Capítulo — El Milagro en Nuestras Manos La tarde estaba serena, con un cielo límpido que parecía bendecir cada rincón de la casa. Clara se sentó al borde de la cama, respirando profundo, con el bolso preparado a un costado. Lo había armado con calma: la ropita diminuta en tonos rosa pastel, las mantitas suaves que su madre alguna vez le había tejido a Martina y que ahora serían de su hermanita, y un pequeño conjunto blanco que había comprado con Martín, convencida de que era perfecto para el primer día de vida de su bebé. Martín entró en la habitación y la observó unos segundos en silencio. Llevaba la camisa azul claro que a Clara siempre le gustaba, como si hubiera querido vestirse con cuidado para acompañarla en ese día especial. Se acercó, tomó el bolso y luego le ofreció la mano. —¿

