Capítulo 2

1486 Words
Las pesadillas me despiertan de nuevo. - ¡No! —Grite por ultima vez antes de sentarme de golpe sudando. El jefe, la chica y los dos chicos entran rápidamente en mi habitación con pistolas y cuchillos en las manos. Puse mis manos en mi pecho buscando aire. Cada vez son peores, se repiten una y otra vez en diferentes escenarios. Mi respiración era acelerada, escondí mi rostro en mis rodillas halando suavemente mi pelo intentando calmarme. - ¿Qué tienen? —El jefe se dignó a hablar. —Nada ... Mis típicas pesadillas —Murmuré sin aire. —Deben de ser terribles, casi nos matas de un infarto — La chica guardó su pistola en la parte trasera de su pantalón de pijama. - ¿No puedes respirar o qué? —Pregunta uno de los chicos. Empezar a necesitar mi inhalador, mi pecho se comprime y empecé a toser. Los miré —Inhalador — Murmuré. - ¿Inhala qué? —Pregunto la chica. - ¡Inhalador! —Gritó el jefe. - ¿Por qué nadie sabía que era asmática? - ¡Yo creo que tengo uno en mi habitación! —Corrió el otro chico fuera de la habitación, intenta buscar aire y tosía rítmicamente. El jefe puso su mano en mi espalda. - ¡Por qué te tardas tanto! —Gritó el jefe y el chico entró corriendo, el jefe me lo puso en la boca y lo oprimió varias veces, se lo quité de las manos intentando recuperar la respiración y los minutos comenzaron a hacer efecto, mi pecho estaba menos presionado que antes y tumbe mi cuerpo en la cama — Maldición — Murmuró el jefe. —Debes descansar —Me dijo la chica y yo levanté. —Después de las pesadillas no puedo volver a dormir ... O se volverán a peores. —Hijo las tres de la mañana, debes descansar más — Me dijo uno de los chicos. —Ya estoy acostumbrada, me quedare aquí viendo un lago sin motivo—Los miré y el jefe escondía una sonrisa, él era el único que entendió mi ironía. —Yo si necesito descansar, hagamos guardias—Opinó la chica. —Descansen, chicos. Yo me ocupo—Dijo el jefe. —Si es así, puedo quedarme yo...Para que tu descanses, jefe—Dijo la chica intentando ayudarlo. —Está bien, igual no podría dormir, preferiría ver un lago sin motivo—Yo reí en silencio. —Como quieras...Si quieres cambiar de turno despiértame—Salieron de la habitación menos el jefe. Subí mi rodilla para abrazarme a ella mientras veía el lago alumbrado por la luz de la luna. —Siempre me ha gustado ver este lago, aunque no haya un motivo especifico, solo te captura de una manera impresionante, te alimenta y te hace débil, afloja tus sentimientos...Yo lo llamé el lago de los sentimientos—Yo lo miré. Lago de los sentimientos es un nombre perfecto para ese lago, juro que podría pasar horas mirándolo sin pensar en nada, pero si lo observas con detalles afloja tus sentimientos completamente. — ¿De qué son tus pesadillas? —Preguntó acercándose más a la ventana. Permanecí en silencio, él lo notó y se giró para mirarme. — ¿No quieres decirme? —Sentí su mirada traspasar mi piel. Negué con la cabeza. Su teléfono sonó y miró la pantalla. —Once aquí—Contestó— ¿Ya salió en las noticias? Maldición fue más rápida de lo que pensé—Colgó y abrió la puerta. — ¿A dónde vas? —Pregunté sin dejar de mirar el lago. —Creí que te quedarías a ver un lago sin ningún motivo. Escuché su pequeña risa. —No es mi pasatiempo favorito—Cerró la puerta y yo miré sobre mi hombro la puerta cerrada. Abrí la ventana y me senté en el largo y grueso marco de la ventana. Cerré mis ojos intentando descansar sin dormirme... ¿Qué estará haciendo mi madre? Probablemente calmando a mi padre intentando no llorar y sonreír siempre, ocultando sus miedos... Como siempre. Miré el uniforme desgastado y sucio del instituto, la falda estaba rasgada, el abrigo estaba mugriento y la camisa tenia algunos botones abiertos. Miré mi muñeca y estaba mi coleta negra de repuesto, ya que la mía se había roto durante el secuestro, agarré mi pelo y me levanté para ir al cuarto de baño, era un viejo y asqueroso baño definitivamente. El inodoro era más viejo que mi tatarabuela, la cerámica estaba agrietada, había una regadera la cual estaba muy sucia y vieja...Si mi nana estuviera aquí, ya este baño estaría rechinando por lo limpio. Abrí el grifo del lava manos y mojé mi rostro, había un espejo roto en el que pude ver mi reflejo. Agarré una pequeña toalla y limpié mi rostro. —Scarlett—Escuché la voz del jefe. —Sí, jefe—Llamé su atención saliendo del cuarto. — ¿Jefe? —Arqueó una ceja. —Así te dicen—Me quité el abrigo, lo doblé y lo puse sobre la cama. —Mis trabajadores—Se acercó a mí y abrochó dos botones que estaba