Estrella, La Luna en sus ojos.

722 Words
La luna se reflejaba en sus ojos al igual que las estrellas. Su piel estaba más pálida de lo normal, su boca está abierta a causa de su último suspiro. Mis dedos marcados en su cuello la hacían ver hermosa e irresistible. Le di el último beso antes de desaparecer su cuerpo. Estrella era su nombre, la conocí por medio de mi padre, ella era su amante. Los vi en la habitación que compartía junto a mi madre, fornicaban como unos salvajes, no les importaba que yo estuviera ahí observando. Mis demonios lo disfrutaban, me pedía que me uniera a mi padre y a su amante. “Ella debe estar en el infierno”, susurro uno de ellos. “Mírala es una pecadora, al igual que tu padre”. “Enséñale lo que tienes”. Me alejé de la habitación que tenía la puerta abierta, dejando ver el acto que ambos tenían. Los gritos de la mujer se escuchaban por toda la casa. Conocía el camino que ella tomaba, conocía su hora de salida. Estaba decidido a mostrarle lo mío. La esperé en aquel callejón donde se pavoneaba como toda una ramera, era ahí donde sus clientes sabían esperarla. —¿Qué tenemos aquí? —dijo al verme sentado en una caja negra. —El pequeño Williams, Dime, ¿tienes dinero? Me burlé de ella, por su cinismo. Al igual que mis demonios, estaba de acuerdo que lo disfrutaría. —Eres mejor que tu padre. — Gritaba brincando sobre mí, al escucharla decir eso sonreí. La tomé del cuello posicionándome sobre ella. —¡William! —Dijo mi nombre tomando de mi brazo que estaba sosteniéndola del cuello. —No puedo respirar. La tomé con más fuerza, mientras la embestía con la misma. —William suéltame, pedazo de bestia. La besé aflojando mi agarre, dejando que tomara aire. —Estás loco, casi me matas. — dijo limpiando las lágrimas que salía de sus ojos. Trato de sacarme de ella, pero era solo una mujer débil ante la fuerza que poseía en ese momento. —Quítate animal. —Grito al ver que me mantenía en el mismo lugar. —Bestia, animal, es lo mismo, pero no soy nada de eso. — La volví a tomar con más fuerza, esta vez con mis dos manos. La embestía al mismo tiempo que ella pataleaba por sobrevivir, de un momento a otro su cuerpo estaba sin vida, sus manos y pies dejaban de moverse y la vía ahí viendo al cielo en esa noche oscura donde solo la Luna iluminaba aquel sitio. La luna se reflejaba en sus ojos al igual que las estrellas. Estrella era su nombre, aunque no el verdadero. No me sentí mal al dejar que ellos se apoderaron de mi cuerpo, los deje salir, sentía como corría por mis venas el placer, como cada parte de mí se sentía con más fuerza, con más vida. Lo volví mi pasatiempo. Nadie la buscaría ni la echarían de menos, ella no tenía familia, solo era una mujer de compañía. Mi padre comenzó a ser cariñoso con mi madre, le llevaba rosas y chocolate, la sacaba a pasear por las noches. Tal vez tuve algo que ver con eso, solo dejé una foto cuando él, y algo más cuando él se encontraba solo. “Si vuelves a engañar a tu esposa, tú serás el próximo”. Digamos que le corte el pene a un hombre que por accidente me vio tirando el cuerpo de Estrella. También lo tuve que desaparecer, no lo conocía, no sabía si tendría alguna familia que lo esperaría en casa, pero no necesitaba testigos y él se encontró en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Sonreía al ver la expresión de mi padre cuando encontró la foto, es que no solo le puse el pene del hombre sobre la mesa, le puse las argollas de la mujer. El cuerpo de ambos dentro de una bolsa negra con piedras estaba bajo el agua de aquella posa. Ahí descansarían los restos de la que por un momento fue mi estrella fugaz. La luna se reflejaba en el agua del pozo cuando era media noche, cuando mis demonios susurraban con fuerza y se apoderaban de mi cuerpo. Su nombre es estrella y tiene la Luna en sus ojos
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