Capítulo 1 Entre luces y sombras

1367 Words
—¡A-ria! ¡A-ria! ¡A-ria! No es un grito. Es una súplica colectiva. Setenta mil voces se elevan dentro del estadio más grande e imponente que una cantante puede llenar en Estados Unidos. Las pantallas gigantes replican su rostro desde todos los ángulos posibles, como si el mundo necesitara verla para creer que es real. Las luces no solo la iluminan. La desean. Aria Langford se mantiene en el centro del escenario, el micrófono firme, el cuerpo vibrando con una seguridad que no se aprende. Se nace con ella… o se paga el precio hasta merecerla. —Los escucho, mi amado público —dice, y el rugido se vuelve ensordecedor—. Esta noche… es nuestra. La música entra como un golpe directo al pecho. Su voz no tiembla. Nunca lo hace. Mientras canta, Aria está viva. No recuerda el contrato que firmó sin leerlo del todo. No recuerda las cláusulas, las amenazas disfrazadas de oportunidades. No recuerda a los muertos que aprendió a enterrar sin despedirse. El pasado no solo duele. Arde. —Canten conmigo —ordena. Y el estadio obedece. La última nota se sostiene un segundo eterno. El silencio pesa. Se tensa. Después, el mundo estalla. Aria sonríe, lleva una mano al pecho, inclina la cabeza con una elegancia medida. —Gracias —dice—. Gracias por elegir pasar esta noche conmigo. Cuando cruza el límite del escenario, la ovación queda atrás, como si perteneciera a otra vida. Aria entonces saca su medicamento, necesita tomar su medicina, pero el frasco se cae cuando escucha una voz detrás. Finge que nada paso. No quiere que quienes la rodean descubran su secreto. —Eso fue una locura —dice uno de los bailarines, aún sin aliento—. ¿Escuchaste cómo gritaban? —Los sentí —responde ella, todavía sonriente—. Y ustedes fueron los que me sostuvieron ahí afuera. —Siempre lo haremos. El bailarín se inclina para decirle algo al oído. Aria ríe, breve, ligera. —Buen trabajo. La voz llega desde atrás. Grave. Controlada. Peligrosamente tranquila. Aria no necesita girarse para saber quién es. —Matt —dice—. Llegaste tarde para los aplausos. —Alguien tenía que encargarse de la prensa —responde Matt—. Ya es hora de irnos. El bailarín se aparta de inmediato. Nadie necesita explicarle quién es Matthew Lockwood. No es solo un millonario. Es poder puro dentro de la industria musical. El tipo de hombre al que no solo se le obedece… se le teme. —Vamos —dice Aria—. Cinco minutos más. Me los merezco. Matthew no le quita la mirada al bailarín. Los celos son un veneno cruel. —Te mereces todo —dice—. Pero ya terminó el espectáculo. Aria se acerca. Lo justo. Lo peligroso. —¿Estás celoso? —susurra al notar que no está de buen humor. Matt baja la mirada. Sus dedos rozan apenas el antebrazo de Aria. El contacto es breve. Íntimo. Demasiado cargado para ser inocente. —Solo es un recordatorio de que tenemos que irnos —dice—. Y de a quién perteneces. Aria sonríe, tensa. —Todos lo saben —responde—. Y tú también sabes que solo estaba siendo amable. —No me gusta cómo te miran —dice Matt, sin rodeos—. Ni que se te acerquen ningún hombre después de los conciertos. —Solo me miran porque brillo no porque les agrade en verdad —replica ella enfadada—. Tú me enseñaste a entender eso. ¿O ya lo olvidaste? Matt se inclina hacia ella mientras caminan, su voz baja lo suficiente para no ser escuchada. —Yo te enseñé a sobrevivir en esta industria —corrige—. No confundas las cosas. Aria exhala despacio. —Relájate, Matt —susurra—. Siempre es lo mismo contigo. —Porque siempre juegas con fuego. —Y tú siempre quieres apagarlo… solo para volverlo a encender tú mismo. En la celebración privada, las copas chocan, los elogios llueven, y