Capítulo 6
Theo siempre fue un buen alumno, o eso le decían los profesores, la verdad es que era bueno en las letras, pero su capacidad con la física y la química le valían como boleto sin retorno al aula B. Nunca tuvo cabeza para esos cursos, mucho menos para la trigonometría y la geometría, era como si su mente no pudiese recordar tantas formulas. Él recordaba las áreas, los vectores, los movimientos uniformemente variados, pero era incapaz de juntarlos todos en un solo problema. Recordarlos no era difícil, lo difícil era recordar qué formula se necesitaba para cada ejercicio. Por ello estaba condenado al B, por más que se esforzara nunca podía lograrlo. Había ido con su profesor de matemática, de física, y el de química, todos perdían la esperanza tras la primera clase privada. Pronto el entrenador de básquet le dijo que no pondría continuar en el equipo si sus notas no mejoraban. Él estaba desesperado, tenía quince años y estaba desesperado por permanecer en el equipo.
Por esas fechas un nombre resaltaba entre los alumnos de último año de secundaria, Mina Peters. El nombre de la muchacha recorría todos los salones de último año por varias razones. Algunos hablaban de lo bonita que era, alagaban su rostro perfecto con piel perfecta, cándida mirada y sonrisa atrayente. Otros hablaban de lo amable que era, no importaba si era mayor o menor, ella siempre te trataba con respeto. Pocos hablaban de su inteligencia, siempre ocupaba los primeros lugares de las listas de honor. Pero de lo que siempre halaban, algo que absolutamente todo el alumnado de Silver River sabía y veía, era por el novio que ella tenía.
No era novedad para ningún alumno o profesor ver a la joven y feliz pareja llegar de la mano a primera hora de la mañana. Siempre estaban sonriéndose, él siempre la abrazaba y la miraba embobado, y ella siempre estaba feliz. Jace siempre se presentaba al resto de las personas como alguien muy rudo y seguro de sí mismo, pero con Mina cambiaba, entonces veías a un Jace alegre y juguetón. Él amaba correr hacia ella para sorprenderla con un abrazo y un beso en la mejilla, le llevaba la mochila, sostenía su enorme pila de libros, y se quedaba viéndola estudiar en la biblioteca. Todos sabían que la persona que se metiera con ella, sea mujer u hombre, acabaría con una paliza, Jace ya se había encargado muchas veces de golpear a chicos que cometían el error de insinuársele a su novia. También sabían que Jace estaba más que enamorado de Mina, que él nunca veía a nadie de la forma en que la veía a ella, que nadie podía hacerlo sonreír de la forma en la que ella lo hacía, que ninguno podía hacer que él esté tranquilo, que nadie podía hacer lo que Mina lograba, pues él solo amaba a Mina. Theo también lo sabía, los había visto más de una vez juntos en los pasillos o a lo lejos yéndose a sus casas, era imposible no darse cuenta de que esos dos se amaban.
Algo que tampoco podía pasar desapercibido era el alto chico de mirada siniestra que siempre estaba con ellos, como si fuera un guardaespaldas. Al principio todo el alumnado pensaba en Edward como un tercero en discordia, alguien que por no tener más amigos tenía que estar ahí incordiando en los momentos de afecto de la feliz pareja. Tuvo que pasar algún tiempo para que todos se dieran cuenta de que era más bien la pareja la que no permitía a Edward irse. A pesar de que ellos dos eran pareja, se rehusaban a dejar de lado a quien fue siempre su mejor amigo. Lo incluían en citas, en la hora del almuerzo, cuando se regresaban a sus casas, y no perdieron su costumbre de los viernes de caer en la noche en la casa de Edward. No querían que nada cambiara, y de verdad nada cambió, solo que Jace y Mina ahora se besaban.
