La tarde avanzaba despacio, pero dentro de mí todo parecía ir demasiado rápido. Orión estaba frente a mí, con esa calma que siempre traía, como si nada pudiera afectarlo, como si supiera cuándo hablar y cuándo callar. —No quiero que esto sea incómodo para ti —dijo, rompiendo el silencio con suavidad—. Lo último que quisiera es que el piense algo que no es. Su tono era sincero, sin defensas, sin doble intención. Eso, más que tranquilizarme, me revolvió por dentro. —No lo es —respondí, girando la taza de café entre mis manos—. Solo… hay muchas cosas pasando al mismo tiempo. Orión asintió despacio, con esa expresión que parecía entender más de lo que yo decía. —Mira… —empezó, con cuidado—. Si en algún momento sientes que mi presencia complica las cosas, dímelo. No quiero que te cause pro

