Cap 2
Nicole estaba escondida en la esquina de su habitación, temblando con la mirada perdida en una prueba de embarazo, sus manos temblaban al sostener aquel aparato, su cuerpo se encogia y su respiración comenzaba a agitarse. Sus manos soltaron la prueba y se las llevo a la cabeza, su rostro estaba pálido y las lágrimas caían por su rostro empapadola, en su rostro se podía reflejar el miedo y la desesperación qué estaba sintiendo en ese momento.
A solo unos metros de ella se encontraban sus padres, un hombre alto, robusto estaba sentado en la cama de la chica y junto a él una mujer con la mirada fría se cruzaba de pierna. Su padre furioso y desilusionado, se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro, gritándola e hiriendola con cada palabra.
-¡Eres una maldita deshonra para esta familia! - Sus palabras se clavaban en Nicole como espadas en un peluche. - ¿Cómo pudiste hacernos esto? ¿Cómo pudiste hacerlo esto a tu madre y a mí? ¿Tan poco te interesa tu familia, tan poco respeto te tienes a ti misma?
Nicole temblaba con cada palabra que salía de la boca de su padre. El miedo la envolvia y la abrazada tragandosela y arrastrandola a un vacío sin fondo. Con cada grito, cada acusación y la vergüenza que ellos tenían de ella, Nicole sentía como se le apretaba el pecho, desesperadamente esperaba que su madre la ayudara, o siquiera dijera alguna palabra, pero no fue así, cuando Nicole la miró, ella simplemente desvío la mirada de su hija, dejando que siguiera hundiendose sola.
-No me cabe en la cabeza como mierda pudo suceder esto - Su madre por fin había rotó aquel silencio que mantenía y no eran exactamente las palabras que deseaba Nicole. - Te hemos dado siempre todo lo que tu padre y yo hemos podido y como nos pagas todo, llegando preñada de quien sabe que delincuente, por que no puede ser nada más ni nada menos que un rotó muerto de hambre que te dejó preñada y te abandonó, como la puta qué eres, porque eso conseguiste, que se te viera y te tratase como una cualquiera.
Las palabras de su madre eran peor que la de su padre, sentía como todo lo que tenia se había ido a la basura, su madre y su padre la miraban con asco y con odio, frente a ella estaba la prueba de embarazo y la prueba de que era una deshonra, recordandole lo sola que se encontraba en ese momento.
-No puedo.. - Las palabras apenas podían salir de su boca, su voz era débil y sentía unas inmensas ganas de llorar a gritos, que estaba suprimiendo. - No me siento preparada para pasar por esto yo sola.
Su padre la levantó del suelo y la miró a los ojos furiosa, Nicole pensó que la golpearia, pero no fue así, su padre se alejó volviendo donde su esposa mientras que Nicole, se apoyo en la pared y se cruzó nerviosamente de brazos, sintiendo que se le iba la fuerza de las piernas.
-¡Te harás cargo de esto! - Gritó furioso su padre, parecía un globo que estaba apunto de explotar - No puedes hacerte la estúpida y dejar de lado las consecuencias de los actos que te encantó hacer.
Nicole quería correr, encerrarse en el baño o que ellos no estuviesen en su habitación, lanzarse a la cama y llorar, era todo lo que necesitaba, pero la realidad era muy diferente, ahí estaban sus verdugos, frente a ella, culpandola, gritándola, catigandola. Cerró sus ojos tratando de ahogar las palabras de su padre con la oscuridad qué había al cerrar sus ojos, pero era inútil no servía de nada, no podía callar aquellos gritos que poco a poco la iban destruyendo. Nicole no solo le temía a sus padres, si el hecho de ser madre, sino del rechazo que tendría por aquellos que más había querido y por la decepción que podría ocasionar.
Nicole abrió los ojos y miró al suelo, mientras la voz de su padre sonaba difusa, toda su atención se fijo en la prueba de embarazo que estaba a sus pies, en ese momento sintió una chispa de esperanza, de determinación. Sabía que no podía echarse a morir por algo como esto, ni echar a perder su futuro, juntó todo el valor que tuvo y levantó la mirada para enfrentar a su padre y a su madre, con la esperanza de encontrar una salida y su propio camino en este desastre.
—¡Mañana mismo irás con la señora Kelly y abortaras a ese bastardo! —Gritó su padre bastante colérico.
—No lo haré, no abortaré... —Dijo Nicole un poco más segura que antes. - No puedo hacer eso papá.
-¿Qué? - Su padre dejó de caminar de un lado a otro y se quedó mirándola, al igual que su madre. - ¿No vas a abortar al bastardo? Bien...-Sé acercó a su hija con pasos ensordecedores y la tomó del brazo con fuerza - Entonces toma todas tu mierda y te vas de mi casa y te olvidas de una puta vez de que tienes padres. - A arrastras la sacó de la casa y la lanzó al suelo en plena calle.
-Pero... - No pudo terminar su frase cuando apareció su madre y le lanzó una pequeña maleta, sus documentos y unos billetes que caían como hojas a su alrededor, para luego cerrar la puerta en su cara.
La gente que transitaba por ahí, espectadora de aquel acto hizo que Nicole, agarrara el dinero, sus documentos de identificación y su maleta, mientras se alejaba de lo que había sido su hogar. Con cada paso que daba lloraba cada vez más fuerte, las personas la miraban y hablan de ella, llegó hasta una banca cerca de una plaza y se sentó, lloró por un largo momento mientras abrazaba su vientre, tratando de encontrar algún tipo de consuelo con aquel hijo que le había arrebatado todo, con aquel hijo que ahora le daba una nueva oportunidad de vivir.
Cuando logró calmarse un poco se levantó y vago sin rumbo fijo, se detuvo frente a un pequeño motel, metió su mano en el bolsillo y sacó el dinero, pero la miseria que le habían dado sus padre no alcanzaba para pasar ni siquiera una noche, guardó el dinero y siguió caminando hasta que llegó a un pequeño parque en el centro de la ciudad, donde las farolas la iluminaban muy tenue, no le quedaba nada más que pasar esa noche allí, se sentó y se acomodó en una de las bancas, abrió su maleta y solo encontró la manta qué ella había tejido para su madre y la ropa que usaba para ir de vacaciones con mis amigas a la piscina, prácticamente mi madre me había dado la maleta llena de mierda qué no podía usar, aparte de la manta qué nunca le gustó. Se acomodó en la banca mientras se cubría con la pequeña manta, tratando de entrar en calor, en aquella fría y desolada noche de invierno.
Ya acomodada en la banca, cerró sus ojos, pero el frío y el miedo de dormir en la calle no la dejaban descansar, así que sacó su teléfono y comenzó a buscar trabajo, pero debía de ser rápida, le quedaba poca batería y su corazón latía rápidamente mientras navegan a por los sitios de Internet buscando algún empleo donde ella pudiera desemplearse bien.
En ese momento encontró un anuncio que había sido publicado recientemente:"Se busca con urgencia una niñera, a tiempo completo. Por favor contactar con Tom Trupper al número xxxxxxxx" Nicole se sentó de un brinco, el nombre le sonaba pero eso no le importo, era su oportunidad, la oportunidad de ambos, tocó su viente y marcó el número desesperada.
—¿Diga? —respondió una grave al otro lado de la línea.
—Hola, ¿hablo con el señor Trupper? —preguntó Nicole, un tanto nerviosa.
—Sí, con él. ¿En qué puedo ayudarla? —dijo él, con un tono profesional pero amigable.
—Vi su anuncio sobre la búsqueda de una niñera. ¿Todavía está vigente el trabajo? —su corazón latía con fuerza, tenía miedo de que la respuesta fuera un negativo.
—Sí, todavía estoy buscando una niñera. ¿Te parece venir a mi oficina, mañana temprano, a eso de las 10 de la mañana? Solo debes de preguntar por mi en recepción. —dijo Tom serio.
Nicole sintió que una chispa de esperanza se encendía en su corazón. —Sí, claro. Estaré allí —respondió con una mezcla de alivio y ansiedad.
—Perfecto, te mandaré la ubicación por mensaje. Nos vemos mañana, entonces. Cuídate —respondió él antes de cortar la llamada.
Nicole se levantó de la banca y comenzó a saltar de la emoción mientras aguantaba las ganas de gritar de alegría, pero de repente el peso de la realidad la hizo anclar sus pies a la tierra, no podía alegrarse tanto, no le habían dicho que tenía el trabajo, solo que tenía la posibilidad de presentarse allí mañana, era solo un fragmento de luz en medio de toda la oscuridad qué la envolvia a ella y a su hijo, pero apesar de eso se sentía una salida de escape qué se estaba formando para ella y así poder llevar una nueva vida junto a su hijo.
Con esa esperanza, volvió a acomodarse e. La banca, tapándose aferrandose a la pequeña maleta al igual que se aferraba a la idea de que pudiera conseguir el trabajo y formar un nuevo y maravilloso futuro con su hijo.