Capitulo. 5

3522 Words
Dos semanas, dos semana y comenzaba a volverse loca. Había agotado todos los medios que tenía para intentar encontrar a esos hombres y cada día que pasaba la ponía más nerviosa. Cuando deseaba que realmente estuviesen tras la rejas, o en un tumba… Pero aquello tan solo fue una oscura mentira a la que recurrió para tranquilizar a su sobrina. Ellos estaban en alguna parte, tal vez planeando su siguiente jugada. Y lo que más le aterraba es que habían desaparecido ante el resto del mundo, incluyéndola. — ¿Encontraste algo? — Preguntó por enésima vez a Axel. Ambos llevaban demasiadas noches sin dormir en el intento de dar con la más mínima pista. — Nada. Lo siento Irina pero ya no se que más hacer — Murmuró su hermano concentrado en los cientos de archivos que tenía en el computador. — ¿Cómo es posible que hayan desaparecido? ¡Esto es absurdo! — Es muy extraño que no encontremos nada. O de verdad desaparecieron y ya alguien se encargo de ellos, o son muy listos. — Comentó él sin mirarla. — ¿Segura que no estás exagerando? — Tu mismo me has dicho que estos tipos son profesionales — Se quejó ella. — Mejor dime que averiguaste del chico este. La situación estaba sobrepasándola como nunca antes en esos siete años. Su deber era mantener a Eva a salvo, sin embargo proteger a una adolescente imprudente tanto física como psicológicamente no resultaba sencillo. No podía simplemente prohibirle salir sin una razón que ella pudiese entender, ni mucho menos alejarla de su única amiga en ese lugar. Incluso paso por su mente el mentirle y abandonar Paris lo antes posible pero sabía muy bien que la niña no toleraría aquello, Eva comenzaba a salírsele de control debido a su curiosidad y ansias de libertad. — Uf, hermanita estas entrando en la paranoia... — Se quejó él entre risas. — No es mal chico. Su padre era psicólogo y su madre trabajaba en la policía. El padre murió hace unos diez años y desde entonces la madre ha intentado por todos los medios mantener a su familia. Tristemente perdió su trabajo, según los informes de su jefe debido a una depresión crónica... Pobre chico. Aun con todo lo que le ha pasado, logró entrar a ese colegio por merito académico y al parecer trabaja algunos días en la semana en una tienda cerca de su casa. Irina no supo que decir... Le había juzgado sin pensarlo y ahora se sentía mal. Debía confiar un poco más en Eva, pero últimamente le estaba costando mucho. No paraba de imaginar que cualquier cosa podría hacerle daño. — Estoy enloqueciendo Axel... — Murmuró ocultando su rostro en sus manos. — No te tortures más Irina... La has cuidado y educada increíblemente todos estos años tu sola, se que eres capaz de lo que sea por cuidarla. Ya es suficiente con que le enseñes a defenderse. — Le intentó tranquilizar su hermano. Apreciaba mucho la intención de su hermano, pero ella seguía sintiendo que tenía las manos atadas ante un futuro desastre. — Debo irme Axel... Te mantendré informado de todo. Dale un beso de mi parte a mi cuñada y mis traviesos sobrinos — Irina se despidió con una sonrisa para tranquilizar a su hermano. Cortó la llamada con su hermano y se levantó del sofá. Intentó enfocarse en otra cosa así que decidió abocarse a ordenar un poco para despejarse. Pero no pudo ni caminar dos pasos cuando escuchó el timbre. Seguramente sería alguna chica que quería inscribirse en los cursos, bueno en ese punto cualquier cosa le serviría como distracción... Bajó las escaleras sin siquiera pensarlo y abrió la puerta dispuesta a decir las misma cosas de siempre. Pero en cuanto sus ojos dieron con aquellos enormes y fornidos hombres su corazón dio un vuelco, la adrenalina alcanzó cada parte de su cuerpo en menos de un segundo y sin dudarlo les azotó la puerta en la cara con todas sus fuerzas en un intento por ganar tiempo y correr arriba. Sin embargo el espacio resultaba tan pequeño que apenas logró dar dos pasos cuando uno de ellos alargó sus brazos pillándola