SEGUNDA PARTE.
"ELLA"
…
[Ocho meses antes, porque ella lo buscó esa noche]
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Sus manos trazaron pequeños patrones en mi espalda desnuda, un escalofrío recorrió mi cuerpo con fuerza, lo escuché reír suavemente en el silencio de la mañana y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, apreté los ojos con fuerza y escuché sus pasos salir de la habitación hacia la sala.
Abrí los ojos de nuevo, la habitación blanca estaba bañada por la luz que entraba por las ventanas abiertas, un ramo de rosas rojas adornaba la mesita de noche a mi lado. Mi ropa aún seguía desperdigada por el suelo de madera, me senté en ese momento sobre las sábanas grises, mi cabello oscuro cayó pesado y sucio sobre mis hombros. Bajé los pies lentamente hasta el suelo, estaba frío aun cuando el aire que entraba era cálido, me estremeció. Sus pasos volvieron a escucharse en el corredor, un segundo después la puerta se abrió detrás de mí, me asusté. A pesar de que llevaba demasiado tiempo a su lado, no podía acostumbrarme a esa manera de vivir, a esos momentos de locura, sin embargo, algo dentro de mí disfrutaba también con todo aquello, algo muy en el fondo de mi mente se divertía con su estúpido juego, con su extraña vida. Me hacía sentir viva y me odiaba por ello.
Recorrió la estancia sin decir nada, sus manos estaban en los bolsillos de sus pantalones negros y miraba más allá de las ventanas al jardín donde las rosas crecían alrededor de la casa. Tardó un par de minutos antes de voltear a verme, sus ojos grises se clavaron en los míos, ese pequeño momento me hizo saber que algo malo pasaría, que me pediría algo cruel, pues sabía bien que había pasado demasiado tiempo desde el último…
- Debes buscarlo – susurró, mis manos temblaron, sabía a qué se refería, a quien se refería, y esta era la primera vez que tal vez yo deseaba hacer esto también más que en cualquier otra ocasión, pero, aun así, me asustaba porque sabía que no era la única que estaba obsesionada con buscarlo por fin, no, claro que no. Podía ver el brillo en sus ojos, y el ligero rubor que acariciaba sus mejillas pálidas, me tragué mis celos, me tragué la maldición que deseaba gritarle.
- Pero… - comencé, sacó sus manos de los bolsillos, y me sonrió, esa sonrisa que me causaba escalofríos, esa sonrisa fina y demasiado tranquila. Temblé.
- No, cállate. He esperado demasiado por esto, he esperado mucho a que decidieras buscarlo. Me he conformado con los demás, con los otros idiotas, ya no más, ¿entiendes? – hablaba en voz baja, controlada sus manos se apretaron en puños con demasiada fuerza, tragué.
Yo no quería lastimarlo, no quería.
- ¿Qué sucede? – preguntó cuando yo no respondí, se acercó lentamente y se arrodilló a mi lado, sus manos se posaron con suavidad sobre mis muslos desnudos y al igual que con mi espalda trazó pequeños patrones en mi piel pálida.
- ¿Vas a contestar? – y su sonrisa se extendió por sus delicados labios, amaba esa sonrisa. Amaba la forma en que sonreía, en que sus ojos grises me miraban, sin embargo, yo nunca era suficiente para él. Siempre necesitaba más y yo lo necesitaba a él. Pero… fue no hace mucho que un par de ojos verdes cambió nuestra vida, la suya y la mía. Todo esto se había convertido en una carrera silenciosa por conseguirlo, por saber quién de los dos se quería con él, con el chico de los ojos verdes y piel clara.
- Podemos… podemos pensarlo… - suplique, porque lo quería, había aprendido demasiado de él en este tiempo, me había ganado su confianza y vuelto su amiga y…
- No. ¿Quieres que sea yo quien lo busque? – dijo firmemente, y sus labios se posaron en los míos con cuidado, me perdí en ellos también.
Sus labios recorrieron los míos, mordiendo con fuerza y yo disfrutaba con ello, disfrutaba que me besara a mí y no al sabor de otra persona en mis labios.
Al final no importaba… los dos éramos iguales, los dos éramos basura. Los dos estábamos juntos porque estábamos mal, muy mal. Y lo peor es que lo estábamos disfrutando demasiado.
- Voy a buscarlo – susurre, se apartó un poco de mí, sus labios algo hinchados por el beso dejaron ver su más grande sonrisa, sus ojos grises me miraron con intensidad y tomó mis manos entre las suyas, las besó un par de segundos sin apartar la mirada de mí. Su cabello caía sobre su frente, lo aparté con mi mano y me odié en silencio por amarlo tanto, por caer siempre a sus pies, por estar tan mal.
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La lluvia caía con fuerza sobre el auto, podía ver la luz de su ventana encendida y una sonrisa cruzó por mi rostro, estaba comenzando a enloquecer. Me llevé ambas manos al rostro y lo froté con fuerza, sus manos frías tomaron las mías y las apartaron con tanta gentileza que me asustó, sin embargo, sonreía divertido, sabía lo mucho que disfrutaba de hacer aquello, de esperar en silencio hasta que volviera con el aroma de alguien más.
- Esperaré aquí – dijo, sus ojos ahora oscuros por la tenue luz del auto recorrieron mi rostro en busca de alguna duda.
- Sí – tomé su rostro y besé sus labios con furia, sonrió cuando me alejé con la respiración entre cortada y las mejillas rojas.
- Lo haremos en la bañera cuando vuelvas, ¿sí? – susurró a mi oído, sonreí y salí del auto.
Tardé 5 minutos fuera del auto dejando que la lluvia empapara mi ropa, caminé rápidamente hacía el otro lado de la calle hasta quedad frente a la puerta de su casa, todo estaba en silencio.
Sabía que todo aquello estaba mal, sin embargo, lo hice, toqué la puerta una vez… dos veces y esperé a que apareciera, esperé para destruirle la vida...