Capitulo 6

2695 Words
Baram . —Gracias. —¿Comoda?. —Si. —Bien, ya subo. —rodeo el auto corriendo y subo estirando la mano hacia atrás—. Te tengo un regalito. —¿Si?. —Bueno... Espero te guste. —saco las flores y un balde de un litro llena de gomitas, caramelos y chocolates, sabemos todos en casa que la que este haciendo trabajos livianos es porque esta con el periodo, tengo cuatro hermanas, sé lo que es y cómo es. —¡Aaagggg, gracias!. —me abraza moviéndose toda—. ¡Me encanta Baram, gracias!. —Me alegra que te guste. —Rosas rojas y rosas... Deseo y amor. —me mira sonriendo—. Yo también te tengo un regalito, es un tontera pero quería dártelo. —¿Qué es?, lo quiero. —Esperaaaa. —saca una gomita comiéndola enseguida y de la cartera saca un sobrecito de papel—. Toma, espero no sea tan tonto. —Dameee, —sonriendo lo agarro viéndola fijo—. Deja que yo decida si es lindo o no. —Es que aunque no te guste vas a decir que es lindo. —Ay Dios, a ver qué es lo que te tiene tan nerviosa. —abro el paquetito sonriendo—. Me encanta que hallas pensado en mi Dai. —le doy una mirada fugaz divertido porque esta nerviosa viéndome, saco una pulserita de hilo con unos dijes bíblicos, una corona, un pez y un corderito—. ¿Tu lo hiciste?. —Sig. —Esta re bonita, pónmela... Soy zurdo asi que aca. —¿Eres zurdo?. —Si, con Oddi somos zurdos. —estiro la mano asi la pone, no dejo de verla a la cara. —Me pones nerviosa Baram. —No puedo dejar de verte, creo que vas a tener que acostumbrarte a que te vea. —Ya lo estoy, siempre estas viéndome... Pero no de tan cerca. —Ahora que salimos te voy a mirar, te vas a tener que acostumbrar. —termina de atarlo y sonrie. —Listo, te queda bien. —¿Y tu no tienes una?. —No, la hice para ti. —Bueno, esta me la dejo... Pero tienes que hacer una para cada uno asi tenemos igual. —Bien, ¿quieres que le ponga nombre?. —salgo de su casa asi buscamos dónde comer. —Si, ponle Daiana. —Aaayyyy. —No, de verdad lo digo, que tenga tu nombre. —Bien, entonces lo hago y la mía con tu nombre... Ay que ricoooo. —agarra la bolsa con las golosinas. —¿Cuál quieres?. —Convídame lo que quieras, son tuyos asi que el que quieras. —Bien, veamos... —agarra dos iguales, come uno y el otro me lo da—. Mmmm, que rico. —Mucho, no lo había probado. —busca mas en la bolsa convidándome—. ¿A dónde quieres ir a comer?. —Mmmm, podría ser pasta. —Genial, pero no se dónde venden. —Yo tampoco, busco con el celu. —agarro para el centro de la ciudad viendo que su celu esta trabado—. Ay perdón, no me funciona, es viejito y anda lerdo. —Toma el mío, la clave es mi dirección de la casa. —Bien. —voy hacia el centro de la ciudad sin saber bien dónde ir—. Aca encontré, ¿viste dónde esta la municipalidad?. —Si. —En la esquina. —Genial, vamos ahi entonces. —bloquea el celu y me lo da—. Estamos cerca asi que busquemos estacionamiento. —Ahi mira, y caminamos. —¿Segura?. —Si. —Bueno, caminemos. —estaciono viendo como Luis pasa de largo y dobla—. ¿Lista?. —Vamos. —rodeo ayudándola a bajar, se pone una camperita cortita y la carterita diminuta—. Ufff, no me pensé que iba a estar tan frio. —¿Quieres mi campera?. —me mira como que no sabe qué decir y me la saco—. Deja tu camperita en el auto y te pones la mía. —Dale, no me di cuenta. —No pasa nada. —sonrio cuando se pone mi campera, le queda por la cola de grande—. Mira, si fue hecha para ti. —riendo me mira—. ¡Ay Dios!. —¿Qué?. —Nada, ven. —agarro su mano apretándola—. Vamos que me dejaron hasta las once. —Bien, solo roguemos que tengan cosas ricas para comer. —Y bueno, si esta feo nos vamos a comer un pancho. —Trato. —llegamos a la esquina viéndolos a los dos esperándonos—. Hola chicos. —Hola preciosa. —Luis le da un abrazo y Agus un abrazo con nalgadas. —Pero que bella que estas nena. —Ay gracias, me haces tener verguenza. —Vamos, mira para adelante no mas. —Chicos, vamos a comer aca a dos calles. —Los seguimos. —vuelvo a agarrarla de la mano caminando. —¿Siempre vas con seguridad?. —Si, a mi tia Flor la atacaron hace unos meses y mis papás se pusieron mas intensos. —¿Le hicieron algo?, no me enteré nada. —Gracias a Dios no le hicieron nada, solo un susto, la siguieron pero todos se pusieron muy tensos porque fue como una persecusion y ella llamando a mi abuelo que se desesperó mucho, ¿acá dónde?. —Creo que es allá. —Bien crucemos... Cambiemos de lugar. —sin soltarla paso por atrás de ella cambiándole