Doris no prestaba mucha atención a dónde caminaba. Iluminaba con la linterna hacia los puestos de un lado a otro, pasando por alto el hecho de que necesitaba concentrarse en el camino que estaba tomando. Llegamos al final de un puesto y ella golpeó el borde de una mesa de café antigua al pasar. Una lámpara de querosén colocada en el centro se vino abajo. Me abalancé y la salvé justo a tiempo. —Doris, ten cuidado. Se dio vuelta y enfocó la linterna en mi cara. Me protegí los ojos. —Uy —fue lo único que dijo antes de continuar su camino conmigo detrás de ella, lista para rescatar lo que fuera que derribara a continuación. Doblamos la siguiente esquina y empezamos a abrirnos camino a través del laberinto de antiguas oficinas. Después de un momento, a mi derecha, la linterna de Doris captu

