Capítulo —El Divorcio Clara lo abrazó con fuerza, como si en ese instante Carlos fuera el único lugar seguro en un mundo que se le estaba desmoronando. Hundió la frente contra su hombro, respirando agitada, y dejó escapar un susurro tembloroso: —Llevame con mis hijos… por favor. Carlos no preguntó nada más. La sostuvo unos segundos, acariciándole la espalda con un gesto que mezclaba ternura y preocupación. Luego, sin soltarla, la condujo hasta el auto. Tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada, como quien sabe que las preguntas pueden esperar, pero el bienestar de ella no. El trayecto fue silencioso. Solo se escuchaba el motor y, de vez en cuando, el sonido contenido de la respiración de Clara, que luchaba por no volver a quebrarse. Cuando llegaron a la casa, Olivia ya estaba en

