Capítulo5

1181 Words
Aurora El rugido de los motores aún vibraba en mis oídos mientras arrastraba mi maleta de cabina por el concurrido pasillo del aeropuerto. Acababa de aterrizar de un viaje exprés por la costa sur, con la cabeza llena de ideas para mi próximo post de "Rutas Internas". Como blogger de turismo local, mi vida era un torbellino constante de paisajes nuevos, sabores inesperados y el dulce desafío de contarlo todo de una manera que inspirara a otros a explorar su propio país. Era mi pasión, mi libertad, y me encantaba cada segundo. Mis ojos, acostumbrados a escanear horizontes, se detuvieron de repente en una figura familiar junto a una cafetería. Cabello castaño oscuro, una elegancia natural incluso en ropa informal, y una sonrisa que, a pesar de la distancia, reconocería en cualquier parte. —¡Leia! —exclamé, la sorpresa borrando cualquier rastro de cansancio. Se giró, y sus ojos se abrieron en un reconocimiento mutuo. Una sonrisa amplia iluminó su rostro. —¡Aurora! Dios mío, ¿qué haces aquí? —Se acercó con los brazos abiertos y me envolvió en uno de esos abrazos cálidos y genuinos que solo los Vittini sabían dar. —Acabo de llegar de Barahona —respondí, separándome para mirarla. Estaba hermosa, con ese aire de calma y felicidad que la rodeaba desde que volvió a estar con Martín—. ¿Y tú? Pensé que estarías en Londres. —Acabo de bajarme del vuelo —dijo, riendo—. Tenía una reunión de trabajo exprés aquí, y aproveché para visitar a la familia. ¿Te queda tiempo para un café? Asentí con entusiasmo. Mientras esperábamos en la fila, con el zumbido constante de los anuncios de vuelos y el ir y venir de la gente, mi mente se desvió, como siempre, a él. Era tonto, lo sabía. Habían pasado casi dos años desde aquella despedida, desde que decidimos que la distancia era demasiado para lo que teníamos. Pero Lucas… Lucas siempre había sido mi primer todo. Mi primer amor, mi primer beso. Y él, mi primer novio. —¿Y Lucas? —pregunté, intentando que sonara casual, como si su bienestar fuera solo una curiosidad lejana—. ¿Cómo le va en la universidad? ¿Ya está cerca de graduarse de ingeniero? Leia me miró, y su sonrisa se desdibujó un poco, sustituida por una expresión que no pude descifrar de inmediato. Una mezcla de preocupación y… ¿Resignación? —Lucas… Lucas volvió —dijo, su voz más baja de lo normal. Mi corazón dio un vuelco. —¿Volvió? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Ya terminó? Pero si… si todavía no le tocaba. Leia suspiró, revolviendo su café con una cuchara. —Volvió hace un tiempo ya. No terminó. De hecho, dejó la universidad. Está en casa de la abuela Lena, en el campo. Se fue para allá hace unas semanas. No está… no está del todo bien. Las últimas palabras cayeron sobre mí como una losa. "No está del todo bien". La descripción era vaga, pero el tono de Leia, la preocupación en sus ojos, lo decía todo. Mi mente empezó a generar mil escenarios, mil razones, todas dolorosas. Pero entre la confusión y la angustia, una pequeña chispa de esperanza se encendió en mi pecho, cálida e inesperada. Lucas. De vuelta. A pesar de la preocupación de Leia, a pesar de la inquietud que sentí por la noticia de que había abandonado la universidad, lo único que mi corazón podía procesar era que estaba cerca. Que no había un océano entre nosotros. Que no había un continente que nos separara. —¿En la casa del campo? —pregunté, intentando que mi voz no delatara la repentina prisa que me invadió—. ¿Con la abuela Lena? Leia asintió. —Sí. Martín está con él ahora mismo. Yo me volví a Londres por un compromiso, pero él se quedó. Está un poco… encerrado en sí mismo. No quiere hablar mucho. La información, lejos de desanimarme, solo encendió mi determinación. Encerrado en sí mismo. Leía entre líneas: Lucas, mi Lucas, estaba sufriendo. Y el hecho de que estuviera en la casa de su abuela, un lugar tan arraigado a nuestros recuerdos de infancia y veranos interminables, solo lo hacía más real. Tomé un sorbo de mi café, la amargura del líquido contrastando con la dulzura de la posibilidad que ahora se abría ante mí. —Bueno —dije, tratando de sonar tranquila, aunque mi mente ya estaba planeando la ruta y el mejor día para ir—. Espero que mejore pronto. Apenas tenga un hueco en la agenda, intentaré pasarme a visitarlo. Me encantaría ver a la abuela también. Leia me miró, una chispa de curiosidad o tal vez de comprensión asomándose en sus ojos. Me sonrió, una sonrisa pequeña y sabedora. —Estoy segura de que a Lucas le encantaría verte, Aurora. —Había algo en su tono que me decía que ella intuía más de lo que yo expresaba. Pero no me importó. La idea de volver a ver a Lucas, de poder estar cerca de él de nuevo, eclipsaba cualquier otra preocupación. No sabía qué había pasado, ni por qué había cambiado, pero la esperanza, esa vieja amiga, había vuelto a instalarse en mí. Solo necesitaba encontrar el momento perfecto para volver a verlo. Sonreí, necesitaba volver a verlo. Mi corazón se llenó de ilusión, necesitaba urgente abrirme un espacio en la agenda para ir a verlo. Me quede unos minutos más hablando con Leia, antes de tomar caminos separados, con la promesa de que iría a su casa antes de volver a irme. En cuento vi a mi madre esperándome en el área de espera del aeropuerto, me acerque a ella y me deje abrazar, mi mamá daba los mejores abrazos del mundo. —Mi muñeca preciosa— me dijo antes de besarme la frente, le sonreí y la abracé con más fuerza antes de separarnos y empezar a caminar hasta el estacionamiento. —Cuéntamelo todo— me emocioné un poco y luego empecé a hablar de como había sido el viaje. Hable por lo que se sintieron horas. Cuando estábamos entrando en el camino de nuestra casa, cambie de tema. —Me he encontrado con Leia Vittini en el aeropuerto. — Dije, a mi madre se le sonrojaron las mejillas. Eran tan extraño, porque sabía que mi madre había amado al señor Arturo cuando era adolescente, entre ellos existió una relación de la cual no hablaba mucho, pero que su rostro se sonrojara cada vez que hablábamos de alguien de esa familia, era muy inquietante, porque estaba empezando a pensar que ella, en algún lugar de su corazón, amaba al padre de Lucas. Y que, puede, que por esa razón nunca logro amar a mi padre verdaderamente. Como yo había estado enamorada de Lucas desde hace 3 años, sabía perfectamente por lo que estaba pasando, porque aunque, no nos habíamos visto como en 2 años, y de que yo intentara salir con otros chicos, Lucas ocupaba su espacio en mi mente y corazón.
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