–4
Vió la pantalla de su teléfono. Por alguna razón, la casa se sentía inmensamente fría, por más de que tenía dos mantas echada encima, además, de una chamarra. No sé había quitado los pantalones de dormir, tenía unas medias peludas de color rosa con verde y unas pantunflas blancas. Su pelo estaba suelto, desordenado y enredado, sin embargo, Susie estaba enfocada en su ordenador buscando información, algo sobre la frase anónimo.
Tenia la casa cerrada, las cortinas corridas que le daba un ambiente al lugar oscuro, no abría la puerta ni para que entrara unos rayitos de sol para calentar un poco la vivienda, tenía miedo, miedo de que anónimo se metiera y la asesinara.
Tecleó.
Buscó: Anónimo. Anónimo asesino. Asesinos seriales apodados anónimo. Cartas extrañas.
Por más que intentaba mil nombres todos le enviaban a cosas perturbadoras que no la convencía de que estuvieran hablando de la misma persona.
Inspiró hondo frotándose la cara, se sentía frustrada, impaciente. Se levantó de la silla y caminó de un lado a otro resoplando. Se sobresaltó cuando su teléfono sonó.
Mierdaaaa... cálmate Susie.
Miró la pantalla del móvil, era Holly.
Suspiró hondo.
Comenzó una conversación amena acompañada de interrogaciones. Un como: ¿por qué no fuiste a la escuela? ¿estás enferma? ¿comiste? ¿qué has comido? ¿estás sola? ¿Hanna y Laura te acompañaron? ¿necesitas que regrese?
Susie bufó, le había mentido a Holly en todas sus preguntas asegurando que estaba bien cuando no lo estaba. La podía oír claramente por medio del auricular que estaba contenta, además, de contar que había visto a sus compañeros e iría a comprar todo para la comida de la ceremonia. Arruinarle el momento era una maldad, por eso esperaría a que ella llegara y le contaría todo.
Después de colgar, subió a su alcoba, se mordía las uñas con descontrol, quería buscar algo más ella misma ni sabía que era. Se detuvo por un momento a calmarse, se sentó en la cama hasta encontrar un cuaderno en el suelo.
¡Tengo el cuarto desordenado!
Por consiguiente, se le quedó mirando a la libreta un buen rato y tuvo una idea, quizás la más loca y estupida que haya tenido, pero necesitaba hacerlo, debía liberarse. Tomó el mismo y comenzó a llenarlo, a escribir como una especie de diario. Si anónimo la mataba antes, Holly tenía que saber que no se iba a suicidar si no que fue acosada por alguien que se comunicaba a través de cartas.
Escribió la primera carta... los mensajes que había recibido, la muerte de Jeremy, el video de Hanna, las señales recibidas, incluso, la visita a casa de Emily.
Se alzó de la cama al terminar, analizando en que lugar podía guardar ese cuaderno que pudiera ser su resolución de homicidio en caso de que anónimo cumpliera su promesa.
Finalmente abrió un hueco bajo el colchón y allí lo ocultó.
Suspiró nuevamente, arregló un poco la habitación, luego, recogió el desorden de la cocina, y se sentó en el sofá, miró el reloj de pared que se encontraba al frente y gruñó al ver que se había saltado la hora de almuerzo, total, no tenía hambre.
Anónimo... ¿quién eres? ¿por qué me haces esto? las interrogantes eran como punzadas en la cabeza tanto que le dolía demasiado, parecía que sus cienes iban a estallar no solo por la amenaza de anónimo, si no porque se sentía vulnerable al ser consciente de que alguien más sabía su secreto, uno que podía perjudicarla mucho.
Cerró sus ojos, y por un momento sintió como dos manos con guantes de látex se incrustaba en su cuello, la ahogaban, la asfixiaban hasta el borde de matarla. Percibió en carne propia como su respiración se iba yendo, como sus sentidos perdían la orientación, hasta escuchar un sonido atroz, tan fuerte que se despertó sobresaltada.
Suspiró, resopló, inspiró hondo.
¡Era una pesadilla!
Seguían golpeando la puerta.
Nuevamente se irguió caminando con los pies arrastrado hasta la puerta, no sin antes asomarse por la ventana como una anciana curiosa que huye de su cobrador.