de lugar para caminar—. Mira que lindos muebles. —Son re caros acá. —quedamos parados adelante de una cama—. Pregunté acá cuando me compré mi cama. —¿Muy caro?. —Me salia casi el triple que otros lados. —Fua, ¿Tanto?. —No niego que aca hay cosas hermosas, mira allá. —vamos al sector de comedor—. Cuando nos casemos quiero una mesa asi. —me mira sonriendo—. Con muchas sillas porque tienes una familia enorme, nosotros somos tres. —Obvio, tu vas a elegir los muebles y cuántas sillas vamos a tener. —¿Miras tele?. —No mucho la verdad, pero quiero un tele grande para ver los partidos de mis primos. —A mi me gusta ver tele, así que apoyo la moción... Aaaggg, mira por Dios que belleza. —señala un sillón rosa—. Mi sueño. —Conozco una página donde venden todos retro pero a la vez moderno, Iva les compro un silloncito hermoso. —Entonces cuando nos veamos mas seguido y vallas a mi casa vemos esas cosas, o cuando oficialicemos. —De eso quiero que hablemos. —Bien, vamos a comer y hablamos. —Luis con Agus actúan como si fueran pareja también, pero por al frente de la calle dándonos privacidad—. Mmmm, ya se siente el olorcito rico. —Mira, yo como mucho así que le voy a entrar a full a las pastas porque es lo que mas me gusta. —¿Entonces el otro te hacías el tímido?. —riendo me abraza porque asiento avergonzado—. Ay no Baram, te moriste de hambre seguro. —Un poquitito no mas, nada para preocuparse. —Que loco que eres, come lo que debas comer, no hagas eso. —Tranquila que no lo hago mas. —Igual me parecía raro que comas poco... Mira el cuerpaso que cargas, una hamburguesita no te debe hacer cosquillas. —¿Y tú te cuidas o comes poco?. —Las dos cosas, intento mantener un peso estable, cuando veo que la ropa medio que me anda fallando le freno a la cosa, hace tres meses un pantalón me ahorcaba cuando me sentaba, cuando me pese había subido cinco kilos, así que ahí no mas a cuidarme y ejercicio. —¿Lo tienes controlado o es una obsesión?. —Yo creo que controlado, me peso una vez al mes o cuando siento algo raro en la ropa como te decía, después cuido si, no como muchas harinas ni dulces. —Y yo voy y te regalo un kilo de golosinas. —No pasa nada, como, me compro unos paquetitos de gomitas que con mi papá nos comemos uno cada noche, mi papá es dulcero, mi mamá es de lo salado. —Estamos igual, mis papás lo mismo... Bien, pasa. . ***** Daiana. . No hay mucha gente pero nos dan una mesa media incómoda para mi, que es en medio del salón. Me corre la silla así me siento, y me pone tan nerviosa como me mira, porque siento que si fuera carne para comer ya me hubiera dejado los huesos, y sonríe de una manera depredadora y a la vez tierna, porque si es verdad que no tuvo nunca nada es algo que va conociendo, yo no tuve nunca nada porque fui criada en una casa evangélica con mis papás que son buenísimos, nunca me prohibieron nada ni me permitieron mucho de otro, pero siempre estuvo y esta el tema s****l, ojo con esto, ojo con lo otro, esto no esta bueno, esto es malo, no es correcto, no es lo indicado, entonces como que le fui agarrando miedo a muchas cosas porque encima vi lo que mis papás me decían que no estaba bueno en mis compañeros de la escuela y que debían dejar para ser adultos responsables cuando eran solo niños con malas ideas, y ahora Baram me genera ese picor de miedo. —¿Todo bien Dai?. —Si, pensaba en lo de la tele, que decías que no mirabas mucho. —Ah no, el tele es un privilegio en casa, nos dejaban ver en ciertos horarios y solo si íbamos bien a la escuela, y eso quería decir que todos. —¿Si uno iba mal no veían?. —No. —riendo mira la carta que no me di cuenta que dejaron así que miro las cosas que ofrecen con precios de locos, no revisé eso cuando busqué—. Muchas veces era mi culpa que no veamos tele y con Ezem nos agarrabamos, llegamos a estar tres meses sin ver nada, y obvio que tampoco teléfono, encima ibamos donde mi abuela y le hace caso a mis papás, no la podíamos engañar... Quiero ñoquis con salsa boloñesa, ¿tú?. —Tallarines de remolacha con salsa blanca y panceta. —Uujjj que rico, de segundo plato me pido ese. —O pidamos lo mismo ahora y lo mismo después, ¿qué dices?. —Si, me encanta eso. —alza la mano sonriendo. —¿Ya están listos?. —Si, ella pide. —Ay, —no esperaba eso—. Ñoquis con salsa boloñesa los dos. —Bien, ¿algo para tomar?. —Yo soda. —Agua fresca por favor. —me saco la campera acomodándola en el