Cuando estacionamos el auto frente a mi casa, nos damos cuenta que la fiesta definitivamente ha acabado y que ahora han llegado nuevos invitados. La policía. En la entrada mis dos padres hablan con los uniformados, Alan tiene la cabeza entre sus manos mientras está alejado de todos y los padres de Mike escuchan en silencio. —¡Maldición! —gruñe Mike. Bajo del auto como puedo debido a mi dolor en la espalda. Con pasos lentos me acerco a ellos. No es hasta que Alan me ve, que notan nuestra presencia. —¡Faith! —exclama levantándose de su sitio. —¡Dios mío! ¡Hija! ¿Qué les pasó? —ahora es mi madre quién habla. —Nos asaltaron —responde Mike antes que yo. La verdad se lo agradezco, no dijimos ni una sola palabra de camino hasta acá. Él iba concentrado en la carretera y yo iba mirando por l