A Edward no le incomodaba para nada que sus mejores amigos estén enamorados, le alegraba verlos felices. A veces era incómodo tener que llegar a un restaurante donde Jace y Mina lo esperaban para celebrar su aniversario de tantos meses, pero fuera de eso le gustaba que a pesar de que ellos eran pareja, seguían siendo los mismos. Para él realmente nada había cambiado, solo que ahora los veía besarse y los viernes ya no salían juntos, salvo en la noche que ellos dos invadían su casa. El siempre los protegía, más de una vez se peleó junto a Jace contra otros chicos que insinuaban cosas horribles sobre Mina. Él siempre iba a velar por el bien de sus amigos, como cuando espantó a una chica que siempre se le insinuaba a Jace y como este nunca le hacía caso, comenzó a hablar pestes de Mina. Él siempre iba a ser su protector, amigo, confidente, el que le fuera a comprar las rosas a Jace porque a él le daba mucha vergüenza, el que hiciera las reservaciones en los restaurantes, el que acompañara a Mina a comprarse ropa bonita para salir con Jace, y el que siempre llevaba la fuente con las tres enormes copas de helado. Él siempre iba a estar ahí para ellos dos, y todos lo sabían, porque no había dos personas más importantes para él que ellos dos, y no había persona más importante para ellos dos que él.
Sabiendo todo esto, Theo se aventuró un día, interceptándola en su casillero tras su práctica de básquet, él ya sabía que ella siempre se quedaba un par de horas en la biblioteca haciendo su tarea. Sabía que tenía solo un par de minutos antes de que su novio apareciera y le quisiera moler a golpes. Así que respiró hondo y se le acercó con cautela, ella solo lo miró y le dedicó esa mirada de la que todos hablaban. De pronto sintió que toda la preocupación se esfumaba, y supo que por fin había encontrado su salvación. Mina aceptó ser su tutora de matemáticas.
Él siempre corría hacia la biblioteca para encontrarla, mirando a todos lados por si alguno de sus dos guardaespaldas venía, temía acabar golpeado como tantos otros. Siempre la encontraba en la misma mesa al fondo de la biblioteca, con un libro en manos haciendo anotaciones. La primera clase ella le preguntó si se sabía las formulas más básicas de geometría, él asintió, entonces le colocó un especie de examen delante.
- Haz estos ejercicios – le dijo – Te calificaré, así que procura esforzarte
Theo se quedó embobado por la sonrisa de la chica y luego asintió. Los sabía todos, era sencillo, algunos problemas de Pitágoras, áreas, circunferencia, problemas con ángulos. Le entregó la hoja a Mina y ella sacó un lapicero rojo que tenía escrito en la tapa “Jace Daniels”. La chica lo miró y sonrío.
- ¿Cómo lo hice?
Preguntó con algo de miedo.
- Excelente, tienes un diez y una cara feliz
La chica de quince años le entregó su hoja.
- Genial…
- Ahora haz estos… - le entregó otro examen – Mira la forma de esta figura… ¿A qué se parece?
- A estos dos…
Theo señaló su primer examen.
- Entonces… si X está aquí, en esta figura, pero te faltan estos datos… - lo mira - ¿Qué es lo que debes de hacer?
- Resolver este otro…
- Correcto, estrellita para ti – le pegó un sticker en la frente, ambos comenzaron a reír - ¿Cómo lo harás?
- Con este de aquí…
Señaló uno de los triángulos.
- ¿Estás seguro?
La chica lo miró de forma inquisitiva sin perder la sonrisa.
- No… - el chico la miró – Si es este el ángulo, entonces primero tengo que hacer esto… y luego resolverlo con esta formula
- Correcto – Mina sonrió – Ahora resuélvelo…
- Sí
Theo comenzó a resolver sus ejercicios, no era tonto, y ahora que tenía una buena guía, los resolvía con un poco más de facilidad. Le entregó el examen a Min y ésta de nuevo sacó su lapicero rojo. Se había equivocado en dos ejercicios, pero fuera de eso había sido un gran progreso. Terminó la hora y Min tomó sus cosas, corriendo hacia su casillero, excusándose por tener que irse tan rápido. Theo nunca olvidaría las palabras que le dijo esa tarde:
- Me voy, si Jace no me encuentra te matará
Cuando las recuerda se ríe, ella era consciente de que su novio era un celoso irreformable. Después de esa tarde le siguieron otras tantas, él siempre salía de la biblioteca con una estrella en la frente y sus notas comenzaron a subir. El día que le dijeron que podía permanecer en el equipo, él le llevó un regalo a Min para agradecerle, un brazalete simple con una filigrana hermosa, su madre lo había escogido. Ella lo aceptó gustosa y le pidió al chico que se lo colocara, había sido un error pedírselo. Las personas que estaban ahí comenzaron a esparcir el rumor de que Mina Peters engañaba a Jace Daniels con un chico del equipo de básquet.
