Dylan. En un sueño profundo quede. Al día siguiente, el estado de ebriedad no me dejaba pensar. Todo era confuso. Me levanté de mal humor, me arregle y bajé por una aspirina a la cocina. Camine por el pasillo, baje las escaleras y lo vi, ahí parado con su carita bonita. —Buenos días, señor.—dice Adam. Apenas me ve. No le dije nada, solo asentí con la cabeza. Y va a seguir mi camino hacia la cocina, cuando me percaté que Cristina no estaba. —Adam ¿Y Cristina?—me detuve, y pregunté. —Está en el establo, señor ¿Quiere que la busque?—preguntó Adam. ¿Qué? idiota para que la quiere buscar para seguir sonriéndole. No. No permitiré eso. Ya no quiero ver a Adam ni un minuto cerca de Cristina. —Descuide Adam. No es necesario, yo mismo lo haré.—respondí frío y frunciendo el ceño. Con el pijam

