"No importa lo que pase, no importa lo que te hagan, solo cierra los ojos y finge que te gusta".
No, no puedo hacer eso, no quiero hacer eso, este hombre puede ser quien él quiera, pero yo no quiero esto para mí, así que intentaré que lo comprenda.
- Hola, me llamo Taylor, yo... - Intento decir algo pero el me corta.
- Cállate, no te pedí que hablaras.
Que frialdad más grande, nunca había sentido tanto temor por alguien, aunque ahora que lo veo caminar siento que el miedo que me provoca no es nada comparado a cuanto dolor debe tener y no sólo hablo de su pierna, también de su corazón, esa herida le debe recordar cada día el dolor de haber perdido a su amada.
- Ven, siéntate. - Me dice y palmea el asiento a su lado.
- Mira, te voy a decir una cosa - Digo mientras estoy paseando por esta gran habitación en la que se encuentra una cama con edredón n***o y dosel en madera mientras los otros muebles se ven en café y n***o, es una habitación tan fría como él. - No soy una prostituta y no quiero que me toquen, ni tu ni tus hermanos.
Él se para y camina con su bastón hasta mi mientras me mira con algo parecido al asco.
- ¿Entonces porque te ves como una? - Desgraciado pedante.
- Porque Agatha así lo pidió. - Me burlo.
- A todas les gusta verse arregladas.
- Te equivocas. No me gusta el maquillaje, odio estos tacones y esta ropa es lo peor que hay, no quiero estar aquí más que tú y sin embargo, tengo que venir a tener mi primera vez con alguien a quien ni siquiera le importa.
- ¿Quien dijo que te quiero tocar? - Oh, eso no me lo esperaba.
- ¿Porqué estoy aquí entonces? - Pregunto confundida.
- Porque mis hermanos se quejan demasiado. Yo en tu lugar agradecería que soy yo y no uno de ellos. No estoy interesado en ti.
- Gracias... Creo. - Ouch.
- Ahora, desordena un poco tu ropa, cabello y maquillaje y finge que ya estuviste conmigo.
- Pero... Tengo un sólo problema - Agacho la cabeza y recuerdo que si no es con él, será con alguno de sus hermanos y prefiero que sea algo un poco gentil a que sea bruto y sádico como ellos.
- Habla rápido. - Se gira y se sienta en el sofá, con su teléfono en las manos y tecleando mientras me habla. No me mira para nada.
- Que si no es ahora contigo, será mañana con alguno de tus hermanos y no quiero eso.
- Más que esto yo no puedo hacer.
- Podemos hacer un trato - Le ofrezco rápidamente.
- ¿Que querría yo de ti?
- Es que... No quiero tener mi primera vez con Flavio o Alessandro, en ese caso, preferiría que fuese contigo y si tú me ayudas a que ellos no me toquen, yo sólo estaré contigo. - Esto tendrá que pasar si o si, que sea con alguien que no está interesado en mi sería mucho mejor a que me toque con un cerdo como esos dos.
- Yo no toco a nadie. No me interesa. - Su mirada lo dice todo, es cierto.
- Entonces ¿puedes ayudarme a que ellos tampoco me toquen? - Esta es mi oportunidad y la voy a aprovechar.
Pido mientras corro hacia donde está, me hinco delante de él que sigue concentrado en el teléfono y no me mira, pero coloco una mano en su pierna cuando pierdo el equilibrio y el levanta la cabeza sorprendido.
- ¡Jamás me toques! - Su rostro de odio es casi una advertencia de muerte.
- Lo siento, lo siento, te pido me disculpes.
Rápidamente me paro y le pido disculpas, no quiero morir tan joven.
- Está bien, pero no te vuelvas a acercar a mi.
- Lo prometo, pero por favor ayúdame.
- No puedo prometer eso, quizá les diga que eres mi chica y que no tienen permiso de tocarte, pero eso no durará por siempre.
- No importa por cuánto tiempo sea, te lo agradezco. - Me agacho y junto mis manos para que me mire.
- Tendrás que venir más de una vez o será sospechoso. Verás tu qué haces con eso. Y te lo advierto, nadie puede saber esto.
- Gracias, muchas gracias.
Me paro feliz y muevo mis manos de alegría.
- Te estoy viendo. - Refunfuña.
- Gracias. - Digo y sin pensarlo, me acerco a él y beso su mejilla, mierda, no debí hacer eso.
- Lo siento... Perdón. - Él me mira enojado y con asco. Idiota.
- Sólo vete. Recuerda, debes verte desordenada o no será creíble.
- Gracias Dante. - Vuelvo a repetir y el levanta la mirada para observarme.
