El living del edificio era elegante y refinado; Alexa ni siquiera quería imaginar cuánto costaba vivir en un lugar como ese. Mucho dinero que sale del bolsillo del señor Larsson, pensó. Porque Alexa estaba segura de que Marcus era el típico niño rico mantenido que solo vivía para malgastar el dinero de su familia. Larsson la estaba esperando de pie frente al ascensor, y los miedos de Alexa se dispararon de golpe, haciendo que sus piernas temblaran. —¿Por qué tienes esa cara? ¿Viste un fantasma, enana? —preguntó, mirándola de pies a cabeza. Alexa quería contestarle, por Dios que así lo deseaba, quería mandarlo a freír espárragos por llamarla enana, pero estaba demasiado nerviosa por el ascensor. Tragó grueso. —No puedo subir en eso —murmuró entre dientes. —¿Qué? —Marcus frunció el ce