Una tarde, en la que Jace se había quedado en la escuela para ver de qué se trataban los rumores, vio a su novia como tantos otros días caminar hacia la biblioteca. Él y Edward se quedaron como siempre en la entrada de la escuela bebiendo gaseosas, esperando a que pasara la hora para irse los tres juntos, sabían que Mina y sus tareas era algo que ella siempre tenía que hacer. Jace se excusó con Edward y le dijo que iría al baño. No lo hizo, caminó a la biblioteca y de cierta forma Edward ya sabía lo que su amigo planeaba. Jace caminó con paso decidido a la biblioteca, maquinando en su cabeza escenas donde golpeaba al imbécil que le estaba intentando robar a su novia. Llegó a la biblioteca, escuchando la voz del alumnado en su cabeza. Él siempre confiaba en Min, nunca ponía en tela de juicio su fidelidad, pero sabía que muchos chicos querían algo con ella. Él no pensaba que ella lo estuviera engañando, para él el rumor se trataba de otro imbécil que quería algo con ella. Entro en la biblioteca y caminó hacia la mesa donde su novia siempre se sentaba, y conforme se acercaba iba escuchando más risas y la voz de su novia pronunciando otro nombre.
- Mina…
La chica soltó su lapicero rojo y lo miró.
- Jace…
- ¿Por qué demoras tanto?
Miró a Theo, con que ese era el chico.
- Le estoy intentando enseñar a Theo derivados – le mostró el último examen del chico – Mira, sacó un nueve – la chica se veía muy alegre – Creo que soy buena profesora
- Mina… - Jace los miró con seriedad, sin embargo la chica no perdía la sonrisa - ¿Esto es lo que has estado haciendo todo el tiempo?
- Sí… - contestó con inocencia la chica – Deberías de unírtenos, te está empezando a ir mal en matemáticas
- No… - la atrajo hacia sí y la abrazo – Yo prefiero que me enseñen solo a mí, sin nadie más que Ed al lado…
- Eh… creo que mejor me voy…
Theo comenzó a tomar sus cosas.
- No… - Jace soltó a su novia – Terminen con su clase… - miro a Min y le dio un beso en la frente, esto hizo sonreír aún más a la chica – Te espero afuera
- De acuerdo…
- Si mi novia te está enseñando, pronto tendrás un diez…
Fue lo único que le dijo el chico antes de irse.
- Wow… - Theo se llevó una mano al pecho – Pensé que me iba a asesinar
- Yo también
Soltó Min y entonces ambos comenzaron a reír. Después de ese día, el par de amigos esperaba en la misma mesa a que la clase de Theo terminara, y al cabo de un tiempo ya no le resultó tan intimidante estar al lado de ese par de chicos con miradas asesinas. Ahí Theo lo supo, esos tres venían en el mismo paquete, y era uno que no podía ser penetrado. Más de una vez notó que ellos se hablaban a través de miradas y asentimientos, como si se leyeran la mente. Se conocían desde el jardín, así que era normal que supieran todo acerca del otro.
Fue un viernes, uno en particular pues los tres amigos habían decidido ir al parque de diversiones. Theo y Mina estaban teniendo su habitual clase de matemáticas, ahora todo parecía más fácil para él, y sus notas seguían aumentando, había dejado de ser un chico de seis y ahora era un chico de ocho. Mina estaba a la mitad de la explicación de un ejercicio de algebra cuando el par de amigos entró y levantaron de los brazos a Theo. Este los miró con miedo, sabía que no había hecho o dicho algo que pudiera enojarlos. Los tres amigos lo miraron y luego Mina sonrió.
- ¿Quieres ir con nosotros al parque de diversiones?
Preguntó Jace con desinterés.
- Eh… ¿Yo…?
- No, el raro que está ahí
Ed señaló al chico que estaba durmiendo en la otra mesa, con los cabellos cubriéndole los ojos.
- Eh… está bien…
Aceptó Theo.
- ¡Eh…! – Jace se le acercó al otro chico - ¡Eh! ¡Despierta! ¡La biblioteca no es hotel!
- ¿Eh…?
