[Ocho meses antes, cuando ella huyó de él.]
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Corrí escaleras abajo, mis pasos levantaron ecos dentro de la soledad de la madrugada, las lágrimas aún caían por mis mejillas para cuando llegué al auto, Vitya sonreía, pasó su lengua sobre sus labios y yo temblé, no porque tuviera la ropa empapada o porque el aire del exterior estaba demasiado helado, no. Temblé porque sabía que había hecho algo malo, algo muy malo y Vitya lo sabía también, pero a él no le importaba, jamás le importaba.
—Sube ya —dijo en la oscuridad, sacó un cigarrillo de su abrigo n***o y lo encendió, dio una pequeña calada a él y regreso la mirada a mí, volvió a hablar,—¿vas a quedarte ahí toda la noche? Parecías feliz hace unas horas, ¿no? — y su risa inundó mis oídos, inundó la calle vacía.
Caminé rodeando el auto, abrí la puerta y entré, Vitya suspiró.
—Hueles a él… me gusta — dijo con una sonrisa divertida en su bello rostro, me encogí de hombros un segundo, Vitya tomó mi barbilla con fuerza y me hizo mirarlo, nunca había entendido cómo alguien tan bello podría ser tan cruel, como podía llegar a ser un monstruo, aunque no podía decir mucho sobre eso, pues yo también lo era.
—¿Qué? — y apretó mi barbilla con fuerza, me alejé un poco, pero él no soltó su agarré, me besó con fuerza, luego me soltó murmurando algo en voz tan baja que fui incapaz de oír.
Lo vi terminar su cigarrillo en silencio, clavé mis uñas contra las palmas de mis manos nerviosa, mi corazón ya trataba de escapar de mi pecho…
Sus palabras habían dolido, habían dolido demasiado, y me habían hecho lamentar todo aquello, aún podía escuchar su voz cargada de deseo y amor en la oscuridad, podía hacerlo y dolía, dolería siempre.
“—Te quiero”.
Ni siquiera había sabido como responder a eso, simplemente había guardado silencio con un nudo en la garganta mientras esos ojos verdes me miraban desde arriba, y acariciaba su mejilla con ternura.
Maldición.
Era una idiota, una idiota.
Vitya susurró mi nombre en ese momento, volteé a verlo, su segundo cigarrillo estaba en sus labios y podía ver la llama naranja iluminando tenuemente la oscuridad dentro del auto.
—Vitya… —susurré, sus manos se posaron en mis mejillas y presionó, lograba ver más ansiedad en su rostro de lo que alguna vez creí posible, temí su reacción si decía algo equivocado, si me descuidaba un segundo.
—¿Qué rayos te pasa? — dijo, encendió el auto y comenzó a conducir rumbo a casa, algo dentro de mí se rompió porque amaba a Vitya, pero algo con aquellas palabras y con esos estúpidos ojos verdes y esa noche me habían destrozado. Pero no podía mentir, había disfrutado mucho con aquello, había disfrutado de ser yo quien había estado con él esta noche. Y disfrutaría más el que Vitya fuera feliz por eso. ¿En qué momento había comenzado a enloquecer de tal manera?
—No es nada, volvamos a casa de una vez — respondí mientras me movía nerviosa en el asiento del auto, Vitya río divertido sabía lo voluble que me había convertido al estar a su lado, él no se molestaba por ello, Vitya simplemente observaba todas las facetas que tenía y se asombraba y yo esperaba que me amara por eso. En ocasiones ni siquiera yo me reconocía, Vitya sin embargo lo hacia todos los días por mí y eso a veces era suficiente.
Una hora en silencio antes de llegar a casa, una hora con mis pensamientos. Una hora a lado de un Vitya extraño, cargado de deseo y algo de locura, no… demasiada locura.
La casa estaba en oscuridad, Vitya me arrastró por los pasillos de madera ya conocidos de nuestra casa, el eco de nuestras pisadas se escabulló dentro de las paredes y los altos techos.
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Desperté.
El dolor recorría mi cuerpo, quería llorar, quería morir.