—Mierda...—murmuró cuando vio a Jack tocar.
—Susie, se que estás allí, necesitamos hablar.
Al otro lado del umbral la chica se comía las uñas, no sabía si era buena idea hablar con él, no estaba de ánimos.
—¡Por favor!—insistió—. Si no me veré obligado a esperar aquí hasta que salgas, no me iré.
Ella blanqueó los ojos, y después de pensarlo un rato, abrió la puerta.
Jack se quedó inmóvil, mirándola de arriba abajo como si fuera un scanner. Se acomodó la corbata mientras Susie se aferraba a una manta larga de lana que tenía encima.
—¿Podemos hablar?
—¿Que quieres?—sondeó arisca.
—Hablar...
—¿de?
Jack bufó.
—¿Puedo entrar?, esta haciendo frío aquí afuera
Susie resopló, se hizo un lado para que él ingresara.
No obstante, la primera impresión de Jack era que no sabía si afuera o adentro era más frío. Susie cerró la puerta tras él.
—Aquí hace frio—resopló.
—Si. No tenemos la suerte de tener calentador—respondió cortante.
—Ya.
Susie se sentó en el mueble impaciente.
—¿Que quieres hablar detective?
Él hizo un mohin con sus labios.
—¿Me odias?—preguntó.
La pregunta la tomó por sorpresa.
—¿Perdón?—frunció el ceño la chica.
—¿Me odias? me evitas, eres cortante en tus palabras, no se... supongo que no eres así cuando eres inocente.
Susie bufó.
—Ja... ¿qué quiere decir?—se levantó del sofá para estar frente a él—. ¿Me está acusando de algo detective?
Le sostuve la mirada a Jack, pudo ver como sus ojos azules la miraba con cierta diversión.
—Solo quiero llegar a la verdad... a la verdad de todo.
—La verdad es relativa detective, cada quien puede tener su propia versión de la verdad.
—Si, pero solo hay una. Y sé que mientes en todo Susie, le has mentido a mi hermana, a tus amigos, incluso, hasta a ti misma.
Susie se estremeció.
Se cruzó de brazos.
—No miento. No sé de qué habla.
—Haz mentido sobre tu vida, sobre ti, sobre tú pasado. Y sé que ahora mismo seguiras mintiendo, es patológico de ti.
El rostro de la muchacha se tensó.
—Vayase de mi casa detective. Si no tienes prueba no puede venir hasta aquí, presentaré una queja por acoso a una menor.
Jack se rió.
—¡Hágalo! ¿no sabía que hablar ahora era acosar?... yo solo quiero encontrarle más sentido a la muerte de Jeremy.
—Se suicidó...—repuso Susie en un tono de exasperación.
—¿Segura? entonces... ¿por qué tenía signos de lucha bajo sus uñas? no creo que una persona que quisiera quitarse la vida luchara... no sé, es extraño.
Guardó silencio.
—¿Quien eres?... ¿Susie Meyer? ¿Susie Sullivan? o ¿Susie Campbell?
Ella se quedó petrificada, los tres apellidos eran igual de aterradores y dolorosos como para elegir uno.
—¡Fuera de mi casa!—dijo alzando la voz. Su rostro era totalmente estático.
—Hija de un asesino serial... con dos hermanos asesinados por el cazador que resultaron ser un agente de la policía y una periodista. Sam y Mónica.
Escuchar sus nombre le revolvió el estómago a Susie. Sonrío de medio lado, aplaudió con sarcasmo.
—Hizo bien su tarea detective. Investigó muy bien sobre mi pasado. ¿Así tanto le intereso?—se acercó a él quedando a pocos centímetros.
—Eres sospechosa, con un historial bastante interesante, y según anónimo... eres culpable de algo que tarde o temprano voy a descubrir.
—¿Así implique a tú hermana?
Jack se crispó.
—Lo voy a descubrir Susie, así como te descubrí a ti.
Volvió a sonreír.
—¡Bravo! es de admirar detective, quedó en evidencia que ama su trabajo y que está dispuesto hacer de todo para llegar al fondo de un asunto así tenga destruir a otras personas. Eso demuestra que es un buen detective—acortó más la distancia—. ¿Por qué me odias Jack?