Aria intenta olvidar el drama que siempre llega después de cada concierto. —Lo que hiciste hoy fue histórico —dice alguien de repente—. Tus padres deben estar tan orgullosos de ti. Aria se queda inmóvil. Y el mundo… vuelve a quebrarse. De pronto, su pasado la envuelve y es como si corriera otra vez, riendo a carcajadas. Su padre va detrás de ella, fingiendo que no puede alcanzarla, aunque ella sabe que, si quisiera, lo haría en un segundo. Su madre los observa desde la terraza, con esa sonrisa suya que siempre le hacía sentir que nada malo podía pasar. En ese instante no faltaba nada. En ese instante, Aria creía de verdad que nada iba a cambiar. Hasta que es como si pudiera ver de nuevo a la mujer con uniforme de policía que llego a dar la mala noticia. —Accidente automovilístico. —No sobrevivieron. El recuerdo flota sobre ella como si nada tuviera sentido. No llora. No grita. Es como si alguien apagara todos los sentidos dentro de su cabeza. —Disculpen… necesito aire —murmura Aria al regresar al presente, dándose cuenta entonces de que todos la observan, confundidos. Se retira, sin hablar con nadie más, sin explicar lo que le paso. Solo quiere irse pero cuando está a punto de salir de la fiesta. Matthew está frente a ella. La sostiene por los hombros. —Respira —dice—. Mírame. Ella parpadea. —No ahora —susurra—. No voy a tolerar tu mal humor. —No pienso decir nada —responde—. Pero no te vayas. —No quiero quedarme —dice ella. Matthew la envuelve con los brazos. —Estoy aquí —dice—. Siempre. Vamonos. En el auto rumbo al penthouse de Matt, la ciudad pasa como un decorado ajeno. —A veces se te olvida —dice Matthew de pronto. —¿Qué cosa? — pregunta Aria. Matt la observa antes de responder y Aria siente como si pudiera entenderla mejor que nadie. Aquello no le gustaba. —Que, aunque eres invencible en los escenarios, — hizo una pausa antes de continuar. —cuando estás conmigo no tienes que fingir fortaleza. Ella, no responde. No quiere hablar de eso, no quiere afirmar la conexión que más adelante solo la va a hacer sufrir. Así que hace lo más fácil, lo más predecible, toma la mano de Matt y la lleva a su muslo —Supongo que es parte del contrato —responde Aria finalmente. Matthew exhala despacio antes de inclinarse para besarla. Ya en el lujoso penthouse, ambos se devoran entre besos y caricias sin prisa, como si el tiempo no existiera, hasta que el celular de Matt vibra y los interrumpe. —Solo cinco minutos —dice él. Aria pone los ojos en blanco, burlona. Le sorprende que haya tardado tanto en recibir una llamada de su trabajo. —Voy a ponerme algo más “cómodo”. Estoy segura de que te va a encantar —le dice mientras se aleja. En el baño, Aria se mira al espejo. Se cambia con calma, tardando más de lo que sabe que durará la llamada de Matt. La lencería de Victoria’s Secret que eligió para la ocasión se amolda a su cuerpo, haciéndola lucir irresistible. Sabe que la espera es un castigo silencioso por haber, elegido el trabajo sobre ella. Cuando finalmente regresa a la habitación, se sorprende al no encontrar a Matt allí. —A Aria no le interesa en lo absoluto —lo escucha decir apenas se asoma al balcón.— Noah Weston se murió para ella en el momento en que yo entré en su vida, así que no importa si ya despertó y está preguntando por ella. El mundo se detiene para Aria en ese instante. Cuando Matt cuelga, el silencio los envuelve a ambos hasta que él se da cuenta de que ella está ahí. —Te ves preciosa —dice Matt, fingiendo una calma detrás de la cual claramente se esconde una tormenta—. ¿Aria? — pregunta al ver que ella no reacciona—. ¿Qué pasa?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD