Cap 1
Tom Trupper, de 27 años, se encontraba con una cálida sonrisa en la mesa de la cocina, mientras alimentaba a su pequeño hijo, Will, de apenas un año. El bebé se reía con cada mueca que su padre le hacía, guardando en lo profundo de su memoria aquellos momentos de amor y complicidad qué los unía cada vez más.
Frente a ellos estaba su hija de 8 años, Lily, quién los observaba con felicidad, y esbozaba una sonrisa cada vez que su padre le dirigía la mirada y la unía en aquel juego que tenían, disfrutando de la felicidad que abundaba en su hogar.
De pronto, aquella felicidad se acabó, fue como si la hubiesen reventado como a una burbuja, Ana, la madre de los niños y esposa de Tom, ingresa a la cocina de golpe. El portazo hizo que todos los presentes dejaran de hacer lo que hacían y dirigieron sus miradas hacia la persona que acababa de entrar. Ana tenía una mirada asesina, se podía ver la irá acumulada en sus movimientos bruscos y con gesto firme lanzó una gruesa carpeta a la mesa, provocando que los alimentos se cayeran, que las sonrisas de los niños desaparecieran y que la mirada de Tom se fijara en ella. La tensión se podía tocar en el aire, un silencio incómodo se apoderó del ambiente.
Furiosa y demandante, Ana le exigió a Tom que le diera dinero para poder pagar la matricula de su universidad y algunos materiales, sin importarle que sus hijos estuvieran ahí presentes. Tom la miró a los ojos, el ambiente se volvía cada vez más tenso, se podía ver como se congelaba el aire al rededor de esta peculiar pareja.
Tom, miró a su hija y le sonrió, trató de calmarla, se levantó con cuidado de la silla y dejo al pequeño Will en su cuna, luego se acercó a Ana e hizo que sus ojos se encontraran con los de ella, con expresión fría la tomó del brazo y se la llevó de la cocina para poder hablar, cuando llegaron a su despacho Ana se soltó de su agarre.
—Primero - Hizo una pequeña pausa mientras se apoyaba en la mesa de su escritorio. - Debes de calmarte, Ana, sabes que puedes tener todo el dinero que desees, pero ese no es el problema, sino quién cuidará de mis hijos, sabes que trabajo todo el día para darte todo, dime si te vas a jugar a la universidad ¿Quién cuidará de los niños? -
—¡Ese no es mi maldito problema, Tom! ¡He desperdiciado ocho malditos años de mi puta vida en esos niños, ya no quiero seguir así! - Ana gritaba mientras movía sus manos al hablar. Tom se levantó y dio unos pasos hacia ella.
-No grites Ana, los niños están en el otro cuarto, podrían escucharte. - Tom estaba enojado, pero trataba de estar calmado ante la situación. - Necesito que entiendas una cosa, Ana, solo necesito que me des un poco de tiempo para buscarles una niñera, así podrás hacer la mierda qué quieras, pero...
-¡Me importa una mierda, Tom! ¿Acaso no entiendes que lo único que me importa en este momento es el puto dinero se mi matricula? ¿Acaso no es importante mi futuro? Ellos pueden esperar,¡Yo no! - Con el último grito de Ana, se escucha de fondo el desgarrador llanto de Will.
-Ana, te dije que no gritaras, acaso no te importan los niños, son nuestra responsabilidad, Will apenas sigue siendo un bebé - La paciencia de Tom se iba agotando poco a poco. - Ana por favor piensa un poco él te necesita - Entre los gritos de su esposa y el llanto del bebé, Tom explotó. - y... ¡con tus putos gritos haz hecho que el bebé se ponga a llorar, y te importa una puta mierda Ana!.
-No me vengas con tus mierdas Tom, los niños no son y nunca han sido mi prioridad. - Dijo Ana molesta.
-¡Ana! - Gritó Tom furioso ante el comentario de su esposa.
-Es la verdad Tom, no me importan y te lo voy diciendo de una vez, si no me das lo que necesito, entonces no veo por qué estamos juntos. - Soltó de manera fría e indiferente.
Tom se quedó en shock, no podía creer lo que salía de la boca de Ana, volvió a apoyarse en el escritorio y soltó un leve suspiro.
-Ana, ¿de verdad no puedes pensar un poco en los niños? Son tus hijos, son nuestra vida, no puedes hacerles esto. - Trato de hacerla entrar en razón, pero fue inútil, Ana no quería oír ni ver nada que a ella no le conveniera.
-Ya te lo dije Tom, si no puedes darme el puto dinero, entonces que hacemos juntos, en este momento no me interesa nada ni nadie que no sea yo y mi futuro, ahí veras que harás con los niños.
-Pero Ana...
-¡Ya basta, Tom! No quiero seguir escuchando tus mierdas. Si no puedes darme lo que necesito, entonces creo que cada uno debería de seguir por su lado.
-Pero Ana, los niños. - Dijo Tom con una expresión de dolor.
-Me importa una mierda los niños, ahora son tu responsabilidad, has la mierda qué quieras con ellos. - Ana salió furiosa y se dirigió a la cocina, Tom seguía cada uno de sus pasos, quería que se calmara, hablaran las cosas y no se fuera de casa de esa manera. Ana tomó su carpeta y se detuvo en la puerta de salida y sin voltear le dijo. - Ya sabes que hacer Tom. - levantó la carpeta agitandola - Más tardar mañana en la mañana quiero esto solucionado. - el sonido de sus tacos abandonado aquel hogar Tom sentía como aquellos tacones también abandonaban su corazón y aquel portazo con el que ella se despedía, le hizo entender que ella no volvería.
El silencio se apoderó del ambiente, Tom no sabía que decir, no sabía cómo mirar a sus pequeños hijos, de pronto sintió la cálida mano de su hija que tomaba la de él, mientras le sonreía, en ese momento Tom sintió unas enormes ganas de llorar, pero las suprimio cuando sus ojos se encontraron con los de su pequeña hija, quien le sonrió. Tom respiró hondo y trató de calmarse, beso la frente de su hija y soltó una pequeña risa, mostrándose despreocupado, para que ellos no se abrumaran con lo sucedido. arregló lo que se había derramado en la mesa, tomó al pequeño Will y lo llevo devuelta para terminar la comida.
-¿Está listo el nene de papá para otro avioncito de comida? - Will le sonreía y trataba de mantener su voz para que no se quebrajara. Continuó alimentando lo hasta que acabó con todo, lo tomó y le sacó los gases, vio como la pequeña se acabó su desayuno y se fue a la sala.
-El nene de papá necesita cambiarse de pañales. - Lo tomó en brazo y lo llevó al mudador, con cuidado le cambio el pañal, apesar de lo inquieto que estaba pudo hacerlo y lo vistió rápidamente.
-Listo campeón, ahora a descansar - Lo cargó con cuidado y lo acostó en su cuna, le pasó su peluche y lo arropo. Al instante Will cerró sus ojos y se dejó llevar por el sueño. Tom se quedó observándolo con ternura, le acarició la mejilla antes de alejarse de él.
Tom se alejo de la cuna y se dirigió hacia la sala, donde estaba su hija sentada en el sillón en ele, viendo la televisión.
-¿Papá? - preguntó la pequeña, sin despegar la mirada de la pantalla.
-¿Dime cariño? - Dije con una gran sonrisa.
-Papá... ¿Por qué mamá siempre está enojada con nosotros? ¿Por qué casi ya no está en casa? - Lily lo miró con sus ojos llenos de lágrimas, la pequeña solo tenía 8 años y tenía que estar presenciando todo tipo de cosas. - ¿Acaso... mamá ya no nos quiere? ¿Es eso papá? - La niña soltó un pequeño sollozo.
-No hija, no es eso, no pienses en esas cosas. - Tom abrazó a su pequeña hija, para poder calmarla. - Lo que pasa, hija, es que hay veces en que las personas se sienten confundidas, atacadas, abrumada por situaciones que ni ellas mismas comprenden, entonces su cerebro comienza a fallar y dicen y hacen cosas que lastiman a quienes aman, porque no saben como actuar en diversas circunstancias, ya que se sienten solos e indefensos.
-¿Eso también te pasará a ti papá? - Lily lo miró espectante.
-No cariño, Will y tú siempre serán lo más importante para mí, nunca los alejare de mi.
Lily asintió y abrazó a su padre, escondiendo su rostro en su pecho. Tom le beso la frente y se separó del abrazo. - Ahora papá irá a su despacho, estará trabajando, recuerda que debes de golpear antes de entrar. - La pequeña asintió y Tom se dirigió a su despacho. Entró en aquella habitación en donde había discutido con Ana, aún podía sentir su perfume y escuchar sus gritos.
Se sentó en su escritorio y sacó su computadora, abrió una página de anuncios y con manos temblorosas comenzó a escribir un anuncio buscando una niñera, explicando su situación y la necesidad urgente de que cuiden a sus dos tesoros.
Tom sentía una especie de ansiedad que se lo consumía mientras te la a letra por letra, sentía una enorme impotencia que se iba apoderado poco a poco de y que lo consumió por completo cuando logró publicar el anuncio. Cerró la computadora y se estiró hacia atrás en la silla, el silencio se apoderó de la habitación, la mezcla de la soledad y la tristeza lo golpeó con fuerza en la cara. Las lágrimas comenzaron a brotar resbalandose por sus mejillas, manifestandose de una manera tan humillante para él, donde la angustia y la desesperación qué había provocado Ana, ahora lo estaba destruyendo.
Tom se cubrió el rostro con ambas manos, apretando los dientes de la impotencia, apoyó ambos codos en el escritorio apoyando su rostro en sus manos, llorando en silencio. No lloraba solo por la preocupación de tratar de ser un buen padre y proveedor, sino que también le dolía el hecho de que se había distanciado de esa manera con Ana.
Con el sonido de la televisión de fondo, Tom pudo permitirse llorar tranquilamente, ahogando sus penas, con desesperación sin que sus hijos vieran como su padre se estaba desmoronando.