Él se estremeció por escuchar su nombre de pila venir de ella.
—Porque eres una mentirosa, porque no eres sincera del todo y te escondes tras una fachada inocente cuando no lo eres.
—Mmmm... esta bien, soy culpable—levantó sus manos—. Arresteme detective, porque soy culpable de fijarme en un imbecil de mierda como tú—lo empujó.
Jack retrocedió con torpeza mientras que su rostro se transformaba en confusión.
—Llevo mucho tiempo enamorada de ti y ni siquiera te das cuenta, nunca me hablaste hasta ahora... solo porque soy parte de tu caso, porque alguien llamado anónimo te envió una nota. ¡Eres un gillipolla! ¡un granuja! un... un... ¡hijo de puta! y te odio...
Susie quería seguir buscando palabrotas de todos los idiomas posibles y decirselas todas a Jack, ¿ya que tenía que perder? él había descubierto una gran parte de su pasado.
—¡Eres una niña! una muy inmadura—resopló Jack. Susie se sintió dolida.
—¡Gran imbecil! ¿soy una niña porque mi edad lo dice? ¿o porque por primera vez en mi puta vida le estoy diciéndo la verdad? eso no es lo que quería... ¿la verdad? pues... allí está... frente a usted... y ¿quiere que le siga diciendo más verdades?—inspiró hondo, sabia que la estaba cagando pero ya que...—. Si, soy hija de un asesino serial de mierda. Mi madre me regaló para que esa mierda no me salpicara, sin embargo, me alcanzó porque un imitador de mi padre me encontró y mató a mis dos hermanos, además, de separarme del que yo comencé a querer como un pariente. ¿Que más quiere saber detective? ¿qué tengo una vida de mierda? ¿y no es por mi culpa si no porque la persona que me parió también era una criminal? ¿por qué oculte mi pasado? porque no quería que me vieran como una psicópata, como la hija de un asesino y la víctima de un cazador, era más fácil fingir y inventar historias que afrontar la verdad.
¿Ahora detective... que va hacer con la verdad?
Jack se quedó inmóvil. En un total silencio.
—No es toda la verdad.
Las lágrimas de Susie ya estaban por sus mejillas.
Lo miró con desconcierto...
—¿Quien es anónimo?
Apretó los ojos con fuerza mientras tomaba un respiro.
—¡No‐ lo‐ sé! ¿contento?
—¿Por que te cree culpable?
—¡Basta por favor!—exclamó envuelta en lágrimas.
—¡Habla Susie! ¡libérate! ¡es el momento!
Susie seguía llorando, estaba atormentada por las preguntas de Jack, se pegó contra la pared negando con la cabeza una y otra vez, empapada en lágrimas.
—Susie...
Lanzaron una piedra por la ventana, parte del cristal se volvió añicos.
Los dos estaban atónitos, mirando la piedra grandísima que había alcanzado entrar a la casa.
Jack de inmediato sacó su arma dirigiéndose a la ventana. ¡No había nadie! solo un viento recio frío que entraba por la abertura.
Susie se había pegado a la pared con miedo, el frio la estaba envolviendo, las mantas ahora caían al suelo. Se frotó los ojos enrojecidos secándose las lágrimas, tenía un mal presentimiento. Iba a caminar directo a la ventana donde se encontraba Jack, sin embargo, en su paso tropezó con una lámpara que estaba en una mesita. Hizo un ruido y el detective se vió obligado a voltear.
Susie se agachó para recogerla helandose de inmediato, sus labios palidecieron, sintió desmayarse cuando acontinuacion vió una especie de micrófono pegado a la lámpara. Era tan minucioso que a simple vista no se veía.
Susie se alzó envuelta en lágrimas... retrocedió con un terror impresionante. Jack la miró, los ojos de la muchacha estaban clavados en el suelo.
—¡Susie!—dijo.
Susie seguía perdida.
—¡Susie!—la tomó entre los hombros.
—Anónimo—apenas pudo pronunciar—. Anónimo estuvo aquí.
☆☆☆
Los Leo... dejen sus comentarios.