Con el tiempo Tatiana empezó a tener la necesidad de saber mucho más de él. Pero A no le contaba absolutamente nada de su vida, aunque quería saber absolutamente todo los movimientos de la vida de Tatiana.
Sin embargo Tatiana que no era tonta, hizo lo que en Argentina llamamos trabajo de hormiga, poco a poco empezó a recabar algunas pistas y algunos datos que se filtraban a través de las charlas con él. Por ejemplo tenía datos acerca del apellido materno ya que él lo usaba como parte de su apodo, llegó a saber acerca del sitio donde vivía (en que ciudad y estado), así como otras cosas.
Y así como quien no quiere la cosa (justamente) después de varios meses de arduas investigaciones, qué harían sentir envidioso a Michael Falcone, finalmente Tatiana pudo dar con la verdadera identidad de A.
Y como nuestra protagonista no pudo con su genio le mando un mensaje a través de f*******:. A ver qué hacía.
Por supuesto el jamás le contestó e incluso negó que él tuviese esa identidad (¿hasta tanto llegaba su deseo de privacidad o su mentira?), a pesar de que ella pudo ver fotos, de que pudo a su vez ver el f*******: de su hermano dónde también había fotos de A e investigar un montón de cosas más. El continuó negando que ese era su verdadero apellido y que esos eran sus verdaderos datos o su familia. Que esa era su historia verdadera, y la realidad de su vida.
Sin embargo era innegable que a partir de ese momento el comenzó a sentir cierta rabia aunado con el desplante que le había hecho a Tatiana en base a su manipulación ese día que adrede desapareció, hubo un quiebre en su relación, que se empezó a erosionar de a poco.
Habían pasado varios meses desde que venían chateando, y él tenía la promesa de en algún momento ir para la Argentina. Cosa que Tatiana esperaba ansiosa. Ilusa.
En este punto me parece que este relato merece un parate, pues hay algo a destacar que hizo la diferencia en la atracción de Tatiana hacia el tal A.
Una de las cosas que más habían atraído a Tatiana de A era que nunca en ningún momento de su vínculo virtual él le pidió un chat o alguna foto con contenido sexual... excepto una sola vez quisieron un videochat de esta clase pero fue la única vez en su vida de citas virtuales, en meses mis queridos y queridas, lectores y lectoras.
Esto lo hacía para Tatiana diferente a los demás, ya que ella muy habitualmente era considerada como objeto s****l a pesar de no tener, para ella, características que la hicieran objeto de ese tipo de afecto/efecto.
Volviendo a la cuestión del enfriamiento de la relación, ocurrió que empezó a mutar para bien...pero también para mal.
Tatiana consiguió el teléfono de A (el se lo dio, no piensen mal de nuestra heroína) lo cual le permitió poder mandarle de vez en cuando algún mensaje de texto (ya que era caro considerando que ella estaba en Argentina y él en Estados Unidos).
Por otra parte esa habitualidad que tenían y todo lo cotidiano de todos las días paulatinamente se fue perdiendo hasta convertirse en efímeros y escuetos encuentros por videochat.
El problema fundamental fue que Tatiana se había hecho dependiente de esos chats.
Ella lo necesitaba como quién necesita una dosis de su droga y al no tenerla esto la empezó a afectar, como se afecta un adicto cuando no tiene su dosis diaria
De una manera que ella no se había imaginado ni había visto venir de ninguna manera el cuento de hadas parecía haberse transformado en una pesadilla. O eso en ese momento parecía.