Capítulo 3 - El granero

568 Words
Matías, el viejo, me pidió acompañarlo y luego de un viaje de al menos cinco minutos en un vehículo de campo (quisiera llamarlo tractor, pero es difícil pues solo de verlo al estilo tanque de guerra, pero construido con vidrio a modo de carrocería parecía otra cosa) estábamos en lo que me aseguró era su granero. Si me sorprendió el vehículo, lo que tenía frente a mí era otro nivel y Matías se dio cuenta. - Sabes, está ocurriendo justo lo que me dijo mi socio. Es extraño, tanto como él lo era. - Me hizo saber y eso solo acrecentó mi intriga. La puerta principal, un arco de dos metros de alto y cinco de ancho aproximadamente, era lo único dispuesto para ingresar pues el resto de la construcción, como loco ahí y horas después al echar un vistazo, estaba cubierto de vidrio oscuro, tan oscuro como para no permitir la visión hacia el interior. Adentro, los espacios dedicados al ganado parecían de lo más normal, lo que estaba acostumbrado, pero las especies que encontré para nada que lo eran. En el primer apartado vi una vaca, era una vaca estoy seguro, pero está era al menos tres veces más grande que las que conocía y llevaba conectada en las ubres, cuyo tamaño era el mío, un artefacto que permite la extracción de leche al por mayor. A su izquierda, la vaca era acompañada por cinco caballos que contrario a lo que ocurría con su vecina, eran de un tamaño más pequeño, como el de los burros y mi rostro debió de advertir sobre que necesitaba respuestas de Matías, que se animó a hablar, supongo que antes de tiempo. - Sabes, ahora las cosas son diferentes. Se necesitaban algunas modificaciones y se hicieron. Al principio, como en cualquier otra situación, la gente no entendía y hacia lo necesario para frenar lo que venía, pero el destino es tal que no permite oposición. Eso mismo le decía a Patricio, pero era rejego. Su carácter no le ayudaba mucho, por eso terminó aquí. - Hizo un silencio breve y continuo. - Me apostó que estarías aquí. Estábamos bebiendo en la fogata y vuelto loco me pidió que por una vez confiara en él. Con esa mirada estaba decidido a hacerlo, de hecho, siempre lo hice, pero no se daba cuenta, si no fuera así, ¿Por qué habría de permitirle pasar tantos años viviendo conmigo? Acaso soy el maldito Harry II. - ¿Harry II? - Pregunté - Si, ya sabes, el Rey inglés... - No lo sé. No lo conozco. - Dije. - Lo sé. - Respondió. Señalándome con el dedo me pidió que tomara asiento en una silla que parecía tener mucho tiempo ahí guardada en una gran mesa circular plateada llena de polvo, igual que las botas de Matías, y con un centro oscuro. - Aquí estuvimos esa noche, la última. - Matías habló mientras subía un interruptor. - Cierra los ojos. Apenas iba a hacerlo cuando desde la mesa surgió un fuego alto y con todos los colores que debería tener. Amarillo, naranja y rojo. El crepitar de las maderas bajo la mesa me tomó por sorpresa, pero no tanto como él hecho de que, aunque estuviera tan cerca no pudiera sentir el calor que se debería. - Tecnología, chico. - Me dijo el viejo mientras me veía con la misma sonrisa que al inicio.
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