Sigo los pasos de ese tonto, me encuentro a Abraham quien espera fuera de la cocina y ríe por mi cara de molestia. John me obligó a decirle que eran sus hijos y no tengo la más remota idea de por qué. Peor aún, pensé que me besaría pero solo me dejó en el suelo y salió. -Pareciera que quieres matar a alguien - me dice sonriendo -. -¿Tú qué crees? – estoy tan molesta que apenas puedo separar los labios para responderle -. -Solo déjalo vivo unos minutos más – me dice poniéndome una mano sobre el hombro -, vamos a darle la noticia. Cuando entramos a la oficina, John está escribiendo algo en un papel bastante concentrado, y luego lo firma. Levanta la vista, sonríe satisfecho y camina hacia nosotros con seguridad. -Necesitamos hablar los tres – le dice muy serio Abraham-. -No veo qué te

