El beso terminó, pero ninguno de los dos se apartó de inmediato. Había algo más que decir, algo que flotaba entre nosotros y que no encontraba salida. Nathaniel apoyó la frente contra la mía un instante, respirando profundo, antes de separarse con cuidado. Sus ojos buscaban los míos, pero no había sonrisa ni alivio total. Solo un peso que no desaparecía. —Necesito dormir un poco —murmuró finalmente. Su voz era baja, cargada de todo lo que no podía decir. Asentí, aunque no quería moverse. Lo vi acomodarse bajo las sábanas y cerrar los ojos, pero su respiración, aunque profunda, no parecía relajada. La tensión seguía allí, pegajosa, como si la lluvia de anoche aún se colara en la habitación. Me quedé despierta mucho tiempo después, escuchando su respiración, sintiendo la mezcla de deseo,

