No podía dejar que ese dolor escapara entre mis manos, ¿Qué podía hacer cuando ella hacía que mi maldito mundo cayera a pedazos, cayera a sus pies? ¿Qué debía hacer?
Escuché sus pasos acercarse hacia donde me encontraba, cada vez más cerca… Y cada paso hacia que mi corazón se rompiera un poco más cada vez.
—Lo lamento – susurró, no dije nada. Aun cuando quería gritarle por haberme hecho aquello, por haberse largado dejándome solo, me quede callado observando como aquella carretera se perdía a lo lejos y las hojas de los árboles se movían con el viento. No dijo nada más y escuché como daba media vuelta y avanzaba un par de pasos de regreso por donde había venido, volteé a verla en ese momento. Su falda gris bailaba suavemente contra el viento, tragué, lo necesitaba, yo necesitaba saber la verdad de su visita esa noche, de lo que había ocurrido hacía meses. Necesitaba que me dijera algo, algo que pudiera llenar el vacío, hacerme entender.
—¿Por qué? – fue mi pregunta, ella se detuvo procesando esas dos palabras y fue demasiado tiempo para ambos.
Mis manos volvieron a tener ese ligero temblor, las cerré en puños con fuerza tratando de mantenerme en una sola pieza, tratando de no caer en pedazos de nuevo, pero no podía, por más que lo intentará las lágrimas me inundaron de nuevo y corrieron libres por mis mejillas, haciéndome saber que no era lo suficientemente fuerte como pensaba o como en algún momento creí pensar.
Una fresca brisa alboroto sus cabellos en su espalda hacia un lado, yo solo observé como su semblante se relajaba rápidamente y guardaba ese estúpido silencio. Mi propio cuerpo tembló.
—Por esa noche – fue su respuesta, sin voltear, sin dedicarme siquiera una mirada camino de nuevo hacia la casa con prisa, fui yo quien corrió para alcanzarla, no podía simplemente irme así, no podía solo aceptar esa absurda respuesta sin más, luego de todo el tiempo que había pasado, de todas las lágrimas que me había hecho derramar noche tras noche, simplemente necesitaba algo más que eso. Siempre iba a necesitar mucho más.
Mi mano se cerró sobre su muñeca derecha con demasiada fuerza y ella se detuvo de golpe, pero siguió sin mirarme, veía al frente hacia la casa blanca que estaba frente a nosotros y al hombre que nos observaba desde el porche de ésta.
—Necesito que me digas… Necesito que me digas, ¿por qué? – murmuré a toda prisa, vi las lágrimas caer por sus mejillas, brillantes y llenas de dolor, sin embargo, continuó sin mirarme y se quitó mi mano de encima con un movimiento rápido.
—Por cometer el error de buscarte a ti, de entre todas las personas esa noche – eso fue todo lo que dijo y siguió caminando alejándose de mí, dejándome con esas palabras, dejándome con ese vacío de nuevo. Destruyéndome otra vez en tan poco tiempo.
Sonreí a la nada con amargura mientras mis manos volvían a temblar contra mi cuerpo.
¿Eso era todo? ¿En serio?
¿Simplemente había sido la persona que había buscado por una noche? ¿una sola noche?
¿Eso había significado todo mi dolor para ella?
¿Todo mi esfuerzo por buscar respuestas se resumía a eso a esas palabras?
Y por primera vez en tantos meses me tragué las lágrimas que amenazaban por caer. Caminé un par de pasos hacia la cerca blanca que rodeaba la casa algo inconsciente de lo que había sucedido, algo mareado y confuso, la observé de pie en el porche observándome en silencio en ese maldito silencio que me iba a consumir de ahora en adelante, durante días, meses… más meses, y ya no quería que fuera así, porque sabía que no iba a soportarlo, sabía que no podía quedarme de nuevo entre las cuatro paredes de mi habitación llorando su partida, ya no.
Y es que mi vida ahora estaba en sus manos y en su boca, en su cuerpo, en su olvido.
Caminé lejos, caminé lejos de ella, de mí mismo, de lo que en algún momento creí que significaba mi vida. Caminé lejos porque… porque me había quedado solo de nuevo.
Y sabía que iba a doler otra vez, yo no quería amarla y ella me había enseñado a odiarla.