—Entonces, ¿por qué te mudaste? —Alan se lo piensa antes de contestar. Nos quedamos sentados en el pasillo de la biblioteca hablando de trivialidades, aunque ahora, el tema se ha puesto un poco más personal. —Creo que te mentí, Faith, sí soy un chico malo. ¡Perfecto! Demasiado bueno para ser real. —¿A qué te refieres? —contesto. —Yo vivía en California, y mi grupo de amigos no eran precisamente, angelitos de Dios, éramos como una pandilla. Un día bebimos de más y se nos ocurrió la fantástica idea de competir en carreras ilegales, muy famosas allá. Yo iba conduciendo y mi mejor amigo, la persona más importante en mi vida, iba justo a mí lado, choqué, él murió, yo no. —¡Oh, por Dios, Alan! Lo lamento mucho. No debí preguntar. —No te preocupes, el caso, es que yo debería estar en la cá

