QUEJA Y DOLOR

1264 Words
Alfredo y el desconocido están dispuestos a subir a los pisos de arriba. Cuando Filomena les dice: — Esperen, sigamos tocando, quizás Ersaí nos abra. Alfredo le expresa a su esposa: — No, no, no, así como dice el señor, eh... — Olman, mi nombre es Olman Salgado. Alfredo coge el hombro derecho de su esposa, y le dice: — Filomena, no podemos esperar más, así como dice Olman, hay que subir. En seguida, Lucrecia le dice a Filomena: — No te entrometas Filomena, deja que ellos busquen la manera de entrar. — Ya, ya, ya, no me regañen más, hagan lo que tengan que hacer para entrar. En ese instante, Otros vecinos e incluido Orlando, llegan al lugar para preguntar qué es lo que está pasando, y Lucrecia se encarga de contarles lo que ella escuchó. Cuando Alfredo y Olman buscan la manera de entrar a la casa por los pisos de arriba... Alfredo se va para su casa, y desde allá se pasa al segundo piso de la casa de Ersaí, pero no puede entrar. Cuando los vecinos y Filomena le dicen que tenga cuidado. Al ver que Alfredo no pudo entrar, Olman le expresa: — ¡Baja!, vamos a tumbar la puerta. — Bueno, me parece bien. Alfredo baja, y con ayuda de Orlando, Olman y otros vecinos, tumban la puerta y ven a Ersaí privado en la sala, y todos entran a ayudarlo... Una hora después, Ersaí se despierta en una cama de hospital, y ve todo distinto, y mira sus dos manos que están vendadas, y se queja de mucho dolor... El médico entra a la habitación donde esta Ersaí, diciéndole: — Ah, ya despertaste, vamos a ver cómo están esas manos, las cuales fueron las que recibieron mayor daño. Ersaí calla. Cuando el médico se acerca a él, y toca su mano derecha y este se queja de dolor, y le dice al médico: — ¿No tiene algo para que estas quemaduras no me duelan? — Claro que sí, ya mismo le aplico algo para eso. Luego de aplicarle por las venas una inyección para el dolor a Ersaí, el médico sale de la habitación, y luego se va a donde están algunos vecinos que trajeron a Ersaí, y les dice: — ¿Quién de ustedes es familiar del joven? De inmediato, Filomena le responde al médico: — Ninguno, todos somos vecinos. Lucrecia y Alfredo le dicen al mismo tiempo al médico: — ¡¿Cómo esta Ersaí?! — Ya estable, pasará la noche aquí, y mañana le daré de alta. Alfredo le pregunta al médico: — ¿Cómo vio sus manos? — Las quemaduras fueron graves, pero a él lo favorece que es muy joven, y se va a recuperar muy rápido... bueno, los dejo porque voy a ver a otro paciente. Los vecinos de despiden del médico, y Alfredo se encarga de todo lo respeto a Ersaí esa clínica... Clínica Imbanaco, 6:10 am, Ersaí es dado de alta, y estando en las puertas de la clínica, le agrádese a Lucrecia, Orlando, Filomena y Alfredo. Cuando Lucrecia le dice Ersaí: — También te ayudó Olman. — ¿Quién es Olman? Lucrecia se queda unos segundos pensando. Cuando le responde: — Un amigo, él estaba en esos momentos en mi casa cuando escuchamos los gritos. — Cuando veas a tu amigo, dile que muchas gracias de mi parte. Alfredo le dice a Ersaí: — Vamos a casa para que descanses. — No, tengo que ir al trabajo. De inmediato, todos se quedan viendo. Cuando Filomena le dice a Ersaí: — Pero, ¿acaso no te ves? Tienes las manos quemadas y vendadas, no puedes trabajar. — Así es, solo voy para que el jefe vea lo que me sucedió. Todos entienden ese punto, y Alfredo se ofrece para llevar a Ersaí a donde trabaja, y este acepta... Minutos después, Alfredo y Ersaí llegan a la bodega, y desde el carro Ersaí ve a Hugo hablando con Alonso y con Frey, y le dice a Alfredo: — Ese es mi jefe. — Ah, se ve como buena persona. — Si. — Bueno, ve, yo te espero. — Señor Alfredo, no quiero que por mi culpa vaya a tener dificultades en su trabajo, mejor yo me devuelvo solo para la casa. — Tengo permiso, así que, ve que yo te espero. — Gracias. De inmediato, Ersaí se baja del carro. Cuando sus compañeros y su jefe lo ven con las manos vendadas, todos se preocupan. En ese momento, todos les preguntan a Ersaí por sus manos, y este les dice mirando a su jefe: — Esto pasó anoche, pretendí fritar una carne, y me resbalé con un frasco de aceite, que no vi a qué hora éste se me cayó e iba de frente a la paila de fritar, y para que mi rostro no se quemara, puse las dos manos, y este fue el resultado. Alonso le expresa a Ersaí: — Eso debió doler mucho. — Si, todavía me duele un poco, pero ahí voy. Hugo mira una y otra vez las manos de Ersaí, y le dice: — Tomate quince o veinte días de descanso, así no puedes trabajar. — Gracias jefe. Hugo saca de su cartera cien mil pesos, y se los mete en el bolsillo derecho del pantalón de Ersaí, diciéndole: — ¡Y toma esto! — De nuevo gracias jefe, yo se los devolveré con trabajo. — Aquí lo importante es que estos días te recuperes, empieza aprovechar que hoy es viernes, comienzo de fin de semana, para que comiences a descansar. — Si. Frey, Jair y Alonso, también le dan algo de dinero a Ersaí, y este siente la sinceridad de todos, y les agradece por ese gesto. Veinte minutos después, Alfredo trae a Ersaí a casa, y cuando este saluda a todos sus vecinos y entra a su casa, este no aguanta más y se queja de mucho dolor, y se tira al sofá a llorar porque extraña a su familia... Filomena toca en la puerta de la casa de Ersaí, y este se seca sus lágrimas rápidamente, y aguanta el dolor que tiene, y abre la puerta. En seguida, Filomena mira las manos vendadas de Ersaí, y le dice: — Aquí le traigo desayuno. — Oh, que amable es usted, señora Filomena. — Con mucho gusto, le traje buñuelos con chocolate. — Que rico, pero siga. — Bueno. Filomena entra a la casa y deja la bandeja de varios buñuelos y vaso de chocolate, y le expresa a Ersaí: — Esto fue con mucho cariño. — Gracias, ustedes han hecho mucho por mí, no tengo como pagarles. — ¿Usted cree en Dios? Ersaí queda como sin saber que decir. Cuando Filomena le dice: — ¿Qué fue? — ¿Por qué me pregunta eso? — ¿Dije algo malo? — No, es que mi familia me enseñó a no creer en Dios. Aterrada, Filomena le expresa a Ersaí: — Pues, yo no voy a una Iglesia, pero yo sí creo en Dios, te digo esto, para que le pidas a Dios para que te sane pronto esas manos. — Ah, ya. — Bueno me voy. En ese instante, Filomena sale de la casa de Ersaí, pero antes de irse, le dice: — Yo voy a estar trayéndote comida. Y cree en Dios. — Bueno, gracias. Lucrecia escucha todo eso, y se esconde para que Filomena no la vea, mientras Ersaí cierra su puerta y se tira de nuevo al sofá, y se vuelve a quejar del mucho dolor que siente...
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