—Hola cachorrito, ya estoy aquí —anuncia una voz dulce al entrar por la puerta de la habitación.
—Hola, ¿qué tal va todo en la empresa? —pregunta Adrián ya preparado para dormir.
—Todo va bien, Marco y yo estamos haciendo un excelente trabajo, hay una nueva asistente, le estoy enseñando para que aprenda rápido.
—Gracias por estar ahí —Adrián la tiene en un concepto diferente al que la tienen los demás, los meses que han sido amantes ella siempre ha sido dulce, cariñosa, atenta y ha demostrado que él es su prioridad.
—Te preparé un licuado, puedes beberlo —coloca un vaso sobre las manos de Adrián.
—Ya cené —si bien, sus licuados no son tan buenos, tampoco son demasiado malos, pero no tiene ganas de beberlo.
—No me desprecies cachorrito— pide sentándose a horcajadas sobre él—. Dejame sentir que te consiento.
—Esta bien— si hay algo a lo que Adrián no puede resistir, es la sensualidad de Frida, fueron años de casi abstinencia, que cede ante cualquier provocación.
—Así es, bebelo todo— una vez la bebida se termina, deja el vaso sobre el buró y se desnuda. Toma la mano de Adrián para pasarla por su cuerpo y hacerle saber que esta ahí para él, el joven invidente retuvo el aire y su pené creció, Frida sonreía y se sentía victoriosa, lo tenía tal como quería, comiendo de su mano, dependiente de ella.
Se acomodó , bajó el pantalón del joven y llevó ese míembro a su boca, lo lamio y chupó como solo ella lo había hecho, Adrián jadeaba y gemia, cuando sintió que el pene se tensaba más, lo sacó de su boca, tomó un preservativo de su bolso, se lo colocó y lo llevó dentro de ella. Brincó con fuerza, sabía como enloquecerlo, como manejarlo a su antojo, con sexo, así es como lo lograba, así es como se apoderó de él, o al menos, eso creía.
Apenas unos segundos bastaron para hacerlo eyacular —te amo cachorrito— confesó en su oído, bajó de él, retiró el preservativo y lo dejó caer al suelo, junto a la cama. Pensó que caería rendido y dormiría, pero se sorprendió al verlo levantarse e ir al baño para bañarse con mayor confianza, había aprendido a dezplasarse mejor y eso no la tenía contenta, no le convenía que se volviera más independiente,
***
—Adrián, ya estoy aqui, el desayuno está listo —Emilio entró a la habitación para ver si Adrián aún dormía, no estaba acostumbrada a tocar las puertas de la que fue su casa, así que solo entró y lo encontró ya bañado y vestido, cosa que le hizo feliz, pero que no duró más de 3 segundos, pues vio la pequeña sorpresa en el suelo, esa bolsita con líquido blancusco dentro.
—¡Qué asco!—se quejo en voz alta.
—¿De qué hablas? —Adrián se sorprendió de escuchar el tono despectivo.
—Son unos descuidados, que desagradable —se quejo nuevamente—. Hay un condon en el suelo, usado—. Enfatizó la última palabra.
—Lo lamento, no sabía que estaba ahi— sintió tanta vergüenza que su rostro se puso rojo.
—El desayuno esta servido en la mesa —dio la vuelta y sus tacones rezonaron.
—¿Te vas? —se apresuró a ir tras ella.
—Vendrán a hacer el aseo más tarde y pediré que te preparen de comer —avisa y sale dando un portazo.
Ese día, Emilia fue a la oficina, revisó todos los pendientes, tuvo juntas con Marco y Jason, fue a casa hasta que anochecio, cansada del día, tomó un baño y se acostó a dormir, nisiquiera se molestó en ponerse pijama, pero no logró conciliar el sueño, sentía celos, los estaba experimentado peor que nunca, cuando supo que su esposo tenía una amante sintió celos, enojo, rabia, pero su madre la tenía tan alexionada que terminó aceptando que era algo normal que tarde o temprano pasaría, sin embargo, ahora lo sentía peor, porque llegó a imaginar lo que había sucedido, en la que fue su cama, vio una prueba, el semen de su esposo, el que apenas si había visto antes, pues se bañaba enseguida y lavaba sus partes íntimas. Sintió celos de que esa mujer ya lo había visto mejor que ella, que seguramente Adrián ya tenía lo que con ella nunca tuvo, y por primera vez, se planteó la idea de que quizá ella misma lo lanzó a los brazos de otra, pero su orgullo no la dejaría sentirse culpable, al contrario, ella también conseguiría lo que tanto anhelaba y no lo obtuvo con Adrián, un hijo, buscaría la manera y lo tendría.
Tomo su teléfono y marco el número de su mejor amigo, después de varios tonos Jason contesto con una voz extraña.
—¿Emilia?, ¿sucede algo? —se sorprendió de que le llamara tan tarde, pese a estar muy ocupado, sacó el trozo de carne dura de su boca y tomó la llamada.
—Necesito tu ayuda —se apresuró a decir con determinación.
—¿Qué necesitas? —pasó la lengua por la longitud del m*****o.
—¿Quiero tener un hijo? —soltó con decisión.
—¿Qué? —gritó sorprendido y se sentó en la cama—. ¿Un hijo?
—Si, un hijo, cuanto antes —la pareja de Jason se fastidió y cambió de lugar, ahora el se acostó entre las piernas del hombre y evitó que se le bajara la erección.
—¿Conmigo? —preguntó tragando grueso y metiendo los dedos en el cabello castaño que descansaba en su vientre.
—Por supuesto que no, necesito que me presentes a alguien, o a muchos, porque seguro no me convenceran tan fácil.
—Que alivio, no me imagino siendo papá —sonrió y no evitó que un pequeño gemido escapara de su boca.
—Jason, ¿acaso estas...?
—Me atrapaste —ríe al ser descubierto.
—No puede ser, ¿por qué contestaste la llamada? —se queja. —Espero esta vez si conocerlo— cualga de inmediato y se tapa la cara de solo imaginar que interrumpió algo como eso.
—Más, más —gime arrojando el teléfono a un lado de la cama—. Así Marco, sigue así —ordena y el aludido obedece, con sus manos aprieta las caderas del hombre y succiona el trozo en su boca, Jason esta por acabar, así que empuja a Marco, lo jala hacia él y se frotan los geniales, sus p***s se acarician entre si, arrastrando la piel que los envuelve, ellos observan y gruñen tan varoniles que más se exitan, ninguno de los dos es afeminado, al contrario, ambos son masculinos, poseen un porte envidiable, exudan hombría y es justo eso lo que los atrae.
Sus cuerpos se contraen y una lluvia blanca es exparcida por los dos p***s rosados e hinchados, el líquido se mezcla, se hace uno solo, embarrando los glandes, los vientres y hasta los pechos, la presión y la cantidad fue tanta que se convierte en un jugo en el que se frotan. El movimiento pelvico sigue, despacio, las vergas aun vibran y los testículos pesados se golpean entre ellos, las miradas están ahí, viendo la lucha de p***s erectos, ninguno es más bello que el otro, los dos son rosados, grandes, pesados y con una ligera curvatura a la derecha, que uno encontrado con el otro parecieran que se envuelven, que están hechos para estar unidos, así de grandes, así de fuertes, así de explosivos.