sueltos, yo separe sus manos tomando distancia y lo termine de hacer yo. — ¿Cómo quieres que te diga? ¿Secuestrador sin nombre? —Pregunté. —Suena misterioso...Pero llámame Once—Miré sus ojos y me di cuenta que eran color miel. — ¿Once? —Asintió. —Bien. —Te tengo que amarrar, voy a salir—Me dijo sacando unas cuerdas. Maldición, eso duele. Extendí mis muñecas que estaban llenas de marcas rojas que pasarían moradas y algunos raspones debido a las cuerdas. Él las miro, las acarició con su pulgar y miró mis ojos que estaban fruncidos esperado el dolor. Las amarró fuerte y yo solté un pequeño grito por el dolor. —Vuelvo luego—Salió de la habitación. Pasaron horas, yo calculaban que eran las doce del mediodía, hasta que abren la puerta de mi habitación. Me levanto rápidamente, me duelen las muñecas y tengo demasiada hambre. Vi a Once entrar con la chica. Once sacó una navaja y cortó las cuerdas, mis muñecas estaban inflamadas y de un color morado, él quiso tocarlas y yo me aleje de él acariciándolas. — ¿Piensan dejarme morir de hambre? —Les di la espalda mirando la ventana. —De hecho no—Escuché la voz de uno de los chicos que entró con un plato con restos de comida que seguro comieron ellos, tenía huesos de pollo sin pollos, migajas de pan y restos de espagueti, él me lo entregó y me dio un vaso de agua. Agarré solamente el vaso de agua y lo tomé apecho. —Wow, no dejaste ni para comer—Miré al chico enojada, agarré el plato de comida, abrí la ventana y lo tiré por la ventana. Él parece haberse enojado porque me empujó a la pared y me empezó a ahorcar. — ¡Respeta a tus superiores! ¡La próxima hare que te tragues los retos de comida como la perra que eres! —Miré a Once que estaba cruzado de brazos al igual que la chica. Me soltó y yo me alejé de él, cuando intentó golpearme, escapé a la esquina de la habitación y me golpeó la cara...Eso dejara marca. Me cubrí el rostro y me agarró el pelo de la cola de caballo lanzándome contra la pared y haciéndome caer al piso...Entonces esto es dolor físico, duele menos que el interno. —Basta—Ordenó Once y la chica me levantó del piso, pero yo me alejé de ella rápidamente con miedo. No dejé que saliera ni una lagrima, no le daría ninguna a estos imbéciles. Mi estómago gruñó de nuevo. Decidí ignorarlo, debería empezar a acostumbrarme. —Salgan—Ordenó Once. —Sí, jefe—Dijeron al unísono y salieron de la habitación. —Aquí las cosas no son como en casa, dame las claves de tus cuentas bancarias y las de tu familia—Me entregó un lápiz y un papel, yo los miré y luego a él. —No me las sé—Se los extendí. Él sonrió sarcástico. — ¿Me ves cara de estúpido? —Preguntó. Yo bajé la mirada. —Te estoy hablando ¡Si te pregunto algo, me respondes! ¡Me ves cara de estúpido! —Me gritó en la cara. —No, señor—Murmuré temblando de miedo. — ¡Dame las claves! —Fijé mi mirada en sus ojos. —Solo se las de mis tarjetas y probablemente ya no haya mucho dinero, juro que no se la de mis padre—Él escaneó mi rostro y yo mantuve mi mirada en sus ojos. —Bien, escríbelas—Me dijo y las escribí rápidamente. Le entregué el papel rápidamente. Yo giré hacia la ventana a mirar el lago. —No tuviste que tirar la comida... Morirás de hambre—Me dijo y yo me giré para encararlo. —Tal vez ese sea mi plan—Él se quedó unos segundos mirándome, asintió y salió de la habitación. Ya ha pasado un día y nadie entra en la habitación, me estoy muriendo de sed y de hambre. — ¡Auxilio! —Grité. Vi como la chica corría a la casa desde la ventana, a los segundos abrieron mi puerta y yo corrí a ella. —Cómo se atreven a dejarme sin agua aquí—Murmuré sin fuerza. —Te traeré la comida, espera—Cerró la puerta y minutos después entró con una jarra de agua y un plato lleno de sobras como el anterior. Tragué fuerte mirando el plato. —No puedes darme esto, me estoy muriendo del hambre—Supliqué y ella miró mis ojos. —Escucha—Murmuró—Nadie está aquí, te daré la bolsa de pan que acabo de comprar, pero no te atrevas a decirle nada a Once, porque me mata...Literalmente—Asentí rápidamente, ella fue a buscar el pan y me entregó una bolsa. La abrí rápidamente y me comí un pan rápidamente, igual que el siguiente hasta comerme cinco, quedaban dos así que decidí guardarlos. —Aquí —Me dijo abriendo la madera del piso donde había un compartimiento pequeño, los metí ahí y cerré la madera. —Gracias—Ella asintió y se llevó la bandeja. Serví un vaso de agua de la jarra y lo tomé a pecho. Me acosté en la cama y me acurruqué hasta dormirme.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD