Él iba a dejarme.

1562 Words
[Vitya, su pasado] ---- - ¿Te duele? - susurró mi madre, sus ojos grises me recordaron una vez más que ya no se preocupaba por mí, pero hoy en cambio, algo en ella se esforzaba en hacerlo, en tratar de hacerlo, me estremecí. Sus manos tocaron suavemente mi brazo y su mirada dura se enterneció por un breve segundo, me aparté un poco de ella, su mano en cambio se deslizó con torpeza sobre mi largo cabello oscuro. - Vitya, ¿duele? - negué con la cabeza, por supuesto que dolía y dolía mucho, el amigo de mi padre me había roto un brazo y por más que... por más que grité y suplique, él simplemente lo hizo, luego me utilizo y se largó dejándome en el suelo, con sangre... con dolor... con un sentimiento a un más desagradable, odio por mí mismo. Las lágrimas cayeron por mi rostro, la mirada de mi madre se apartó de mí y sus manos también, yo tenía 14 años entonces. - No mientas, Vitya - la vi moverse por la cocina, luego sirvió un poco de sopa y lo dejo frente a mí, y se sentó - Ahora, come - dijo, prendió un cigarrillo y guardó silencio mientras observaba caer la noche por la ventana de la cocina. Comí en silencio, la sopa tenía demasiada sal... yo, yo solo quería volver a mi habitación, encerrarme, quizá de paso morir. Observé a mi madre, hacía meses que no salía de su sucia habitación, hacía meses que no escuchaba su voz llamándome, hoy, hoy solo estaba ahí, sentada frente a mí fumando un cigarrillo tras otro, con sus manos temblando pero no hacía frío dentro de esa cocina vieja. Mi madre... fue buena, mi madre alguna vez... alguna vez sintió amor por mí. Pero, entonces lo conoció a él, al que ahora era mi padre y ella... ella desapareció, él la consumió demasiado deprisa y me arrastraron a ello, me arrastraron sabiendo que todo eso era doloroso, era horrible. No les importó. Él me violó por primera vez cuando tenía 8 años, mi madre no dijo nada, aun cuando corrí a ella luego de que pasara, cuando mi ropa estaba desgarrada y había sangre, ella no dijo nada. ¡Nada, maldita sea! Recuerdo que ocurrió más de una vez, recuerdo que ella me bañaba y vestía después de eso, y una tarde simplemente susurró: - “Déjalo hacer lo que quiera contigo, por favor, o él... él lo hará conmigo... solo déjalo” - y yo, no lo entendí, yo... sufrí por no entender lo que ocurría, ¿qué se supone que debía hacer? Tenía miedo, siempre lo he tenido, incluso ahora. Incluso cuando Aki estuvo ahí. Miedo. Demasiado miedo. Ella me miró de nuevo, las ojeras bajo sus ojos eran de un color oscuro y sus labios estaban agrietados, paso una mano por su grasoso cabello y pude ver las marcas en sus muñecas. Esas marcas aje por años me atormentaron, pero, a la vez pensé podrían llegar a convertirse en mi vida de escape, solo necesitan ser un poco más valiente. Mi madre, ella... había tratado de suicidarse 3 veces en los últimos años, la culpa probablemente era lo que la consumía y en ocasiones, yo deseé con mucha fuerza que muriera, no iba a hacer gran diferencia, pero, lo ansiaba incluso en este momento lo ansiaba demasiado. Otras noches, deseaba que ella estuviera bien, que ella fuera la misma persona amable que preparaba galletas para mí, deseaba que me llevara lejos, que me alejara del dolor incluso de Aki. Y a veces, solo a veces, desee que ella viviera muchos años para que sufriera por lo que me había hecho, por lo que había logrado con su indiferencia, con su maldito egoísmo. - Vitya... - susurró, vi sus ojos llenarse de lágrimas, me mordí el labio esperando que continuara, que dijera lo que tuviera que decir y me dejara irme. - Vitya... tu cabello está demasiado largo, ahora te pareces más a mamá - y sus labios agrietados se curvaron en una sonrisa, sus dientes amarillos asomaron por un segundo. Me levanté de la mesa y corrí a mi habitación, cerré y lloré, lloré porqué jamás ella había dicho algo como eso, porque no quería, no quería parecerme a mi madre. No podía parecerme a alguien a quien había amado y luego odiado con demasiada fuerza. Me miré al espejo, los cortes en mi mejilla habían dejado de sangrar y los moretones comenzaban a desinflarse dejando un ligero color violeta en mi piel pálida, los ojos grises perdidos me regresaron la mirada asqueada, mi cabello n***o