respaldar. —Es re pesada la campera, pero re calentita. —Regalo de Fedo para mi cumple, y dime, ¿hija única porque no quisieron mas o porque no pudieron?. —Bueno, hubo un bebé antes de mi que murió, solo sé eso porque para mis papás es muy difícil hablarlo, y nunca le pregunté a mis tíos porque siento que es una falta de respeto, porque si ellos no me cuenta es porque no pueden sanarlo. —Me imagino que no, no soy papá y falta para eso, pero le pido tanto a Dios que no me haga pasar por ese dolor terrible. —Yo igual le pido eso. —casi no puedo verlo a los ojos porque me intimida un poco—. La cosa es que si no hubiera partido yo no estaría acá, siempre quisieron uno solo, y como él o ella partió me dieron la posibilidad. —ríe sorprendido por como lo digo. —Pero fuiste buscada y amada, no creo que seas un reemplazo. —No, para nada... Porque después de esa tragedia mi mamá me dijo que estuvieron a nada de separarse, y bueno, pasaron los años y hablaron bien si tenían o no, y mi papá dijo que su sueño de ser papá no había desaparecido, que era papá de un bebé con alas pero eso no le quitaba el querer otro, y aca llego yo a la historia... Pero no me siento un reemplazo para nada. —¿Muy jóvenes se casaron tus papás?. —Si, mi mamá cumplió dieciocho y a la semana ya estaban casados, y a mi me tuvieron a los veinticuatro mi mamá y mi papá veintiseis. —¿Y tú papá qué hace?. —Es enfermero. —Mira, no lo imaginaba. —Estaba re enojado porque no estudié, pero lo intenté y no se me dio para nada, y ahí llegué con ustedes. —Permiso chicos. —giro de reflejo y los veo a los chicos recibiendo su comida, que difícil la tentación para ellos que no son pareja y deben actuar como una—. Que los disfruten, quedo atento. —Muy amable, gracias. —Gracias. —sonriendo le pone queso—. Ey loco, déjame un poco. —Pelea que tengo siempre con mis hermanos porque soy medio angurriento. —Son siete, me imagino la pelea de que alguien no coma lo que quieres. —Toda la vida, mi mamá nos dice... La vida es una adaptación, pero era para que no peleemos de que otro quería la pata muslo y yo la agarraba. —riendo pruebo la pasta—. Pero me la hacen eh, porque esto es un ida y vuelta, saben que soy loco por las galletitas de arroz y me las comen todas, tengo que andar sacandosela de la boca prácticamente. —Son re locos ustedes, te vi pelear una vez con Ezem que quedé sorprendida. —¿Cuándo?. —me mira confundido. —Hace rato, pero escuché que alzaste la voz y Juana me dice, ya comenzaron... —sonríe sin dejar de comer—. Le digo, voy a ver qué pasa porque no paraban de discutir, y cuando voy tu mamá estaba en medio de los dos empujándote porque estabas sacado y tu hermano riendo, en eso la agarras a tu mamá y le dice, permiso mami, quédate aca... —se tira para atras riendo tentado—. Y lo levantaste del cuello nene, quedé sorprendida de la fuerza que tienes porque Ezem es grandote también, y como si nada hiciste pum... —estiro el brazo hacia arriba—. Y con la otra mano pum, trompada, y se agarraron re feo que no sabia qué hacer. —No tienes que hacer nada cuando pasa algo así, mi mamá lo aprendió porque mi papá siempre le decía, déjalos que se saquen las ganas, no te metas, y ella igual ahí... —Es que no le debe gustar ver a sus hijos pelear Baram. —Si, pero por mas que seamos hermanos somos dos personas diferentes que piensan diferente y tenemos nuestras diferencias... Y bueno, una vez peleando la tiramos a la miercales que cuando llegó mi papá nos hizo bailar una chacarera de la cinteada que nos dio, laaaa, como nos dio ese cristiano esa vez, nunca lo había visto tan enojado, pero con mi mamá también, porque le dijo, "te dije que no te metas, déjalos, mira como terminaste toda golpeada, tienes que pensar que eres una mujer pequeña y estos enormes". —Nooo, te hicieron bailar nene. —Ese se pasa de la raya, yo siempre le digo, tu te abusas nene, y ahi no mas me da por decirle nene. —Aaahh, pero tu buscas también. —Obvio, y ahora mi mamá o nos deja o si se esta yendo de las manos lo llama a Farik o a los chicos. —Pero tanto que pelean Baram, es impresionante. —No peleamos mucho. —Me refiero lo de llegar a golpearse entre hermanos. —Pero asi la relación de hermanos se hace mas fuerte. —Aaammm, que mentiroso. —Confía en mi mi amor, no voy a mentirte con esto. —Permíteme dudarlo. —Justo en el cora. . .
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