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Promesas de Amor

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Blurb

Amina Al-Fahd, de 28 años, está casada desde hace cuatro años con Khalid Al-Nasser, el único heredero de la poderosa familia Al-Nasser, dueños de una prestigiosa empresa de joyería en Dubái. Su matrimonio, construido sobre el amor y el respeto, se ha visto ensombrecido por un deseo no cumplido: tener un hijo. Después de múltiples intentos fallidos y de recurrir a la medicina tradicional sin éxito, Amina comienza a cargar con el peso de las expectativas familiares y la presión social.

La familia de Khalid se niega rotundamente a permitir que Amina busque tratamientos fuera del país, cuestionando su lugar como esposa y futura madre del heredero. Atrapada entre el amor por su marido y la exigencia implacable de la tradición, Amina toma una decisión desgarradora: le pide a Khalid que tome una segunda esposa, con la esperanza de que así nazca el heredero que su familia tanto espera.

Lo que Amina no imagina es que este sacrificio cambiará el rumbo de su vida y de su matrimonio para siempre. La llegada de una segunda esposa abrirá viejas heridas, revelará secretos escondidos y pondrá a prueba los límites del amor, la lealtad y la identidad de Amina. Entre deber y deseo, Amina deberá descubrir qué precio está dispuesta a pagar por cumplir el sueño de otros… y cuál será, al fin, su propio destino.

