Willow.
Hijo. De. Puta.
Si pudiera describir al imbécil que hace media hora entro todo pomposo y se sentó frente a mi usaría esas tres palabras sin miedo a equivocarme.
Era mucho mas amable en mis sueños, los húmedos para ser mas precisa.
Desde el día que aparecí de rodillas como un cordero a sus pies a punto de ser devorado he pensado mucho en él, tanto que algunas veces me visita en sueños, después de una semana decidí que era mucho mejor perder un par de billetes, mi pequeña y vieja cartera que mi hermano Kilian me obsequio por mi cumpleaños además de mi ultima oportunidad de un diagnostico antes que perder las bragas y la puta cordura por ese Esnob.
-¿Quién es el tipo caliente?.- Aby salió de la trastienda en el preciso momento en el que termine de recoger los pedazos de vidrio, mi única amiga o lo mas cercano que tenía a una y dueña de este speakeasy de ensueño.
-Arrogante imbécil querrás decir.- escribí en mi móvil y se lo entregue, ella negó rotundamente.
-¿Tus ojos tampoco funcionan?.- esta es la razón por la que somos amigas, es decir, no le importa que no hable, no le importa quien es mi hermano ni a que se dedica, me dio un empleo por mis habilidades y se tomo mucho tiempo para construir este lugar desde cero, eso significa que tampoco le vendería a nadie sus sueños, no tienen un precio, es valiente y hermosa además de completamente imprudente.
No es un secreto de estado que el imbécil es guapo, siendo sincera es hermoso, como si Chris Evans tuviera un gemelo malvado que en lugar de salvar al mundo como el capitán América, se encarga de joderlo.
-Tu cerebro es el disfuncional Aby.- vuelvo a entregarle el móvil, esta vez pasando el trapo por la superficie de madera, no quiero que se arruine.
-Deja eso Will, tenemos algo importante que discutir.
Mi cuerpo se tensa al pensar en que podría despedirme, pero me tranquilizo cuando sonríe.
-Cuéntame, ¿lo conoces verdad? ¿Quién es? ¿Cómo es? ¿esta soltero? ¿tiene un hermano mayor que pueda… no sé, mostrarme algo más que una bonita sonrisa?
Niego riéndome por su pregunta sugerente, si tuviera uno que no fuera un idiota me lo quedaría, pero supongo que esta solo y si no es así no tengo la más mínima intención de involucrarme con él, puedo sentir la hostilidad a kilómetros, nunca fui precisamente a la escuela, pero prefiero saltarme toda esa mierda de superioridad, lo único que necesito en mi vida es tranquilidad y no dejare que él ni nadie me la arrebaten, no necesito hablar, he estado bien hasta ahora y seguramente me las arreglare para vivir así durante el año que le prometí a mi hermano la ultima vez.
-No tengo idea, no lo conozco.- miento de nuevo con las teclas de mi móvil.
-Mentirosa. No importa en realidad, volverá pronto.
“Dios por favor, no, que se quede en esa maldita cueva suya llena de perversión encadenando a sus victimas para hacerles quien sabe que cosas sucias…”
-No invoques al diablo si no quieres hacer un pacto con él.- lance el móvil de nuevo poniéndome a limpiar el suelo carmesí.
-No lo sé, quizá esté dispuesta a pagar el precio con la condición de verlo desnudo, estoy segura de que no me arrepentiré.
“Tienes razón Aby, no te arrepentirías”
Vuelvo a mi trabajo ignorando su ensoñación, necesito sacarlo de mi mente, número uno porque no va a ayudarme, no parece del tipo que hace caridad o se preocupa por los demás y numero dos y mas importante no necesito crear problemas, no cuando estoy tan cerca de lo que siempre quise.
***
Había dos cosas en mi vida diaria que detestaba (justo ahora tres si agregamos a ese maldito Esnob a la lista) pero como no quería pensar mucho en él me quedare con dos, la primera era despertar temprano después de servir bebidas toda la noche y la segunda era la silueta frente a mi cama.
El diablo en un costoso traje o mi hermano en términos menos metafóricos.
Lanzo la almohada en su dirección esperando que eso lo ahuyente, ¿a quien quiero engañar? Ni siquiera las balas lo detienen, tomo mi móvil y escribo un mensaje de texto para él, hace mucho que aprendimos a comunicarnos de esta manera.
-¿Qué haces aquí?
-Es tu chequeo mensual.- sus ojos grises recorren cada rincón de mi habitación
-¿No tienes algo mas importante que hacer? Torturar personas, sacar tripas, patear cachorros, beber sangre de bebés recién nacidos ¿molestar a alguien más que no sea yo? ¿A tu futura esposa quizá?
Nadie que estuviera frente a mi hermano se atrevería a tocarlo, hablarle o golpearlo ni siquiera mirarlo, pero a veces es demasiado molesto y yo tengo ese pase libre de hermanos para joderlo.
-No, ahora levántate y con suerte te invitare el desayuno más tarde.
Mi estomago chilla de emoción, mi dieta a base de fideos instantáneos y pan barato tomara una pausa hoy.
Me incorporo en la cama, le pido que me lance la sudadera que descansa en el perchero metálico en donde cuelgo mi ropa, lo hace con la punta de los dedos.
-¿Podrías al menos tomar un baño?.- frunce el ceño y me dan ganas de romperle la nariz.
-No seas dramático señor trajes, me bañe antes de acostarme.- el clic de las letras es el único sonido en la habitación.
Niega suavemente, si alguien me preguntara sobre Kilian diría que es un tipo duro, con heridas graves que solo pueden ser cosidas por alguien que tenga un hilo realmente grueso y la paciencia de un ángel, solo espero que su prometida a quien conocí un par de veces lo sepa, el enorme caso de caridad con el que esta a punto de unir su vida.
