Capítulo 1

2133 Words
—Scarlett, baja a desayunar — Escuché la voz de mi nana. Suspirar. Me levanté de la cómoda cama y me dirigí al cuarto de baño de mi habitación. Me di una corta ducha, me puse mi toalla y miré mi reflejo en el espejo. Lo limpié con la manga de la toalla ya que estaba empañado por el vapor del agua caliente, al observar mis ojeras debido al constante insomnio por mis pesadillas bajé la mirada. Me puse la ropa interior dentro del cuarto de baño, fui a mi armario y saqué el uniforme del instituto. —Solo faltan dos meses — Murmuré poniéndome el uniforme. Me hice una cola de caballo y puse un poco de corrector en la parte de abajo de mis ojos para mis ojeras disimulares. Tomé mi mochila y mi móvil. Un día igual al otro, solo que con menos animo que los anteriores. Entré en la cocina y estaba mi nana, el mayordomo, mamá y papá. —Hola — Saludé por educación. —Hija — Sonrió mi madre, pareciera que esta mujer nunca deja de estar feliz, todos los días con la misma sonrisa, yo no lo voy a resistir, probablemente tendrán arrugas si no se hacen sus típicos cuidados en la piel. Me envió un desayuno a la deliciosa comida de mi nana. - ¿Te gusta? —Preguntó mi padre riendo. —Igual de delicioso que siempre — Contesté frustrada. —Parece que la señorita gruñona no soporta la monotonía — Bromeó mi nana. —Ya me acostumbré a la rutina —Puse mi plato vacío en el lavavajillas. —Tal vez si fueras más positivas no sería una rutina para ti — Aportó mamá. Solté un largo suspiro. —Llegaré tarde — Agarré las llaves de mi auto y salí de mi casa. Ya el chofer había traído mi coche a la entrada, entré en el y conduje a la casa de mi mejor amiga Natalie. Toqué la corneta y ella salió corriendo de su casa. —Mi madre está loca — Dijo al entrar al auto. Yo reí por primera vez en el día, esta chica siempre tiene un nuevo cuento. — ¿Ahora que paso, Naty?—Pregunté conduciendo al instituto. —Quería que le reventara un grano de la espalda y yo le dije, madre eso es asqueroso y ella me dijo, yo fui la que te dio la vida... Ya sabes lo típico, llegaste y me salvaste la vida. Esa señora nunca acepta un no de respuesta—Reí de nuevo. Estacioné el auto al llegar, nos dirigimos a la entrada del instituto y fuimos a nuestros casilleros, el de ella estaba a tres casilleros del mío. —Hola, chicas—Saludó mi amigo Mason. —Hola, Mason—Lo saludamos. Saqué mis libros de historia y cerré el casillero. —Hoy será la final ¿Vienen? —Preguntó Mason. Mason es capitán del equipo de futbol americano. —Claro que sí, mariscal de campo—Le contestó Natalie. —Deberías superar que soy mariscal, ya yo lo superé—Puso su mano en el hombro de Naty. —Sabemos que no, Mason—Reí. Cuando se enteró que era capitán gritó como niña y a todo el que le pasaba por alado le decía que era mariscal. —Chss—Me calló. Sonó el timbre de la primera clase y me dirigí al aula de historia de último año. Me senté en los asientos del medio y abrí mi libro. Empecé a oír la voz de la profesora y una que otra voz de mis compañeros, pero no les estaba prestando atención y así estuve hasta el último timbre de salida. Me dirigí a mi coche y Natalie subió después que yo. — ¿Me pasas buscando para el partido? —Preguntó mirándose en el espejo de su polvo compacto. —Está bien—Contesté y la dejé en la entrada de su casa. Me dirigí a mi casa y paré en un semáforo. Era una calle por la cual a esta hora no transita mucha gente. Lo siguiente que veo es como me apuntan con un arma fuera de mi ventana. Miró a la persona que me apunta y tiene el rostro cubierto. Pisé el acelerador pero dispararon en mis neumáticos dejándome en el medio de la calle. Salí del auto e intente correr, mi casa no está tan lejos. Varios chicos lograron atraparme y yo forcejeé. — ¡Suéltenme! —Exigí— ¡Pueden llevarse el auto! Nadie me respondía, lo siguiente que sentí es cuando ponen un pedazo de tela blanca en mi nariz y el fuerte olor invade mis fosas nasales, todo se vuelve n***o y dejo de luchar. Despierto somnolienta y adolorida, no veo bien las cosas pero intento levantarme, pero caigo de nuevo al piso. Estoy atada, vi las cadenas amarradas en un palo de metal. Miro a mí alrededor y hay varias personas hablando en el gran salón. —Despertó—Escuché una voz