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Prólogo
Amina Nunca imaginé que el sonido de los violines pudiera doler tanto. Esta noche, cada nota resuena dentro de mí como una aguja invisible, clavándose una y otra vez en un corazón que intenta mantenerse digno. Las lámparas de cristal iluminan el gran salón, y los pétalos de rosas rojas dibujan un camino perfecto hasta el estrado donde Khalid anunciará su decisión. Mi esposo, mi amor... él hombre al que yo misma le pedí que eligiera a otra mujer. El aire está impregnado de perfume dulce y murmullos expectantes, siento las miradas de todos sobre mí, pesadas, curiosas, compasivas… y algunas crueles. La familia Al-Nasser ocupa el lugar central, altivos, orgullosos, vestidos con oro y tradición. Yo estoy a su lado, con mi vestido rosa suave que mezcla lo moderno y lo tradicional, y mi velo delicado cae sobre mis hombros como una caricia que ya no consuela. Me repito que fue mi decisión, que fui yo quien abrió esta puerta. «Si no podemos tener hijos… entonces debes tomar una segunda esposa» — le dije hace unas semanas, temblando, sin atreverme a mirarlo a los ojos. Él se negó al principio, me abrazó con una fuerza que me rompió por dentro, como si quisiera protegerme de mí misma. Pero la presión no se detuvo, la familia, los susurros, el apellido, la herencia... cuatro años de intentos, médicos, remedios, plegarias… y nada, no había nada, solo ese dolor cuando cada mes miraba ese negativo que dolía con cada intento. Hoy estamos aquí, sin poder dar marcha atrás a todo lo que siento. Khalid está de pie frente a mí, imponente con su thobe blanco impecable, su mirada recorre el salón, pero cuando me encuentra, todo a su alrededor parece detenerse. Hay tanto amor en sus ojos que me arde el pecho, Khalid es mío lo sé, lo siento completamente, pero también sé que esta elección no borra lo que somos, o al menos eso quiero creer. Mi mirada se aparta de Khalid y va hacia el fondo del salón, entre las mujeres invitadas, veo a ella, cabello rojizo. elegante, sofisticada y con ese aire sereno que atrae todas las miradas. Se que la he visto en un par de ocasiones en la oficina de Khalid, siempre está acompañada de su padre y nunca nos hemos dado la oportunidad de conocernos, pero desde ya, sé que su vida está a punto de entrelazarse con la mía. No siento odio, siento algo peor, miedo... miedo a no saber quién seré cuando todo cambie. Los ancianos de la familia hablan, pronuncian discursos sobre legado, destino, bendiciones, pero yo solo escucho el latido de mi corazón, rápido y desordenado, como si quisiera escapar de mi pecho. Khalid da un paso al frente y mira a los demás. —Esta decisión —dice con voz firme, grave y cálida— No nace de la falta de amor, sino del deber hacia mi familia. — Su voz tiembla apenas, es un matiz que solo yo percibo. Bajo la mirada y siento mis manos frías, pero aun así respiro hondo intentando ser fuerte. La mujer pelirroja levanta el rostro cuando su padre le dice algo y luego sonríe, en sus ojos no veo arrogancia, en ellos hay inseguridad, la misma que me acompaña cada noche, pienso que quizás ella también teme entrar en esta historia donde el amor ya existe… y no es el suyo. Khalid vuelve a mirarme y en ese instante no hay nadie más en el salón, solo nosotros dos, y el recuerdo de nuestras promesas «“En la salud y en la enfermedad, en la alegría y en el dolor.”» Pero nunca imaginé que el dolor tomaría esta forma. Le sostengo la mirada y me sonríe... es una sonrisa llena de ternura, de disculpa silenciosa y de lealtad a un amor que ahora debe compartir espacio con el deber. Lo veo dudar antes de decir las siguientes palabras y entonces comprende lo impensable: yo asiento. Un gesto pequeño, pero suficiente para que no defraude a su familia por mí. Yo lo autoricé, yo lo traje hasta aquí, este es el precio que debo pagar por ser una mujer seca, este es mi castigo por no ser lo suficientemente buena para tener a mi propia familia. —“Que seas feliz, Khalid… aunque yo tenga que aprender a serlo de otra manera.” — Mi voz salió solo para mí, en un pequeño susurro Y en el instante en que él duda si pronuncia el nombre de su segunda esposa o no siento cómo algo dentro de mí se rompe… pero también nace algo nuevo, una determinación que no conocía. Mi historia no termina aquí, apenas comenzaba. El silencio se vuelve absoluto cuando Khalid alza la mano, siento cómo mi respiración se detiene, como si todo mi cuerpo supiera que está a punto de cruzarse una línea invisible, una que no se puede desandar. —He tomado mi decisión —dice y mi corazón late con tanta fuerza que temo que los demás puedan escucharlo. —El nombre de mi segunda esposa es Leyla Demir. — El nombre resuena en el salón con una solemnidad que me atraviesa la piel. Leyla suena suave y elegante, muy distinto al peso que ahora cae sobre mi pecho. La mujer pelirroja da un paso al frente; sus movimientos son seguros, educados, como si hubiera ensayado este momento toda su vida, su padre la acompaña, un hombre alto, de porte serio, con la mirada afilada de quien protege lo que ama. Khalid continúa, y su voz recupera esa firmeza que lo ha convertido en el heredero que todos respetan. —Prometo ante mi familia y ante Allah que cuidaré de ella, que la respetaré y que no le faltará nada bajo mi techo. — Un murmullo de aprobación recorre la sala. Yo sonrío, porque eso es lo que se espera de mí, pero entonces el padre de Leyla habla, rompiendo la armonía fingida. —Al cuidarla —dice con calma calculada— Espero que recuerdes que ahora tienes dos esposas, no debe haber distinciones entre ellas. — Mis dedos se crispan bajo la tela de mi vestido. Khalid no duda, tal vez eso fue lo que me rompió por completo. —No las habrá —responde con seguridad— Ambas ocuparán un lugar justo y honorable en mi vida. — Las palabras son correctas. Pero no alivian nada lo que siento, al contrario, una inseguridad fría recorre mi cuerpo, lenta y silenciosa, como un veneno que se instala sin hacer ruido. Porque yo no quiero un lugar justo, yo quiero mi lugar, el que siempre fue mío y el que ahora debo compartir. —Amina... —Khalid se gira hacia mí y me llama con suavidad— Ven aquí Habibi — asentí dudando un poco. Pero mis pies se mueven antes de que mi mente pueda detenerlos, camino hacia él con la cabeza en alto, cada paso es una batalla contra el temblor de mis piernas. Luego, con un gesto solemne, Khalid extiende la mano hacia Leyla justo cuando yo llego a su lado. —Acércate. — le pide y ella obedece, colocándose a su lado izquierdo. Puedo sentir su presencia, su perfume distinto al mío y su respiración controlada y eso simplemente me está matando por dentro. Khalid pasa su brazo por mi cintura, atrayéndome con un movimiento natural, íntimo, como lo ha hecho cientos de veces cuando estamos solos. Mi cuerpo reacciona antes que mi corazón, acomodándose contra el suyo, buscando refugio en un gesto que ya no me pertenece del todo. Es imposible negar el amor que hay entre Khalid y yo, está en la forma en que sus dedos se aferran a mi cintura, en la manera en que su cuerpo se inclina apenas hacia el mío, en cómo su mirada me busca incluso ahora, llena de una devoción que duele. Pero por primera vez desde que lo conocí, no me siento segura en ese amor. Porque ahora me doy cuenta de que quizá el amor no sea suficiente para protegernos de lo que viene. Miro a Leyla de reojo, ella mantiene la compostura, pero sus ojos revelan nerviosismo, tal vez también siente que entra en una historia donde el corazón de su esposo ya tiene dueño, tal vez ella también teme no ser suficiente. Pero ahora no importa cuánto amor exista entre Khalid y yo. No importa cuánto me abrace ahora, nada volverá a ser solo nuestro. Mientras el salón estalla en aplausos, yo sonrío para todos, apoyada en el pecho del hombre que amo… preguntándome en silencio si este amor, por más fuerte que sea, logrará sobrevivir a la promesa que acabamos de hacer ante el mundo.

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