por la cintura. — ¡No! ¡Suéltame imbécil! Irina comenzó a patalear sin dudar en el intento de soltarse, lanzó una fuerte patada hacia atrás logrando darle en los genitales con todas sus fuerza. Escuchó al grandulón lanzar un quejido adolorido, sin embargo su segunda patada no salió también como ella esperaba pues fue a parar a su rodilla desequilibrando por completo al gorila. La rubia apenas y alcanzó a girar el rostro cuando el peso de su captor la llevó de bruces al suelo azotando espantosamente el pie de las escaleras. ¡Vaya golpe que se había dado! Pero poco o nada le importaba, conocía muy bien lo que eran esos hombres solo con mirar su apariencia y no pensaba dejar que la atraparan tan fácil. El hombre al ser mucho más grande y fuerte que ella la levantó del suelo e intentó cargársela al hombro pero Irina rápidamente le propinó un rodillazo al estómago derribándolo. — Pare ya — Se quejó el otro tomándola por atrás. — ¡No! Lanzó un cabezazo hacia atrás dándole un buen golpe ¡Necesitaba su arma! No podría contra los dos en un espacio tan pequeño y con claras desventajas físicas. El otro se levantó del suelo y la sujetó del brazo con fuerza llevándoselo hacia la espalda. No, no, no. ¡Iban a inmovilizarla! El otro se levantó también y sacó de su bolsillo unas esposas. ¡No! En su desesperó no lo pensó y lanzó un cabezazo hacia ese hombre dándole con toda sus fuerzas, su nariz sangraba y la cabeza le dolía espantosamente pero le daba igual. — ¡Ay! ¡Tú pequeña…! — Gritó el hombre visiblemente adolorido. Ella también se había llevado un buen golpe, hacia mucho que no hacía eso... Intentó moverse de todas las formas posibles contorsionando su cuerpo para lograr soltarse pero el otro le sostenía con tanta fuerza del brazo que temía fracturárselo en cualquier momento. — ¿¡Qué diablos quieren!? — Gritó cayendo en la desesperación. — Si no hubieses sido tan bruta, tal vez lo hubieras averiguado antes — Se quejó él otro. El hombre que tenia tras de sí, le propinó una patada en el trasero lanzándola de boca a las escaleras nuevamente. Este se le subió encima impidiendo que se moviera, ni hablar de levantarse y el otro no tardó en ponerle las esposas. — Muévase. — Ordenó uno de ellos levantándola. Irina intentó resistirse haciendo uso de la fuerza de sus piernas, sacudiéndose e intentando colocar todo su peso para impedir que la empujasen tan fácilmente, pero nada puedo hacer… Estaba inmovilizada y no lograría hacerles frente así. Uno de esos hombres la sujetó del brazo con fuerza y la empujo hacía un auto que se encontraba estacionado fuera de la casa. No iba a permitir que la secuestrasen tan fácil así en un último intento por impedir aquello uso su pierna para tratar de hacer palanca y no subir al auto, sin embargo la enorme presión que ellos ejercían pronto comenzó a lastimarla. No resistiría por mucho tiempo. — Si no colabora no tendremos más opción que utilizar a su sobrina. — Advirtió uno de ellos. Un escalofrió recorrió su cuerpo y no pudo evitar pensar lo peor... Eva era su prioridad y sin importar lo que le sucediese a ella, debía asegurarse de que la niña estuviese a salvo. Como una autómata bajo la pierna y entró al auto sin decir palabra. El auto estaba asegurado como si se tratase de un vehículo policial por lo que le sería prácticamente imposible escapar, no le quedaba más que esperar a ver donde la llevaban y en cuanto aquellos hombres entraron al auto, este arranco internándose en las diversas calles de la ciudad. Irina los observaba gracias al retrovisor... La situación no dejaba de ser extraña, al principio parecían saber lo que hacían sin embargo no habían cubierto su rostro por lo que podía observar cada dirección que tomaban, ni siquiera intentaron dormirla así que nada le impedía reconocerlos o reconocer el camino. O estaban muy confiados, o eran unos novatos. Algo allí no cuadraba, por su apariencia parecían guardaespaldas, no mercenarios; y por mucho que lo