masculina. — ¡Auxilio! —Grité. —Chss, Chss—Se acercó un chico riendo—Nadie te va escuchar, no gastes tu energía, porque la vas a necesitar. — ¡Auxilio! —Intenté de nuevo y me dio una bofetada. — ¿Eres tonta? —Preguntó y miré a los chicos y chicas que estaban atrás de él. —No toques el trabajo­—Entró una persona a la habitación. —Lo siento, jefe—Se alejó de mí. Él chico que habló se acercó a mí, tenía una chaqueta de cuero negra, una camisa de cuello V negra y unos pantalones negros. Pude observar que tenía tatuajes por algunas líneas de tinta saliendo de su chaqueta de cuero. —Mi plan perfecto llegó—Tenía una sonrisa hipócrita que me repugnaba. —Bien hecho, chicos. —Se giró a verlos. —Este es el plan, la llevaremos fuera de la ciudad en las casas 4B y 7C, harán guardia. Hoy se quedara aquí el sujeto Dos, Cuatro y Seis y conmigo el Tres, Cinco y Siete. Quiero discreción ¿Bien? —Ellos asintieron—Si van a emborracharse no pueden abrir el pico...Porque si lo abren pagarán con su vida y saben que a mí no me falla el pulso—Asintieron. — ¿Sí qué? —Dijo más alto. — ¡Sí, señor! —Él asintió. —Prepara el auto Siete. Cinco y Siete ayúdenme—Se acercó a mí. — ¿A dónde me llevan? —Pregunté forcejeando las cadenas. —Será mejor que colabores, niña—Dijo la chica que me desamarraba, intenté soltarme y correr, pero el ''jefe'' me agarró entre sus brazos. —Compórtate, plan perfecto—Murmuró cerca de mi oído enojado. Taparon mi boca con una cinta gruesa negra que me impedía mover la boca. — ¿No hay nadie?­—Preguntó otro de los chicos. —Despejado—Dijo el jefe. Me llevaron a la fuerza a un auto y me metieron en la parte trasera, dos chicos se sentaron a mi lado, el jefe y la chica en la parte de adelante. Estuvo conduciendo por una hora y yo casi ni respiraba por la cinta en mi boca, miré al chico de mi lado y él me miró, observé la cinta con mis ojos para que entendiera. —Jefe, no puede respirar con la cinta, es la ansiedad—Pidió permiso el chico. —Quítasela, se la pondremos al llegar—Me la quitó a la fuerza. — ¡Maldición, me depilaste el bozo! —Sentí el ardor alrededor de mis labios. Él chico disimulo una risa. — ¿Podrías hacer silencio? —Pregunta la chica. — ¿A dónde me llevan? —Pregunté. —Les daré lo que quieran, pero ya déjenme en paz—Supliqué por mi vida. —Nos darás lo que pidamos de todas formas—Dijo el otro chico. —No hablen con el trabajo—Ordenó el jefe. —Sí, señor—Dijeron al mismo tiempo. — ¿Por qué siempre dicen eso? —Pregunté. —Se llama respeto, muñeca—Dijo la chica—Algo que las chicas como tú lo hacen por obligación. — ¿A qué te refieres con las chicas como yo? —Pregunté algo frustrada. — ¿Qué parte de no hablen con el trabajo no entienden? —Habló el jefe. —Se llama respeto—Le dije a la chica y ella me fulminó con la mirada. —No deberías enfrentarme... No me va bien con el respeto al trabajo—Advirtió ella. —Cinco—Le advirtió el jefe. —Me saca de mis casillas, lo siento. — ¿Qué no te saca de tus casillas?—Bromeó el chico de mi lado. —No me hagan ponerles cinta a ustedes también—Advirtió el jefe. Detuvo el auto en un lugar apartado de las casas, era como un bosque. — ¿Le pongo la cinta? —Preguntó el chico. —No hace falta, aquí nadie la oirá—Sonrió con hipocresía el jefe. Me bajaron del auto e intenté liberar mis manos, pero era imposible. La chica y otro chico tomaron mis brazos arrastrándome dentro del bosque. Corrió un gran escalofrió por mi cuerpo. — ¿Van a matarme? —Pregunté de golpe y el jefe me miró. —Por ahora, no está en mis planes...Aunque... ¿Quién sabe? —Me respondió. —Maldición—Murmuré mientras me arrastraban por el bosque, hasta llegar a una pequeña casa de un color crema y a su lado había un lago. —Bienvenida a tu nuevo hogar, niña—Habló con malicia la chica. Entramos a la casa y me tiraron al piso, retrocedí de reflejo mientras se acercaban a mí. —Arriba, niña tonta—Dijo uno de los chicos. Me levanté del piso con dificultad ya que mis manos están atadas en la parte trasera de mi cuerpo. —Llévenla a la habitación—Ordenó el jefe. La chica y uno de los chicos me subieron por las escaleras y había un largo pasillo, abrieron la puerta de la tercera habitación que estaba en el costado derecho y entramos. Había una cama vieja, una puerta que supongo que es un cuarto de baño, la