Capítulo 3

1279 Words
SIETE DIAS MÁS TARDE Me desperté gritando gracias a las pesadillas. Definitivamente ... Esta es la peor de todas. Una vez que abrió la puerta y pude notar que estaba dormido por su cara de sueño. - ¿Acaso nunca paran? —Lo miré intentando recuperar el aire. Negué con la cabeza. Me levanté y tomé un poco de agua de la jarra que me dejaba diario en la habitación. Lagrimas salían de mis ojos e intentaba guardar silencio para que una vez no notara que estaba llorando. Limpié mis ojos rápidamente. - ¿Estás llorando? —Sentí su respiración en mi oído y me separé de reflejo. - ¿Son tan terribles? —Bajé la mirada. ¿Cuál es su problema? - ¿Acaso te importa? —Murmuré. —Me despierta todos los días a las tres o cuatro de la mañana, así que si ... Si me importa. —Deberías ignorarlas — Miré por la ventana y uno de los chicos estaba rizando con la chica ... Se nota que se gustan mucho. —Es lo que hace mi familia. El chico le acarició la mejilla a la chica y ella rio. - ¿Cómo se llaman? —Le pregunté una vez. Él miró por la ventana. —Ella es Cinco y él Siete — Miré sus ojos. - ¿Todos son números? —Pregunté. —Para ti si lo son ... Y él otro chico es Tres. —Creí que no debías hablar conmigo— Él sonrió mirando el lago. —Soy el jefe ... Hablo con quienquiera —Me miró. - ¿Qué logran teniéndome encerrada aquí? —La fortuna de tu familia — Tragué fuerte. —Sabes ... ¿Algo de ellos? —Murmuré mirando mis manos apoyadas al marco de la ventana. —Se todo de ellos —Miro su perfil rápidamente. —Ellos ... Ellos — Tartamudeé. —Si — Respondió antes de que terminara la pregunta — Están bien — Tenía su mirada fija en el lago — Por ahora — Me miró. Mi corazón latió más rápido de lo normal. —No les hagas nada—Supliqué—Hagan lo que quieran conmigo...Pero no a ellos—Ya no podía contener mis lágrimas. —Son lo único bueno que tengo—Susurré y fui al cuarto de baño. Me miré en el espejo...Ya no era la misma, estaba delgada, mis ojeras eran aún peores y mi ropa sucia del instituto no ayudaba en nada. Eché agua en mi rostro y me la sequé. Vi a Once viendo por la ventana con una mueca de asco. —Son asquerosos—Se quejó mirando a Cinco y Siete. —Deja de mirarlos—Me senté en la cama y mi estómago gruñó. —Muero de hambre—Acaricié mi estómago. —Debes esperar que comamos por si queda algo. —Ya lo sé—Me acosté sobre el incómodo colchón viejo. —Iré a regañarlos—Se dirigió a la puerta y salió. Fui a la ventana y los vi besándose apasionadamente. A los segundos Once se dirigía a ellos. — ¡Cinco y Siete! —Gritó y ellos lo miraron asustados. Se levantaron rápidamente. —Creí que dormías—Dijo Siete. —Me despertaron las pesadillas de Scarlett...Y veo por su ventana y le están dando una escena porno al trabajo, a sus habitaciones—Vi como entraban a la casa y Once se quedaba observando el lago. Miró hacia mi ventana y fijó su mirada en mis ojos. — ¡Ve a descansar! —Me gritó y yo abrí la ventana. —Sabes que no puedo hacerlo—Le dije y él se dirigió a la casa, a los minutos abrió la tapa pequeña de la puerta. Miré su rostro. —Vendré en la mañana a buscarte...Iremos a otro lugar—Me avisó y yo asentí. Abrieron la puerta y entró Cinco. —Te daré de mi ropa, no querrás apestar el auto del jefe—Me entregó un short n***o y una camisa blanca holgada con letras negras. —Dúchate—Me entregó una barra de jabón y champú. Entré en el baño y me quité el asqueroso uniforme del instituto. Abrí el grifo y deje que el agua cayera en mi pelo, le eché champú repetí el proceso varias veces hasta que quedó limpio al igual que con el resto de mi cuerpo. Me puse la toalla y agarré las bragas que me entregó Cinco y mi sujetador. Salí a la habitación ya que no quería verme en el espejo ni por accidente. Me cubrí con la toalla y puse la ropa sobre la cama para mirarla. Casi nueve