Alexia entró a la casa secando sus lágrimas con el puño de su camisa, su corazón estaba roto, su alma una vez más se había desvanecido por completo y solo en su pecho había lugar para el dolor y la soledad. Entonces la voz de John retumbó en sus oídos haciendo estremecer todo su cuerpo y contuvo la respiración. — Cariño, no llores por ese inútil, él no merece tus lágrimas —dijo y bebió un poco más de vino desde la gran mesa del comedor. Ella se detuvo en seco, estaba enfurecida, toda su vida vivió engañada y siendo manipulada por ese hombre pero no podía hacer nada solo gritar y maldecir cuánto lo odiaba. — Tú, tú eres un ser despreciable, un maldito, un … — Cuida tus palabras… no digas nada de lo que te puedas arrepentir, recuerda nuestro acuerdo —la interrumpió con una sonrisa sarcás

