Irina no tardó en subir a la cama junto a ella acurrucándose a su lado como cuando era niña, la acunó en sus brazos y se dedicó a acariciar su espalda permitiéndole desahogarse... Estaba a salvo ahora, pero no podía sacar de su mente y su cuerpo el terror ¿Cuantas noches había deseado que su Tita apareciera y la acunara de esa manera? Cuando el frio no le permitía dormir, o cuando su estómago dolía tanto que no lograba ni siquiera levantarse, cuando debía tragarse las lagrimas producto del dolor de los golpes o las humillaciones... En algún punto de su encierro comprendió que debía ser fuerte por ambas, fue como si su mente hiciera clic y comprendiera que esos monstruos no querían otra cosa sino destruirlas, Alizée no había podido soportarlo mucho tiempo y poco a poco comenzó a consumirse

