Capítulo — “Las llaves que no encajan” El teléfono vibró sobre el escritorio de Julián Funes, rompiendo el silencio espeso de la tarde. Carlos estaba sentado frente a él, con el ceño fruncido y un fajo de papeles en las manos, pero ya no leía. Olivia, en la otra silla, tenía las manos entrelazadas sobre el regazo y la mirada fija en el abogado, como si quisiera adivinar las palabras antes de que las pronunciara. Carlos había ido a llevar copias de todo lo que tenían. Debían preparar la denuncia. Julián tomó el teléfono, lo desbloqueó y frunció el ceño. —Es de Valentino —dijo, abriendo el mensaje. Carlos lo observó con atención, inclinándose apenas hacia adelante. —¿Qué dice? La voz del abogado adquirió un tono grave al leer: > “La encontré. Está alterada. Y no hablo de enojo, Ca