- Sr. Ferreri para ti. - Dice molesto, pero yo tengo muy buen humor ahora.
- Muy bien, Dante. - Vuelvo a decir, yo no aprendo.
Corro hacia la entrada mientras sonrío y me rasgo un poco la ropa, desordeno mi cabello, me quito los zapatos y paso las manos por mi maquillaje mientras intento llorar un poco. Espero un rato a que pase un poco el tiempo.
Cuando salgo, uno de los Ferreri me observa y sonríe, es un maldito.
- ¿Ahora me toca a mi? - Me toma el rostro en sus manos asquerosas.
- Suelteme por favor, tengo que bajar.
- Te vienes conmigo ahora.
Me jala del brazo hasta él y yo quiero salir corriendo por lo que pongo mi mano en su pecho y lo alejo.
- No tienes derecho de negarte, ya tuviste tu primera vez, desde hoy serás mi perra personal.
Me habla y pasa su lengua por mi cara, es un ser repugnante. Siento miedo, de verdad siento miedo.
- ¡Suéltame! ¡Eres un cerdo! - Le grito mientras me muevo para que me suelte pero sólo consigo que me abofetee.
El impacto se escucha en todo el pasillo, cubro mi cara con mi mano y desvío la mirada, ya debería estar tan acostumbrada a los golpes, pero aún me duelen.
- No me vuelvas a faltar el respeto o serás comida para los peces, maldita zorra. - Dice en mi oído.
- ¡Flavio! - Esa es la voz de Dante, gracias a Dios. Está parado afuera de la habitación o salón de torturas, ya no sé, lo acompaña su bastón, pero mis ojos están fijos en él quién mira mi cara hinchada ladeando la cabeza.
- Te necesito ahora, ve por Alessandro y los espero en el despacho... - Se gira y siento que este puede ser mi fin porque Flavio me volverá a acosar, pero entonces vuelve a hablar. - Suelta a Taylor, la chica es mía.
Entra a la habitación y un silencio sepulcral acompaña el pasillo que hace un minuto era un bullicio, la voz mortal de Dante lo ha llenado todo, yo aprovecho mi buena suerte y me sacudo de la mano de Flavio para correr escaleras abajo.
Cuando llego a los dormitorios, las chicas me miran y si bien, venía corriendo alegre, ahora tengo cara de funeral, ellas no pueden saber que no lo hicimos, lo prometí.
- ¿Que sucedió? - Las tres preguntan consternadas.
- ¿Que esperaban que pasara? - Pregunto casi llorando pero mi tristeza se debe a la bofetada de Flavio que me trajo tantos recuerdos de infancia.
- Lo siento, cariño, pero así son los Ferreri, no creí que Dante te llegara a golpear, es un imbécil igual a sus hermanos y yo que lo creí diferente. - Esa es Polly.
- Es verdad, se veía más sensato. - Nino hablando y mirándome.
- Ven acá pequeña - Es Sandy quien me toma la mano y comienza a limpiar mi rostro con un paño húmedo.
- Estoy bien, fue sólo un golpe y no fue Dante. - Todas mi miran con sorpresa.
- ¿Entonces? - Es Sandy quien pregunta.
- Fue Flavio. Estaba afuera de la habitación y me quería obligar a ir con él. Cómo intenté resistirme, él me golpeó.
- ¡Maldito canalla! - Polly y Nino me miran con tristeza.
- Insisto, estoy bien, Dante lo llamó y dejó de molestarme.
- ¿Cómo fue Dante entonces?
¿Cómo fue? Fue calmado, fue tratable, pude pedirle ayuda y me trató bien, pudo haberme hecho muchas cosas pero por el contrario, me dijo que no estaba interesado en tocarme, Dante fue como una tabla de salvación en un naufragio, pero no puedo decirle eso a las chicas.
- Fue bueno conmigo, no me trató mal si a eso se refieren.
- ¿Y su pierna no le impidió...? - Es Polly quien lo pregunta y me molesta que lo haga.
- Dante es una persona normal, común y corriente, no tiene ningún problema físico si a eso se refieren y si tuviera la oportunidad de volver a repetir este momento con él, lo haría sin pensarlo.
Digo molesta y me paro caminando hacia el patio, cuando estoy afuera y tomo aire, miro curiosa hacia la ventana de la habitación en la que estaba con él.
Por supuesto que lo haría de nuevo, no me hizo nada, pero ha sido la única persona que me ha mostrado amabilidad después de las chicas, le debo mucho.
De pronto, un par de habitaciones hacia la derecha, me encuentro con su mirada, esos fríos ojos grises están sobre los míos y por primera vez, siento que me gusta que alguien me mire.