El chico despertó y se limpió la baba, Jace puso cara de fastidio.
- ¿Cómo te llamas?
- Devon…
Contestó el chico.
- Párate…
- ¿Para qué?
- Irás con nosotros al parque de diversiones…
El chico se levantó los cabellos y dejó al descubierto sus pequeños ojos.
- ¿En serio…? ¿Me lo estás pidiendo a mí?
- Sí, ya, levántate
Jace alzó al chico y luego siguió caminando.
- ¿Lo conocen?
Preguntó Theo a Edward y Min.
- No
Contestó ella, sosteniendo sus libros y viendo como Devon se acomodaba la ropa.
- Pero hay que aprovechar el momento de bondad de Jace
Agregó Edward, tomando la mochila de Min y caminando fuera de la biblioteca. Ninguno lo supo en ese momento, pero ese día, tres antisociales, un chico popular y un completo perdedor, se unieron.
Theo se paseaba por la ciudad, a sus diecinueve años no había muchas cosas que le hicieran sentir emoción alguna, se había apagado, y es que lo que faltaba era dos de sus mejores amigos, pero sobre todo esa cándida mirada que los mantenía a todos unidos. Caminó por la ciudad, viendo los escaparates de las tiendas. Cuando los rumores comenzaron él no los podía creer. Ya había ocurrido antes, inventaban cosas descabelladas sobre Mina, pero esto era distinto, era sobre ella y Edward, el mejor amigo de Jace, traicionándolo. Era algo imposible, él mismo lo había dicho, se lo había dicho miles de veces, que era imposible, que no debía de escuchar las habladurías. Nada lo preparó para aquel día en el que los rumores se hicieron verdad. Fue esa amistad incondicional, casi mágica, la que hacía que Theo siempre estuviera con ese disparejo grupo de amigos. Se respiraba unión y lealtad. La confianza entre esos tres individuos tan desiguales, esa historia de los tres amigos desde la cuna, era algo que en verdad merecía prestar atención. Pero todo se derrumbó. Cuando el primer golpe fue lanzado Theo supo que ya no iba a haber marcha atrás. No pudo creerlo, los primeros segundos sus ojos se negaban a creer lo que veían, pero ahí estaban, tal como esas chicas dijeron. Ellos dos habían destruido aquel círculo que lo hacía sentir seguro y emocionado. Toda aquella feliz armonía se arruinó y solo había una culpable: Mina Peters.
Comenzó a correr, se sabía la dirección de memoria. No quería verla realmente, sentía que si lo hacía le diría todas aquellas cosas que guardaba en su interior. Los odiaba, a ambos, porque habían arruinado una de las cosas que lo hacían más feliz. Los odiaba, porque el vacío dejado era muy notorio. Los odiaba porque habían destruido a Jace. Theo y Devon se lo llevaron aquel día, recibiendo golpes por parte de su amigo, pero lo comprendían, estaba histérico, estaba decepcionado, tenía el corazón roto. Dos personas que él amó lo acababan de traicionar. Theo odiaba a Mina y a Edward por haber traicionado de esa forma a Jace. Tocó el timbre y esperó.
- ¿Qué haces aquí?
Preguntó una voz, era Edward.
- Tenemos que hablar
- ¿Hablar qué? – preguntó con una ceja alzada – Pensé que ya estaba todo dicho
- ¡Espera! – Theo lo miró fijamente, evitando que cierre la puerta – Jace está…
- Él ya no es nuestro problema…
- ¿Cómo puedes decir eso? – Theo lo miró con indignación - ¡Era tu mejor amigo!
- No espero que lo entiendas – Edward lo miró con seriedad – Pero así se dieron las cosas lastimosamente
- ¿Cómo pudieron?
- Vete Theodore
- Bien… me iré… - retrocedió unos pasos – Pero quedará en la conciencia de ambos todo lo que le hicieron a Jace
- Nosotros no le hicimos nada, si se lanzó al abandono es su problema
- Edward…
Ambos chicos se detuvieron, era Mina.
- Min…
- Theo por favor vete…
Le pidió y el chico asintió.
- Bien… me iré…
- ¡Espera!
Min le tomó del brazo, el chico se detuvo.
- Cómo… ¿Cómo está él?
- ¿Cómo crees Mina…?