Una ráfaga fría entraba por la puerta que daba al baño, mi cuerpo desnudo tembló, y traté de buscar las cobijas con mis manos, el solo hecho de moverme un par de centímetros dolía, dolía mucho. Sollocé en voz baja, no recordaba mucho de lo que había pasado, solo a Vitya arrastrándome hacia la bañera para tener sexo juntos, luego de eso, todo era oscuridad en mi mente.
Me senté en el suave colchón blanco y ahogué otro sollozo mordiendo mis labios agrietados con fuerza, tenía la garganta seca. Una ligera brisa volvió a hacerme temblar, miré al frente, la ropa de cama estaba tirada en el suelo, pequeñas gotas de algo oscuro las manchaban, los cristales rotos de una botella y el jarrón de rosas rojas estaban desperdigados por todos lados, incluso en la cama.
Me lleve una mano al rostro y me frote con fuerza tratando de recordar, muchas veces pasaba esto, muchas veces perdía recuerdos y perdía horas de mi vida cuando me dedicaba a Vitya, rayos.
Sollocé de nuevo, podía ver los cortes en mis brazos y piernas, la sangre se había secado desde hacia horas al parecer, manchando mi piel pálida. Sollocé de nuevo cuando vi las marcas de los dientes de Vitya en mis muslos, en mis caderas, mis pechos … seguía sin recordar que habíamos hecho.
Un pequeño movimiento me hizo darme cuenta de que él estaba a mi lado, aun dormido. Lo observé con rabia y amor, me asqueé por eso. ¿Qué diablos me pasaba?
Respiraba suavemente, su frente estaba perlada de una fina capa de sudor y su cabello se pegaba a ella haciéndolo lucir mucho mas joven de lo que era. Aprecié sus finos rasgos demasiado pálidos, sus hombros anchos y sus caderas estrechas… Sus labios delgados, sus pómulos altos… lo toqué suavemente con las yemas de mis dedos porque me hacía sentir bien el tocarlo, olerlo, sentirlo cerca.
Hacía años que convivía con él, hacía años que le conocía. Hacía años que él y yo teníamos una relación espantosa, hermosa y extraña. Lamentablemente nos complementábamos demasiado y era, era… malditamente difícil separarme de él. Lo sabía cuándo lo vi por primera vez, sabía que iba a dolerme. Entendí que Vitya iba a destrozar mi vida, sin embargo, después de tanto aún seguía ahí con él, haciendo ese montón de cosas horrorosas y egoístas. Al final, terminaba por hacer lo que él quería aun cuando eso me condenara, nos condenara.
Vitya decía que era normal, que su vida no era diferente a la de los demás, pero… claro que era mentira, Vitya lo sabia solo era una excusa más, una maldita excusa para sentirse mejor.
Lloré en silencio.
Su voz detuvo mi llanto de golpe.
—Aki — susurró entonces, me cubrí el rostro tratando de quitarme las lágrimas de encima, en ocasiones temía cuando Vitya me llamaba así, cuando él me confundía con alguien más, con alguien de su pasado, solo me quedaba fingir ser esa persona cuando Vitya hacia aquello, él… él… quizá, solo quizá podía hacerme mucho daño… él… tal vez… quisiera matarme cuando pensaba en él, en Aki, en el estúpido de Aki.
—Mmm… hueles bien —susurró, lo miré tenía los ojos cerrados y sus labios delgados se mantenían en una fina línea apretada, me quedé callada, ¿Qué podía decir?
—Hueles diferente, en realidad, Aki. ¿Qué hiciste? — preguntó, se sentó de pronto sobre la cama y me dio la espalda, respiraba con dificultad y su voz sonaba más ronca que de costumbre, abracé mis piernas contra mi cuerpo, esperando…
—¿Aki? ¿Qué diablos hiciste? ¿Qué me hiciste?
Silencio.
—Vete Aki, no quiero verte. Déjame solo.
Me arrastré fuera de la habitación con esfuerzo. No podía hacer nada más. Tenía miedo, tenía mucho miedo ahora.
Lloré en silencio de nuevo.
Vitya y sus malditos fantasmas.
Vitya y ese maldito chico que lo daño.
Vitya y mi miedo a morir por él.
Vitya y yo.