intentase no les hallaba ningún parecido con los hombres que intentaron llevarse a Alizée y Eva. — Más le vale comportarse. — Siseó el que recibió los peores golpes, sin duda parecía bastante molesto y aun así permanecía hablándole con cierta… Educación. El auto finalmente aminoró la marcha e Irina observó el lugar confundida. Vaya que la había llevado a lugares extraños antes, recordaba claramente aquellos oscuros y asquerosos destinos en los que debió vivir mientras fue víctima de secuestro. Pero nunca en toda su vida imaginó ser retenida en una mansión… — ¿Qué demonios es esto? — Preguntó confundida en cuanto bajo del auto, pero solo recibió un empujo como respuesta. Esos hombres la llevaron a base de empujones dentro de la enorme casa, aquello resultaba completamente ridículo para ella y muchas teorías pasaron por su mente ¿Qué clase de millonario tendría interés en secuestrarla? Al cruzar las preciosas puertas de entrada, un típico mayordomo les recibió y pudo distinguir en su rostro una clara mueca de dolor al verla. Aquello sin duda era surrealista. Él los condujo por un pasillo hasta lo que parecía ser el comedor de la casa. En la mesa ya estaban dispuestos un par de platos con postres y no paso desapercibido para ella los papeles que habían cerca de uno de los mismos. Pero sin duda lo que más captó su atención fue la presencia de un hombre regordete que se encontraba en una de las sillas tomando un té tranquilamente, podía compararlo con la graciosa caricatura del cerdito que tanto le gustaba a Eva. Era el padre de Alizée. — Pero muchachos ¿Qué han hecho? Esa no es forma de tratar a una dama. — Se quejó el hombre en cuanto la vio. — Libérenla ahora mismo. — Ordenó. — ¡Esta loca! — Se quejó el que parecía más ofuscado contra ella. — Es peligrosa señor. — No seas grosero. Libérenla, seguramente la asustaron. — Simplificó el hombre levantándose de la mesa. Y para aumentar su sorpresa, aquel gorila gruñón liberó sus manos de mala gana. Irina se mantuvo en silencio, tan solo observando el lugar sin demostrar el más mínimo ápice de lo que pasaba por su mente. No confiaba en nada... Los libros no se juzgan por su portada. El hombre se acercó a ella y le extendió una servilleta. — Lamentó la brusquedad de los tontos de mis hombres. ¿No la lastimaron mucho, verdad? Haré que le curen eso enseguida. — Expresó el hombre apenado. — ¿Qué es lo que quiere? No lo conocía, apenas lo había visto una vez por cortos minutos cuando fue a buscar a la chica tras el intento de secuestro. La expresión del hombre cambió entonces a una de sorpresa, tal vez no esperaba que la chica actuase de un modo tan frió; sin embargo Irina estaba más que segura de que si estaba allí algo debía saber aquel hombre. — Imagine que esto no sería como una conversación con mi esposa... Aunque no pensé que una señorita tan joven fuese tan seria. — Murmuró el hombre. ¿En serio acababa de ruborizarse de la vergüenza? Irina cambió el peso de su cuerpo cruzándose de brazos, si pretendía mostrarle una cara tan débil entonces ella mostraría su cara más frívola. Pero entonces la conversación tomó un tono completamente diferente que le arrebató el aliento. — Bien, iré al punto. Necesito su ayuda señorita Bach... No ha sido fácil, pero creo haber averiguado mucho sobre usted y de lo que es capaz. Por lo cual le pido su ayuda para salvar a mi hija y su sobrina. Irina no era tonta y no se permitió demostrar ni el más mínimo interés o sorpresa, a pesar de que sus palabras lograron generar un sudor frio que recorrió su espalda. Atenta a cualquier cambió de actitud en el hombre, llevó la mano a su cadera intentando alcanzar su celular disimuladamente... En cuanto aquellos hombres lograron hacerla entrar en el auto y supo que no podría escapar fácilmente, no tardó en deslizar sus dedos hasta su bolsillo trasero e intuitivamente uso la marcación rápida para llamar a Axel. Esperaba no haber perdido la práctica... Su hermano debía estar