puerta estaba algo rasgada, había una enorme ventana y una silla de madera algo vieja. —Te tocó la mejor vista—Dijo el chico abriendo la ventana—Pero la peor habitación. La chica sacó un cuchillo de su bota y cortó las cuerdas. Acaricié mis muñecas maltratadas y miré por la ventana, tenía razón, era una estupenda vista. Un hermoso lago en el cual podrías mirar su belleza horas y horas, flores coloridas rodeándolo y el hermoso cielo... Esto sería mejor si no estuviera secuestrada con un grupo de mafiosos, sería hermoso si estuviera secuestrada con mi familia...Con mi madre llenándome de alegría, alegría que nunca podré crear yo sola, alegría de la que solo ella sabe dar...Esa alegría que te da fuerza y te ayuda a continuar, la alegría que muestra cuando está teniendo una guerra por dentro, quisiera haber podido heredar eso de ella. Una lágrima salió sin permiso y rápidamente la limpié. —Si colaboras...La estadía aquí será más fácil, no nos quieres tener como enemigos, te lo aseguro—Me aconsejó la chica. — ¿Y es que acaso ya no lo son? —La miré con los ojos cristalizados. Ella suspiró y asintió. El chico salió de la habitación y la chica me miró. —Te traeré tu comida luego—Cerró la puerta y escuché como empezaba a cerrar como diez cerraduras, abrió una pequeña tapa cuadrada de la puerta. —Y...No intentes por la ventana, tenemos alarmas—Miré la ventana, ni siquiera estaba pensando en escapar. En estos momentos estaría con Natalie y Mason celebrando su victoria o si hubieran perdido diciéndole que la próxima lo logrará...Pero estoy en este maldito lugar con linda vista a un lago del cual nunca había oído. Estos son los momentos en los que me gustaría haberles dicho a mi madre y a mi padre lo mucho que los quiero a pesar de todo, de todas mis batallas ocasionadas por ellos, ellos son lo único que tengo, solo a ellos. Me senté en la silla y me prometí no llorar. —No seas débil—Murmuré—Llorar no soluciona nada y tú sabes bien eso, si así fuera todos mis problemas estarían solucionado...Pero lamentablemente la vida no puede cumplir todos tus malditos deseos. —Eso es cierto—Escuché la voz del jefe a mis espalda. Miré sobre mi hombro y había abierto la tapa de la puerta. —Venía a ver si esos tontos hicieron bien su trabajo—Volví mi vista a la ventana. —Si bien es tenerme mirando un lago sin ningún motivo, entonces sí, hicieron un trabajo excelente—Contesté mirando el lago. Escuché como abría las cerraduras y cerraba la puerta. Sus fuertes pasos se acercaban a mí y mi visión al lago fue interrumpida por una camisa y un cuerpo vestido de n***o. Mi vista estaba fija en su abdomen, pero sin analizarlo, solo quiero que quite su gran cuerpo hecho para nada de mi centro de visión. —Estaba viendo un lago sin ningún motivo—Levanté mi mirada a su rostro por primera vez. Se supone que debería sentir miedo porque tengo a mi secuestrador al frente de mis narices. —Pude darme cuenta de eso—Yo suspiré y me levanté. Me senté sobre la viaja cama y rechinó al poner mi trasero sobre el colchón. —Es algo vieja—Me dijo—Supongo no estás acostumbrada a estos lujos inexistente, pero lamentablemente no te metimos aquí pensando en darte lujos, te metimos aquí para que tú nos des lujos. — ¿Cómo podría yo darles lujos a ustedes? Yo ni siquiera tengo para darme a mi...Al menos es lo que yo pienso. Él soltó una carcajada sarcástica. —Tus padres son multimillonarios, tu eres multimillonaria, tu vales millones...Esos millones los queremos nosotros, te cambiamos a ti por los millones para darnos lujos ¿No es muy obvio? —Preguntó. —Pensé que no se hablaba con el trabajo—Cambié el tema. Él sonrió mirando sus pies. —Está bien, niña lista—Sonrió, creí que era niña tonta pero esta gente me confunde cada vez más. —No soy una niña, cumpliré 18 años en menos de dos meses y no creo que tu pases de los veinte—Rodé mis ojos. —Sí paso de los veinte, pero no te importa mi edad. —Tienes razón no me importa—Me levanté y me senté de nuevo en la silla. —Yo debería estar con mis amigos. —Sobre eso, el equipo de Mason ganó—Abrió la puerta. — ¿Cómo sabes quiénes son? —Se todo de ti, niña lista. Salió de la habitación y cerró las puertas. Esta noche será larga.
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