Me sacan de ese lugar a tirones, no sin antes buscar mi teléfono en el suelo. Veo los labios de Mike moverse con brusquedad, pero mi cerebro no capta lo que dice, en cambio, Alan camina de un lado a otro con las manos en su cabeza. —¡Maldición! —salgo de la ensoñación cuando escucho el grito de Alan—, ¿qué carajos hiciste, Faith? ¡ya no podemos decirle a la policía que fue en defensa propia! ¡Claramente lanzaste a esa mujer para que se triturara con intención! —¿Y acaso vamos a esperar a la policía? ¡Tenemos que irnos! —exclama Mike. —Mike tú sabes que... —¡Cállate, Faith! —grita y me sobresalto —. Sólo cállate... Las manos me empiezan a temblar frenéticamente. El corazón me palpita con brusquedad en el pecho y las lágrimas empiezan a salir a montones. Me miro la ropa cubierta de san