escuchando todo, tenía que. — ¿Ayudarle? ¿A qué se refiere? — Preguntó ella tomando el celular en su mano. Observó de reojo la pantalla y como esperaba Axel estaba escuchando todo en silencio y seguramente estaba quebrándose la cabeza en ese momento intentando averiguar todo lo posible a la velocidad de la luz. Debía facilitarle el trabajo. — ¿Qué es lo que quiere, señor Fave? — Preguntó de nuevo al ver que él tardaba en responder. — Vera señorita Bach, solo soy un padre agobiado; se que en este momento estará pensando muy mal de mí, pero no es cómo piensa. — Comentó él regresando a la mesa. — En el último año mi candidatura a la presidencia del país ha ido viento en popa, como se suele decir. Pero desde hace unos meses he comenzado a recibir amenazas por parte de un grupo que no está de acuerdo con mis políticas. — ¿Y en que parte entró yo en todo esto? — Preguntó ella, Irina ya conocía todo aquello pues mucho había investigado sobre la familia Fave tras el intento de secuestro de las chicas. — Imaginó que recuerda el incidente del intento de secuestro de las niñas. Dado su pasado supongo que sabrá que no eran maleantes comunes, y que ahora han desaparecido. — Comentó sorprendiéndola. Irina no esperaba que aquel hombre que tenia la apariencia de un Santa Claus joven, hubiese realizado una investigación de tal nivel... Pero lo que más le preocupaba era el que la había investigado ¿Cuanto conocía realmente? Era un político y no debía olvidarlo, la mayoría por no decir todos, se dedicaban a manipular a las personas para beneficio propio. No quería meterse en problemas. — Conozcó parte de su historia señorita Bach y supongo que me comprenderá cuando digo que puedo soportar cualquier cosa mientras no toquen a mi familia... Tras la muerte de mi esposa, mi Alizée se convirtió en mi más grande y único tesoro por lo que no soportaría que algo le pasara. — Comprendo el sentimiento. Soy capaz de cualquier cosa por Eva. — Secundó con un pequeño tono de amenaza. Sin embargo él pareció ignorarlo. — Mi equipo investigó mucho sobre el asunto y aunque debo admitir que no fue sencillo, encontramos mucho de usted señorita Bach. — Explicó arrojándole una carpeta. La rubia no tardó en tomarla con algo de recelo. Ojeó las páginas y observó toda la información que allí había, los documentos reflejaban más cosas de las que hubiese querido. Por supuesto era imposible ocultar absolutamente todo sobre su pasado debido al caos que causaron en uno de los países más escandalosos del continente en cuanto a noticias. Su vida en E.E.U.U pudo ser vinculada a ese fatídico robo final gracias a algunas cámaras de seguridad que captaron su rostro cuando huyó junto a Alexander y dejó a sus hermanos atrás... Ese hombre tenía demasiada información — Bien, al parecer me ha descubierto. ¿Qué es lo que quiere? — Preguntó a la defensiva. — Nada que no le haya dicho, no tengo intensiones ocultas ni nada parecido. Sé que usted no está involucrada en todo esto y le estoy profundamente agradecido por ayudar a mi hija. — Explicó el hombre rápidamente, como si temiese ofenderla. — Pero lamento decirle que su sobrina también podría estar en peligro ahora. Yo no sé cómo lidiar con esta gente por eso necesito su ayuda... Se de lo que es capaz y sé que usted puede mantenerlas a salvo sin levantar sospechas hasta que atrapemos a estos desquiciados. Irina lo observó desconfiada, por experiencia propia no confiaba en ese tipo de hombres, podía parecer un inocente corderito pero aun así no confiaba en él. — ¿Y que gano yo? — Preguntó. No tenía problema con aceptar cuidar de Alizée, pero quería saber de que estaba hecho ese hombre. El hombre la observó con una expresión que la sorprendió, se veía tan desilusionado... Tal vez si estaba tan desesperado como decía. — Déjennos solos por favor. — ¡Pero señor…! — Se quejó enseguida uno de sus guardaespaldas. — Por favor. — Volvió a pedir él, casi en un ruego. Ambos hombres se miraron desconfiados pero