días sin quitarme esa asquerosa ropa, mi padre nunca me dejaría usar ese tipo de short. Abrieron mi puerta y agarré mi toalla rápidamente. Tres me escaneo rápidamente. —Wow...Pero si el trabajito es muy sexy—Empecé a temblar de miedo cuando se me acercó. Retrocedí rápidamente y él me agarró el brazo haciendo que cayera mi toalla. Me miró todo el cuerpo y yo tragué fuerte, mi cuerpo no reaccionaba. Cuando me iba a poner sus sucias manos en mi frágil cuerpo empecé a gritar. — ¡Auxilio! —Me intenté zafar— ¡Once, Cinco! —Grité y entró Once y Cinco con sus pistolas, Tres me soltó rápidamente y yo empecé a llorar cubriendo mi cuerpo con mis manos. Me di la vuelta para que no me vieran llorar. —Jefe, disculpe, no lo pude resistir—Se excusó y yo sollocé. —Serás castigado por pecador—Dijo él. —Sal de aquí—Escuché como sus pasos se alejaban. A los segundos sentí una respiración en mi oído y el brazo lleno de tatuajes de Once me extendió la ropa. —Vístete, saldremos ahorita—Murmuró y yo levanté mi mirada a sus ojos y agarré la ropa. Él salió de la habitación con Cinco y yo me vestí lo más rápido posible. Me puse los zapatos negros del instituto y peine mi pelo húmedo con mis dedos. Miro el hermoso lago por última vez. A los minutos Once abre la puerta. Entra con cuerdas en las manos. —Te tengo que amarrar—Se acercó a mí y me puso de espaldas, amarró mis manos fuerte y aguanté un grito de dolor. — ¿No te gusta demostrar tu dolor? —Murmuró haciendo que se me erizara la piel. —Es estúpido hacerlo—Susurré y me giré. Él agarró mi brazo y me sacó de la habitación. —Revísala—Vi a Tres y su cara estaba llena de moretones y de sangre, casi ni se podía mover. Entró a la habitación y bajé las escaleras con Once a mi lado. Siete estaba besando a Cinco en la entrada. Bajé la mirada ya que yo nunca podre tener un amor como el de ellos. Nadie podría estar con un ser tan insignificante como yo, nadie soportaría mi malhumor y mi sensibilidad y mucho menos mi pasado. Vi como Once observaba mi reacción. Miré a otro lado. —Ya hablamos de esto—Interrumpió su intercambio de amor. —Ya prepare el auto—Dijo Siete. —Llévenla—Cinco y Siete me agarraron de los brazos. El miedo me invadió cuando me di cuenta que once no iría con nosotros. Mi corazón se empezó a acelerar y empecé a necesitar mi inhalador al sentir como mi pecho se comprimía. —Necesito un inhalador—Miré a Cinco y Siete corrió de nuevo a la casa. Varios minutos después de intentar que el aire volviera a mis pulmones se acerca Once corriendo con un inhalador en la mano, me lo pone en la boca rápidamente ya que mis manos están amarradas. Luego de unos minutos surge el efecto y me levanto. Once me mira. — ¿No iras...Con nosotros? —Murmuré sin poder evitarlo. —Nos vemos luego, Scarlett—No respondió mi pregunta, seguro le pareció demasiado estúpida. Su mano fue a mi mejilla y la acarició con su pulgar mirando mis ojos. Instantáneamente se alejó y Cinco y Siete me llevaron al auto. Varios minutos después paramos en una casa aún más lejos de la anterior. Era más grande y más moderna. Ellos me bajaron del auto y entramos a la casa. Había tres chicos y una chica. —Ellos son Uno, Dos, Cuatro y ella es Seis—Asentí mirándolos. — ¿Tienen su habitación? —Uno asintió y Dos y Cuatro agarraron mis brazos para subir las escaleras conmigo. Abrieron una de las puertas y entre. Había una cama matrimonial, una puerta que supongo era el baño una mesa y la ventana no era tan grande como la anterior, pero era del tamaño perfecto para pasar horas mirándola y había un silla con ruedas en la mesa. Cerraron la puerta y está también tenía esa tapa para comunicarse conmigo desde ahí. Noté que me dejaron las cuerdas puestas y ya me empezaba a lastimar las muñecas.
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