caía por mis hombros. Me asqueé, era verdad me parecía a ella. Tomé las tijeras y corté mi cabello, porque podía, porque jamás, jamás iba a parecerme a ella... no más. ** Aki me miró con sorpresa, luego se levantó de su asiento y caminó hasta mí, tocó mi rostro con suavidad los moretones habían empezado a doler, la oscuridad nos invadió por completo, podía escuchar los latidos de mi corazón con fuerza en mis oídos. Pasó su mano por mis mejillas mojadas, luego tocó ligeramente mis labios, con temor, yo retrocedí un poco. - Tu brazo... ¿fue él? ¿Fue el maldito de tu padre? - preguntó, yo temblé y él rodeó mi mano con la suya. Aki ahora lo sabía, aunque quizá siempre lo entendió. - El otro - susurré y caminé aún de su mano en silencio por el parque. - Ese maldito... - Hey, Aki, basta - murmuré, él volteó a verme, el rubor corría suavemente manchando sus mejillas, Aki era hermoso. - ¿Tu cabello? - y un leve gesto de dolor cruzó su rostro, apreté su mano con la mía por un segundo, sus labios se inclinaron por una sonrisa de lado, mi corazón se sintió mejor cuando él hizo aquello. - Fui yo - se detuvo, y caminó hasta quedar frente a mí, en esos viejos días él y yo no teníamos una gran diferencia de altura, podía ver su rostro a un par de centímetros del mío. - ¿por qué? - y sus manos tocaron los mechones cortos de mi cabello con tristeza. - ¿Por qué? - repetí, él espero en silencio mientras yo pasaba la mirada de su rostro a la calle solitaria, el viento recorrió los altos árboles, enviando una ligera brisa que avanzó por el parque en silencio. - Sí, pregunté por qué. - No lo sé, quería sentirme diferente - mentí, él sonrió de nuevo. Y tocó el yeso que envolvía mi brazo izquierdo. - mm... alguna vez... Vitya, alguna vez ¿vas a dejar de mentirme? - fue entonces que me paralice, fue entonces que me di cuenta que no podía engañarlo, que jamás lo había hecho y, no lo haría nunca. - Aki, por favor... - Desee conocerte en otro lugar, ¿sabes? Desee muchas veces que tuvieras una vida normal... Te he visto llorar por años, he visto como tus hermosos grises estaban siempre salpicados en lágrimas, sin embargo, a pesar de que sabía lo que pasaba con tus padres, no dije mucho... porque creí que tú me lo dirías, que tú tendrías la confianza de decírmelo... me equivoqué. - Aki... - Está bien. Todos los días, todos los malditos días tenías algo diferente, un brazo roto, un nuevo golpe en el rostro, una costilla rota o tal vez con mala suerte dos... Golpes nuevos, lagrimas nuevas, clientes nuevos ¿no? - Basta... - Vitya... no puedo simplemente ver como terminas, han pasado 4 años, 4 años horrorosos... nunca... nunca pensé que dolería tanto verte. Que me dolería tanto estar a tu lado, me equivoque también. - Por favor, yo... - Lo entiendo de cualquier manera, ¿sabes? Te da asco, te da miedo, a mí también. Pero... en algún momento ya no estaré aquí, Vitya, ¿qué es lo que vas a hacer? ¿Vivir así? Bueno, ¿fingir que vives? - ¿Qué? Guardó silencio, su mirada se clavó en la mía por un par de segundos parecía diferente, parecía que quería verme sufrir. Y por ese breve instante le tuve miedo. - Vitya... mi madre y yo, vamos a marcharnos por un tiempo a casa de mi abuela - susurró, mi corazón se rompió en pedazos... Mi corazón sencillamente se quedó callado. - Pero... Aki... yo... - susurré, él sonrió. - No puedo hacer nada más por ti ahora, Vitya. Perdóname. - Aki, no, por favor... no te vayas, no me dejes... mi padre, él... - Perdóname - me quedé callado también, Aki me hizo avanzar un par de pasos, había lágrimas cayendo por sus mejillas pero, las limpió con furia con la manga de suéter gris. Me senté sobre una de las bancas libres, bajo el reflejo de una lámpara, nuestras sombras se recortaron en el suelo. Aki tomó mi mano entre las suyas con ternura, la llevó a sus labios y la besó. Luego tomó con suavidad mi rostro y me besó. Sus labios recorrieron los míos con paciencia, y sin más se alejó. - Me gustas, Vitya, pero debo dejarte por ahora. Guardamos silencio. Ese doloroso silencio. Él... Él iba a dejarme. Igual que mi madre, igual que todos... él sólo se estaba deshaciendo de mí, sin muchas lágrimas, sin muchas explicaciones... Sonreí.
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