No siempre fue así, lo recuerdo amoroso, cálido como una tarde de sol agradable en verano, sonriente y feliz… solo que bueno, sea lo que sea que sucedió la noche en la que el abuelo murió, ahora es… The Killer, como suelen llamarlo en el trabajo, ni siquiera se como llego a esa posición, ¿mafioso? Dame un puto respiro, desde el día en el que volví hasta ahora no se lo he preguntado y no lo haré, nada cambiara lo que somos.
-Déjame comprarte ropa Will.
-Me gusta lo que tengo.- no servirá de nada llevar enormes maletas cuando me marche.
-La gente pensara que eres un vagabundo.
-¡Oye idiota! ¿Eres amigo o enemigo? Ya te dije que no quiero tu dinero, tengo un empleo y me va bien.
-Tampoco tienes que trabajar, puedo comprarte un maldito bar, puedes trabajar en Blame.
Blame es su asqueroso bar de mala muerte en el que todos sus matones se reúnen para ver mujeres desnudas bailar, odio trabajar ahí, odio verlos volverse locos por un par de mujeres que se ven obligadas a mostrarse por dinero y detesto ver el mundo en el que vive mi amoroso hermano. En realidad, creo que odio en lo que se convirtió.
-¿Para qué? Le pedirás a esas bestias que me vigilen y en cuanto tome un trago de tequila te volverás loco.
-No puedes beber alcohol, lo sabes.
Aprieta la mandíbula tanto que bien podría rompérsele, respiro profundo metiéndome en las converse.
-Fue un desliz, un accidente que no se repetirá, tenemos un trato.
-No es un trato, dije que lo pensaría.
-Y yo dije que es un trato, tómalo o déjalo.- dejo mi móvil en mi pequeño buro dando por terminada la conversación.
Abre la boca para pelear, pero me pongo de pie y paso a su lado, fuera de mi apartamento están todos los uniformados esperando por su jefe, ninguno me mira, nadie quiere trabajar conmigo desde que enterré un tenedor en las bolas a uno de ellos cuando me toco el culo, a los otros… bueno, simplemente los ignoro.
El camino al hospital es silencioso, la camioneta blindada me pone nerviosa, Kilian esta pensativo, han pasado días desde que lo vi sumergido en sus pensamientos y me pregunto que se trae entre manos, no lo digo, no quiero involucrarme, ya sabes lo que dicen, la curiosidad mato al loro.
Cuando llegamos al hospital me sigue como un perro guardián hasta que vemos las enormes letras con flechas directas al consultorio de mi médico.
“Psiquiatría”
Empuja la puerta dejándome entrar, levanta una mano para que su guardaespaldas se quede fuera.
-Willow, ¿Cómo estas hoy?.- la sonrisa del psiquiatra me provoca escalofríos.
“Preferiría estar en cualquier otro lugar.”
Sonrió sutilmente, revisa un par de hojas en su tabla y nos invita a sentarnos.
-¿Alguna novedad?.- me mira, niego otra vez, como siempre.
Venir aquí cada mes no cambia nada.
-¿Duermes bien?
-Si.- muevo la cabeza.
-¿Qué tal tus comidas?
Repito.
-¿Alguna pesadilla?
-No.
-¿Pensamientos intrusivos?
-No.- Si.
-¿Algún cambio de planes?
-No.
-Bien, ¿podría hablar con tu hermano un momento?
Me muerdo la lengua, de todas las malditas cosas que me joden la mente esta es una de ellas, Kilian se perdió mi infancia, incluso mi adolescencia y no lo culpo por ello, esto es demasiado, no soy una niña, no estoy jodidamente loca y no necesito esta preocupación excesiva sobre mí cabeza.
Pero me he rendido ahí, haga lo que haga nada cambiara, así que simplemente salgo del consultorio esperando mi receta medica con pastillas para dormir y calmantes para los nervios.
El enorme tipo afuera me mira un segundo y vuelve a mantener la postura, me doy la vuelta y voy directamente a la cafetería con la intención de comprar una bebida.
Las personas caminan por todas partes en batas de pacientes, siento que me enfermo cada vez que piso el hospital, sé que todas estas personas están aquí con esperanzas de volver a ser lo que eran, de abrazar a sus seres queridos, regresar a casa, recuperarse…
Me pregunto cuando fue que perdí la esperanza, deshago ese nudo en mi mente y me planto frente al mostrador.
-Un café con crema de avellana, sin azúcar.- extiendo mi móvil, la chica lee rápidamente, se pone en marcha y pronto tengo mi bebida quemándome los dedos.
Vuelvo caminando entre todas las personas, encuentro la salida de emergencia que me conduce directamente a las escaleras, las subo lentamente hasta el ultimo piso en donde se encuentra un enorme jardín, lo descubrí la ultima vez que estuve internada en estas horribles paredes.
Me siento en una banca en la orilla, está vacío, siempre me pregunte si los pacientes podían subir hasta aquí o si existía una regla que lo prohíbe, como sea nunca me arriesgue a averiguarlo.
Bebo mi café en silencio, disfrutando de la suave ventisca hasta que escucho pasos detrás de mí, instintivamente agacho la cabeza, nadie puede decirme nada, no soy un paciente, sin embargo, todavía conservo el miedo a ser descubierta.
-Agradezco tu interés pero el hospital tiene una severa norma de no confraternización.- la voz familiar me llena los oídos, me giro de inmediato siguiendo el sonido.
El maldito Snob esta aquí.
Y mucho mas guapo de lo que lo recuerdo.