sin poder hacer más, salieron seguidos del mayordomo. La habitación se quedó en un silencio sepulcral, ella le vio caminar por la habitación con desesperó, momento que aprovecho para observar rápidamente el celular. Tenía uno y mil mensajes de Axel. — ¡Escápate un minuto y lee esto! ¡El hombre es un santo! — Leyó rápidamente. ¿Un santo?... Eso sí que era extraño. — Entiendo que desconfíes de mí... No soy bueno para estas cosas la verdad. Una cosa es ser firme en la política; hay que ser realistas, me preocupan todos mis ciudadanos pero al final del día la muerte de un desconocido no me afectara del mismo modo en que podría destrozarme el perder a mi familia. — Se sinceró dejando a Irina atónita. — Estoy aterrado, si algo le pasa a Alizée no se qué haré. Aquél hombre parecía un corderito tembloroso, estaba realmente asustado. Irina le observó a los ojos y comprendió que el miedo que tenia por su hija era real. Y a decir verdad no se lo perdonaría si el día de mañana se encontraba en los titulares el secuestro de Alizée o su muerte pudiendo hacer algo para cambiar las cosas. — No confió mucho en los hombres como usted ¿Sabe? — Comentó ella alejándose un poco. — Alizée es una buena niña y no merece estar atrapada en este lió... Pero antes de aceptar ayudarlo necesito saber donde me estoy metiendo. Irina tomó el celular y se lo coloco al oído alejándose levemente para tener algo de privacidad, se habían quedado solos y ninguno de esos gorilas podían impedirle hablar con su hermano ahora... El padre de Alizée no le preocupaba, en dado caso que fuera una trampa podía con él. — ¿Estás bien? — Preguntó Axel enseguida. El pobre sufría un colapso de nervios de solo pensar que pudiese ocurrirle algo a su hermanita. — Si, solo un par de golpes pero estoy bien. — Murmuró tocándose el labio ensangrentado. — Has escuchado todo ¿Verdad? — Dijo sin apartar la vista de aquel hombre. — Investigue todo lo que pude pero necesito más tiempo... No pude entrar a algunos lugares yo solo. — Se quejó Axel, definitivamente en ese tipo de situaciones el no tener a Liam y Lucas con ellos les debilitaba horriblemente. — Lo sé… — Suspiró Irina sin poder ocultar su dolor. — Por ahora es suficiente. Su hermano se quedó en silencio por algunos segundos que para ambos fueron tortuosos, solo se tenían el uno al otro en esa situación y aun así resultaba aterrador saber que no podrían acudir en ayuda del otro rápidamente si algo se salía de control. — No puedo creer que estés pensando en meterte en esto otra vez — Axel… — Esta bien, esta bien. Eres adulta ya entendí. — Se quejó su hermano. — El tipo a simple vista es un santo. Nació y creció en un pequeño pueblo cerca de Abbeville, estudio en una de las mejores universidades por cuenta propia. Consiguió varias becas y aun así trabajaba, comenzó su carrera política con muy buenas propuestas y es muy querido por la población de París, sus finanzas no muestran nada extraño y no existe mancha en su expediente. — Con eso es suficiente, gracias. Eres el mejor. Por supuesto todo aquello podía ser falso, sin embargo confiaba a ojos vendados en el poder informático de Axel; y lo que realmente terminó por convencerla fue el gesto que hizo aquel hombre mientras ella escuchaba a su hermano. El señor Fave caminaba preocupado de un lado a otro y en algún punto decidió detenerse, con un cariño inmenso deslizó sus dedos sobre una fotografía que descansaba en la chimenea. Nunca antes vio tal mirada en otra persona, solo en Liam cuando las observaba a ellas… — Señor Fave, voy a ayudarle. — Aceptó tomando todo el valor que tenía en su cuerpo para recibir una enorme sonrisa por parte de él. Estaba tomando un riesgo muy grande y tan solo esperaba que la situación no se le saliera de control. — ¡No sabe cuánto se lo agradezco! — Chilló el hombre sorprendiéndola con un abrazo. Había tomado la decisión correcta... O al menos eso esperaba
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD