Nicole estaba aterrada, la adrenalina corría por sus venas mientras las preguntas giraban en su mente. No sabía a dónde la llevaban, ni qué planes tenía Luis para ella. La incertidumbre la paralizaba, y el miedo la envolvía como una manta pesada. Cada segundo que pasaba en ese automóvil se sentía como una eternidad, un tiempo que parecía estirarse infinitamente. Finalmente, el auto se detuvo, y un escalofrío recorrió su espalda. Luis bajó y, sin compasión, abrió la puerta trasera, sacando a Nicole de los pelos. Ella, desorientada y asustada, tropieza constantemente a causa de la venda que cubría sus ojos. El dolor en su cuero cabelludo era punzante, y no podía evitar sollozar en silencio mientras luchaba por mantenerse en pie. Luis prácticamente la arrastró, y las rodillas de Nicole se l

