Capítulo 11 – No era amor, era obsesión Julieta cerró la puerta de un golpe. El eco retumbó en la casa como una cachetada de realidad. Se sacó los tacones con furia, los tiró contra la alfombra y caminó descalza por el piso frío, mascando rabia. Hacía unas horas había salido a buscar a su amor. Se la iba a jugar, y se la jugó. —¡Maldito imbécil! —escupió al aire, como si las paredes pudieran contestarle. Se miró en el espejo del pasillo. El maquillaje aún impecable, el peinado en su lugar… pero la mirada, esa mirada que antes era su mejor aliada, ahora le devolvía un reflejo desencajado. Y dolido. Caminó directo al comedor, puso el celular sobre la mesa y lo desbloqueó. Nada. Ni un mensaje. Martín no había escrito. Ni siquiera para reclamarle. Ni para insultarla. Ni para decirle que

