poder reconocerlo, notar de lejos que no me quería, no como antes, me hacía sentir tanto dolor, era insoportable. Nunca más volví a hablar con Lauren, solo saludos cordiales y nada más, no había nada que pudiéramos hablar y, además, me recordaba a Mía, que si esa noche no hubiera ido a su casa, aún estaría con mi chica y no aquí, muriéndome. Cuando Mía entró, me miró unos instantes y luego desvió la mirada. Le preguntó a la mamá de Mickey por el estado de él. Se quedó un par de horas, la observé todo el tiempo mientras ella leía un libro en la sala de espera. No soporté más, me levanté por impulso, sin pensarlo y me senté junto a ella. -¿Cómo has estado?-Pregunté, tratando de sonar tan patético como me veía. -Digamos que todo está en orden, excepto por Mickey. Creo que hasta extraño discutir con él o que me grite. -Sí, lo sé… ¿fuiste a la protesta?-Estos meses hubo varias protestas de los movimientos que ella apoyaba, algunas veces la acompañé. Hasta extrañaba esos momentos. -Sí, sí fui y ahora estoy haciendo esculturas de cerámica. -Debe ser genial eso. -Sí, tal vez sí.-La miré unos segundos, ¿cómo es que cada segundo que pasa, puedes verte más y más bella? ¿es eso justo con las demás chicas del planeta? ¿Qué una sola pueda ser tan jodidamente perfecta? -Te extraño.-Le confesé y por impulso, necesidad, no lo sé, la abracé, con fuerza. Quiso alejarse, pero al final no lo hizo. Eso era todo lo que necesitaba para aliviarme.-Te extraño demasiado. -Yo también he extrañado que me aceches, Nathan.-La abracé unos segundos más y evité llorar como pude. Hace tanto no sentía tu olor ni tu calidez, tan solo eso me hizo sentir mejor. Ella no había ido antes al hospital, porque su mamá estuvo algo enferma, nada grave, pero ya se encontraba mucho mejor. Vi que estaba tan preocupada como nosotros y ¿quién no lo estaría? Mickey estaba en estado crítico, había muy pocas posibilidades de que sobreviviera y sí lo hacía, no creían que pudiera llevar una muy buena vida después de esto. Tenía varios traumas en su cuerpo y la fractura de columna, no sé mucho del tema, pero debe ser jodido.
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